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Publicado el miércoles 30 de abril de 2008
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Monitor de Latinoamérica

Telefónica encaja la sacudida de las telecos de Lula

A.Z.– Con tal de extender la bandera brasileña y promover una macro operadora nacional, no se ha resistido a la tentación de dar un sacudón al mercado para erosionar la hegemonía de las operadoras multinacionales, con Telefónica y América Móvil en cabeza. El cambio de regulación no será tan fácil. Pueden pasar aún seis meses antes de que la Anatel despeje los últimos detalles de la reforma legal, pero ahora que ya es una realidad la fusión de Oi-la mayor empresa de telefonía fija por abonados e ingresos, Lula tiende la alfombra roja al terremoto de las telecos. La competencia aprieta y el mercado ha comenzado a reacomodar sus costuras.

Pero tras el seísmo, ahora que Alierta ha reforzado su apuesta personal e institucional en Brasil con bazas como la de Luiz Fernando Furlán, a Telefónica el nuevo horizonte la encontrará mejor posicionada que la compañía de Slim. Mejor, incluso que la empresa resultante, con una cuota de mercado fijo al menos similar a la de la fusionada Oi-Telecom Brasil, con la hegemonía en el mercado móvil y con el refuerzo de sus ventajas competitivas: la apuesta firme por el 3G y la suma de Telmig, así como la convergencia de los servicios fijo-móvil. La compañía  hará valer sus ventajas en banda ancha, donde cabalga cabeza con cabeza con Oi, con la que compartirá la reciente concesión para dotar a todas las escuelas públicas. Además, la integración de la antigua Telemar llega abriendo la puerta a otras fusiones y puede terminar por favorecer, a la larga, a la operadora española, en la piel de sus participadas Vivo y Tim. Si no quiere arriesgarse a caer en el terreno de las discriminaciones, después de las limitaciones que la Anatel impuso al desembarco de Telefónica en Telecom Italia, el Ejecutivo brasileño se vería obligado a estudiar también una operación que para la operadora que preside César Alierta sería la luz verde para la hegemonía a ritmo de samba y con un doble tentáculo de poder.

Todo queda en casa. Lula quiere más y sus ínfulas hegemonistas pasan, como no podía ser menos, por una gran teleco nacional, a la que el gobierno está dispuesto a despejarle los obstáculos legales, e incluso a tenderle capital público -aunque claro, no quiere cerrar la puerta a inversores privados para que lleven el peso- y a acariciar la posibilidad de una acción de oro. El brasileño tiene la última palabra y ya ha cantado su beneplácito. Modificará el Plan General de Concesiones, que data de la década de 1990, cuando el negocio de las telecomunicaciones fue privatizado con la fragmentación del sistema Telebras y la distribución del servicio entre empresas regionales.

El Palacio de Planalto está dispuesto a romper el puzzle de las telecomunicaciones, haciendo de comadrona y hasta patrocinadora de un nuevo gigante de sangre local, que competirá por un mercado de 186 millones de habitantes con la compañía de Alierta y Embratel, hasta ahora las reinas tanto en fijo como en móvil. Oi pagará 3.500 millones de dólares por el control del tercer mayor operador de línea fija y tendrá que recomponer la figura de una compañía en caída libre, cuyas ganancias del cuarto trimestre de 2007 cayeron a 205,6 millones de reales (115,4 millones de dólares), desde los 267,8 millones de reales del mismo período del 2006 y que ha visto en el último año cómo sus suscripciones de líneas fijas bajaron de 10,3 millones a 8,03 millones. Pero ese peaje y la fagocitación de Brasil Telecom (con sus más de ocho millones de usuarios de redes fijas y cuatro millones de móviles) le permitirán al nuevo 'campeón nacional' hacerse con el control del 17% del creciente mercado celular y hasta dos tercios de todas las líneas fijas, e incluso atreverse a soñar con convertirse en una potencia de las telecomunicaciones regionales si suma 30 millones de clientes  en cinco años.

 La nueva empresa pasará a dominar el 29,6% del negocio de banda ancha y TV por suscripción, pero la compañía de Alierta mantiene su posición hegemónica en el mercado de los móviles: dispone de un 29,9% para Vivo (la filial para telefonía móvil del grupo español y Portugal Telecom) y un 12,1% para TIM -la filial local de Telecom Italia participada también por Telefónica- mientras que el grupo Embratel/Claro, del mexicano Carlos Slim a través de Telmex, quedaría con el 20,1% restante. En todo el estado de Sao Paulo, además, Telefónica arrasa en telefonía fija con el control de Telesp.

El tercero de los pilares del trípode internacional de las ambiciones de la compañía- junto con China e Italia- está cada día más despejado, tras el visto bueno de Anatel al desembarco en Telecom Italia, las recientes concesiones en 3G, la luz verde a Telemig Celular y Amazonia Celular y la licitación de ocho lotes de frecuencias en varias regiones. Y Alierta, cada día más decidido a apostar por él. Desde su llegada hace diez años la compañía ha invertido más de 31.000 millones de dólares en el país carioca y, con la voluntad de hacer de Brasil un referente en telecomunicaciones, invertirá en los próximos  años 7.000 millones de dólares más (4.800 millones de euros).

Sus fortalezas en telefonía móvil, ADSL y cable, televisión y servicios integrados han favorecido que la española adelante en muchos mercados regionales al grupo de Slim.  Brasil es uno de ellos. Con más de 102 millones de clientes en potencia, el mercado carioca se ha convertido en uno de los más prometedores para la compañía, que contaba al cierre de 2007 con cerca de 49 millones de accesos en tierras cariocas, un 9,5% más que a diciembre de 2006 gracias al crecimiento registrado en el parque de Vivo (+15,2% interanual), a la expansión de la banda ancha de Telesp y la incorporación de los clientes de televisión de pago MMDS de TVA.

Telefónica ha consolidado su hegemonía en el emergente mercado móvil con el liderazgo de Vivo en una mano y Tim en la otra, seguidas sólo de lejos por Claro (24,78%) y Oi (13,78%). Y  es, desde hace quince días, un poco más líder en el sector. Vivo ha cerrado el acuerdo para hacerse con el control de Telemig, la operadora celular del Estado de Minas Gerais, por 429 millones de euros, una incorporación que le permite ampliar su presencia a casi todo Brasil, a las zonas donde se concentra el máximo de población; agrandar la distancia con América Móvil y Telecom con un salto de casi cuatro millones de clientes y elevar su parque total de usuarios celulares por encima de los 37,4 millones. La adquisición llega justo cuando Vivo  ha conseguido por primera vez cobertura nacional, ha puesto fin a la tendencia bajista en clientes y ha comenzado a ganar posiciones gracias al despliegue de una nueva red de GSM. El cambio también ha tenido efectos en la cuenta de resultados de la operadora, que, a punto de desplegar las redes de telefonía móvil de tercera generación para las que ya tiene licencia y de lanzar los primeros servicios de internet celular, tiene previsto invertir este año 2.300 millones de euros, un desembolso es tres veces superior al realizado en 2007.

La apuesta por la tecnología 3G busca captar nuevos usuarios en un terreno muy fértil: Telefónica se ha hecho en diciembre con el primero y quinto de los bloques de la licitación de frecuencias en Brasil, un terreno muy fértil para captar nuevos usuarios en un país con 113 millones de celulares, pero sólo 6.5 millones de abonados a servicios de banda ancha.  Además, la compañía que preside Alierta ingresó al mercado de la televisión de pago en 2007 y puso otro pie en el mercado de la televisión de paga mediante la compra de DTHI (una señal satelital). Con eso, Telefónica comenzó a ofrecer ‘triple play' desde agosto pasado.  El ‘cuadruple play', la posibilidad  a través un paquete combinado de servicios de telefonía fija y móvil, conexíón de banda ancha a Internet y televisión de pago, comenzará este año a convertirse en realidad en América Latina. a través de Movistar. Brasil será uno de sus primeros destinos.

 
PEMEX, de la crisálida al escaparate de la debilidad

La mesa está servida en el Senado mexicano, la reforma energética y la metamorfosis de Petróleos de México está cocinada por el Ejecutivo y lista para ser saboreada con la connivencia del PRI, pero los signos vitales del buque insignia del oro negro mexicano hace meses que desfallecen y si López Obrador, su llamada a la rebelión popular y la oleada de boicot con la que aliña la tormenta política no lo remedian, el banquete de PEMEX puede pasarse. Entre tanto, ni la crisálida de su metamorfosis y la tormenta política de su reforma ocultan que lo de Petróleos de México es la viva estampa de la hidalguía venida a menos. No va más por el mismo camino sin una reforma, el monopolio petrolero estatal Pemex continuará perdiendo 100.000 millones de pesos (9.434 millones de dólares) por año.

A fuerza de cargar sobre sus hombros el peso del 40% de las arcas públicas, comienza a tener el mástil retorcido y más de un agujero, que afean a la compañía de bandera e impiden que ondee incluso de puertas para afuera. Paquidermo con sus arterias escleróticas, presenta una de las crisis de operación más severas de su historia. Ya ni siquiera puede sostener las formas con el vecino del norte. Por primera vez, debido a la escasez de producción, se ha visto obligado a recortar las exportaciones de crudo a EEUU en 184.000 barriles diarios. Y, si la situación no mejora y la petrolera no consuma su metamorfosis, se verá impelida  a restringir dos años más el grifo de sus ventas al vecino del norte. El programa original de exportaciones de crudo para 2008 tenía previsto colocar en el mercado internacional unos 1.678.000 barriles diarios en promedio durante todo el año, pero al cierre del primer trimestre el volumen de ventas alcanzó un 1.499.000 barriles, 179.000 barriles menos.


Intenta vivir de la inercia de las viejas glorias, pero los blasones no son suficientes. El diagnóstico no es novedoso, la urgencia sí. Obligada a dar la espalda a Estados Unidos, PEMEX es un paquidermo con las entrañas podridas, que se esfuerza en caminar por el alambre, llamado a mantener sus apariencias, lastrado por su pasivo laboral y condenado a sostener, a sus espaldas, el monstruoso aparato fiscal mexicano. La producción ha descendido en los últimos meses y la pirueta se torna imposible. Pemex, que aporta el 40% de los ingresos fiscales del país, cerró el 2007 con  una caída de 5,3% de su producción en relación  con el 2006 y arrastró a México del sexto al séptimo lugar entre los exportadores de crudo. Sólo los precios del oro negro salvarán las ‘joyas’ del hidalgo añejo en que se ha convertido PEMEX: al término del primer trimestre de 2008, la renta petrolera generada por la compañía se elevó un 60,9% sobre la obtenida en el mismo periodo del año pasado, hasta alcanzar unos 19 mil 205 millones de dólares. Alimento para las arcas del estado, que han dedicado al pago de impuestos, derechos y aprovechamientos un 98,4 % de la producción del buque insignia de la economía mexicana. Pemex, la petrolera más rentable del mundo, sólo superada por un pequeño margen por el gigante estadunidense Exxon Mobil, quedó finalmente con un rendimiento neto, después del pago de impuestos, de sólo 3. 300 millones de pesos (unos 310 millones de dólares) para solventar sus gastos de operación e inversión; menos del 2% de la renta obtenida.

erá ahora o nunca para el Palacio de los Pinos si quiere salvar a PEMEX de la esquizofrenia petrolera mexicana: la buena noticia es que hay petróleo; la mala es que la mayoría está a más de 9.000 metros de profundidad. Ya hace más de seis meses que la Confederación de Cámaras Industriales le ha puesto fecha a las fronteras de la hidalguía energética mexicana: sin reforma energética, ni inversiones en exploración, perforación y extracción de hidrocarburos, a las reservas mexicanas no les quedan más de nueve años antes de la extinción.

México afina sus armas de seducción para que las multinacionales les alquilen su músculo y experiencia, aun sin una oferta concreta de ganancias, pero el canto de sirenas confunde aún a las petroleras, que tienen a la vista la experiencia agridulce de los contratos de servicios de los campos de gas y l hecho de que obtendrían a cambio sólo una cuota base, pero sin ninguna participación en las reservas que encuentren. Eso será si las huestes del PRD y los arrebatos de López Obrador, no envenenan la receta de la metamorfosis de la petrolera mexicana y la convierten en un plato amargo imposible de digerir en el Congreso. Siempre que el círculo vicioso del juego político, la cerrazón perredeísta y sus esfuerzos por seguir haciendo de Pemex una bandera del patriotismo no la condenan a perpetuar ese anquilosamiento en los prejuicios de su hidalguía charra.