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Publicado el martes 13 de mayo de 2008
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Correa hace las ‘europas’ con su particular yenka a golpe de desplante

No se resiste al tic del driblaje y le ha impuesto a la CEOE y a las seis multinacionales españolas con las que prometió reunirse en Madrid la misma yenka del plantón con la que intenta hacer bailar a Telefónica y Repsol YPF desde hace meses. Nada por aquí y nada por allá. Con la ira a flor de piel y la dignidad manchada por los azotes bogotanos, pero novio de la incertidumbre que ya le ha costado a la petrolera que preside Brufau una rebaja de las previsiones de sus reservas en el país andino -de 59.000 barriles diarios a 53.000-  Correa escenifica una gira europea destinada a lavar su imagen de las manchas de las FARC  y las acusaciones mundiales con el ‘detergente' de la diplomacia, pero sobre todo con el ‘suavizante' de las remesas de los inmigrantes y las inversiones de las empresas belgas, francesas y españolas. 

La retórica bolivariana quiere darse cuerda a golpe de euros. Los necesita tanto como los espanta. Si durante la visita de Fernández de la Vega Correa quiso azotar a Movistar y compañía con aquel "que se preparen", ahora la renovación de la concesión de Telefónica era el peaje para su travesía en un país con medio millón de inmigrantes ecuatorianos, en el que esperaba hacer amigos menos peligrosos que Uribe y Chávez y extender la alfombra roja a inversiones que aguanten el efecto disuasorio de sus arremetidas y de la nueva Carta Magna. Ansioso por convertirse en el abanderado de un Acuerdo  de Asociación de la UE en 2009 con la CAN, coquetea con lo que otrora fustigó. Se lleva el aval de la Moncloa y la foto en la Zarzuela. Pero no se ha resistido al zapateado del susto a domicilio y a torear a los empresarios españoles.

El estandarte de su reconciliación tiene más de un desconchón. No lo tendrá tan fácil. Con la vista puesta en Quito, la Paz y Caracas, Sebastián busca el paraguas de la UE para frenar el acoso y las renacionalizaciones de empresas españolas y europeas. Acudirá bajo ese palio a la V Cumbre UE- América Latina y el Caribe de esta semana en Lima. Una Cumbre en la que pueden comenzar a concretarse algunas de las pescas del anfitrión  Perú- donde los españoles invertirán 2.000 millones de euros- y de los vecinos en los naufragios bolivarianos. Las empresas españolas, con Repsol en cabeza, buscan reforzar sus ‘planes B' para minimizar, en otras tierras, el efecto de los arrebatos del Palacio de Carondelet: la más importante petrolera privada de Latinoamérica en activos, reforzada tras la argentinización de YPF y el fortalecimiento de sus reservas en Brasil, plantea la ampliación del contrato en Ecuador hasta el 2018, siempre que la operación sea viable, y ha ofrecido una inversión de 300 millones de dólares en los tres próximos años. Pero planea trasladar su sede andina de Quito a Lima- donde Santander estudia también abrir oficina- y se centra ahora en un proyecto en Perú, que licuará 4.45 millones de toneladas anuales de gas proveniente de Camisea y venderá todo el gas resultante de GNL a Repsol para su exportación.

Pasea por Europa su honorabilidad herida. Prometía presentar con varios de sus ministros el paquete de los encantos que la energía, las telecomunicaciones y los servicios tienen para los inversores españoles, pero Correa sigue caminando por la cuerda floja de la negociación. No quiere quedarse atrás en el deporte del tiro con amenaza a las multinacionales. Es más que una dulce tentación, toda una estrategia. Primero sacude, luego denuncia. Todo para negociar un juego con nuevas reglas y en una cancha rediseñada a su medida. El presidente ecuatoriano lo ha ejecutado a dos manos: con las petroleras (Repsol YPF incluida) y con las operadoras de móvil. A las segundas les ha cambiado las condiciones legales,  ha reducido sus beneficios y sus derechos. Todo como aperitivo a la renovación de las concesiones de Telefónica y América Móvil.

Lo del presidente Rafael Correa comienza a ser un "sinvivir". Una provocación. Su caja de las sorpresas para las multinacionales que siguen en el país continúa echando humo.Ahora, señor de la tierra de nunca jamás, Correa busca ahora obligar a Repsol, Andes Petroleum, Petrobras, Perenco y City Oriente a seguirlo en la conga de su viaje a ninguna parte, abrazadas sin condiciones a su cintura y amarradas al destino incierto de la Constitución ecuatoriana. Se ha tomado a pecho la militarización de su gigante Petroecuador. Tanto como para bailar la "yenka energética", con manu militari. Un paso adelante y dos atrás. Y vuelta a comenzar.

A las petroleras les ha acusado en más de una ocasión no sólo de ineficacia, sino de corrupción y otros delitos fiscales. Y señala a las multinacionales como responsables -mediante el soborno- del naufragio de Petroecuador bajo el mando de la Marina ecuatoriana. Por si las dudas, el mandatario dice alto y claro que, si no reactivan sus inversiones, los campos que explotan serán transferidos a otras empresas. Quito busca cambiar los contratos de participación vigentes por contratos de prestación de servicios, en los que el Estado sólo paga por la extracción de crudo y el pago de servicios al Gobierno será en efectivo y no en crudo, como proponen las empresas. Ya puestos a pedir, Correa y su almirante petrolero esperan alrededor de 1.000 millones de dólares de inversión privada en el sector petrolero para los próximos tres años, que se sumarían a los 2.000 millones de dólares que el Gobierno aprobó para este año como parte del presupuesto de Petroecuador, que en los últimos diez años ha invertido 967 millones, menos de la cuarta parte de los 4.600 millones aportados por las multinacionales, a pesar de que en las manos de la estatal están el 80% de las reservas.

Le bastó que Antonio Brufau revalidara una vez más su voluntad de mantener a Repsol en Bolivia y en Ecuador, de continuar una historia imbricada con la de la economía latinoamericana y de irse sólo de los países donde "la legislación sea muy gravosa o bien el entorno de estabilidad no sea razonable para una compañía que opera a largo plazo", para que el discípulo de las artes bolivarianas, Rafael Correa, se animara a dejar en papel mojado cuatro meses de negociaciones y los preacuerdos a punto de firma con las seis petroleras internacionales que operan en tierras ecuatorianas y a entonar, ora vez, su "ni si, ni no, sino todo lo contrario".  Rey del despiste; se dribla a sí mismo y a su propio Gobierno. Para el juego, se lleva la pelota y sale corriendo, sin contarle a nadie cuándo ni cómo sigue el partido. A pesar de que ha conseguido llevar al redil de sus deseos a las multinacionales de los hidrocarburos, hacerlas pasar por el aro del 99% de carga impositiva sobre ingresos extraordinarios, aceptar la recuperación estatal del 70% de las rentas petroleras (ahora tiene el 29%) y sus decretazos, Correa no acaba de encontrar el techo a sus deseos. Influido por el viceministro de Hidrocarburos de Venezuela, se ha deslizado a un contrato provisional, un modelo único que sirva para migrar, después de una transición de seis meses, a un contrato de prestación de servicios, donde el Estado es dueño del crudo y reconoce los costos de explotación a las compañías. Y unas condiciones diferentes a las que su propio Gobierno negociaba.

Tras tratar de obligarles en abril a golpe de decretazo a entregar los ingresos extraordinarios del petróleo,  tendrá ahora que responder ante el CIADI o los tribunales internacionales por haber intentado cobrar esos excedentes. Repsol, por si acaso, ya se lo ha advertido: no tiene intenciones de retirarse de Ecuador. En peores plazas ha toreado. La estadounidense-panameña City Oriente no atesora tanta paciencia, ni tanta cintura. Busca ya la puerta de salida. Y lo hará, si Correa se empeña, siguiendo la senda abierta por la Oxy, que acaba de demostrarle al ecuatoriano las líneas rojas de su baile de máscaras, los límites de sus arremetidas.

Aunque no quería Ciadi, lo ha admitido. Y -aunque con una rebaja de 40 millones de dólares- ha terminado por pagar. Por mucho que trate de patear el tablero como los demás bolivarianos e intente desconocer la competencia del Ciadi, las facturas de la "yenka energética" le llueven a Correa. El efecto Exxon, que cercó a Chávez, tiene en Ecuador el apellido Oxy. La Occidental Petroleum, que debió salir del país en 2006 acusada de venta ilegal de acciones, recibirá 100 millones de dólares por devolución de impuestos, en un intento por parte de Correa por desactivar la otra demanda, la que reclama ante el Centro Internacional de Diferencias de Inversiones del Banco Mundial un valor diez veces mayor por anular el contrato de la petrolera. Oxy le ha enseñado ya a todas las petroleras que Correa entiende mejor que nadie el mismo procedimiento que él aplica: primero denuncia, luego negocia.

Consciente de su órdago, con el próximo referéndum constitucional a la vista, Correa prepara la alfombra roja a una turbulenta Pdvsa, con la esperanza de que, si hay fuga de inversores, la venezolana salve a Petroecuador. Auxilio entre ahogados. Y, en el marco  de la alianza estratégica que ya había firmado con Enarsa en septiembre de 2006, el atajo argentino hacia Petroecuador, el que permitirá a las empresas de la patria de los Kirchner sellar el idilio energético de Correa y Cristina y cristalizar una alternativa a los lazos tejidos con Venezuela, de la que se importan alrededor de 2.000 millones anuales de dólares en fuel oil y diesel.