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Publicado el miércoles 21 de mayo de 2008
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Bruselas le agua el banquete mediterráneo a Sarkozy

A. Zarzuela.– El pinchazo ha llegado servido en bandeja por la mano de Merkel y la Comisaria Ferrero-Waldner, las camareras de las pesadillas diplomáticas de la ‘grandeur’ gala. Adiós al sufflé del Mare Nostrum que Sarkozy cocina desde el día antes de su desembarco en el poder. Esperaba consumar el 13 de julio -con ayuda de los socios de la UE y el oficio de sus nuevos aliados magrebíes- la apoteosis de sus esfuerzos por ser el ‘Lawrence de Arabia’ de la energía y del comercio magrebíes.  Autoinvestido en misionero napoleónico de las compañías francesas, hace meses que prepara, país por país, el envoltorio de un souvenir  que verá la luz con el pan de la nueva Agencia Nuclear Francesa bajo el brazo y con la intención de  consagrar un alud de acuerdos comerciales.

Pero a punto del parto de la Unión Mediterránea, su primogénita no se parece a Sarkozy, tiene apellido e influencia españoles, más de un padre que la reclama y sobre todo, más de un tutor dispuesto a gobernar su destino. El inquilino del Elíseo podrá ser su matrona en la Cumbre de julio, pero Bruselas le ha dejado claro que serán la UE y los 18 socios extracomunitarios los encargados de llenar de contenido el futuro de una Unión menos exclusiva, paritaria, más democrática, con nuevas instituciones fuera del alcance del bastón de mando galo, con la financiación en cuestión, en una caja común bajo la llave de 44 supervisores y más volcada en cuestiones ambientales, políticas y de cooperación e inmigración de lo que la hoja de ruta comercial y energética de Sarkozy había engendrado. Una Unión integrada en el Proceso de Barcelona, que Sarko repudia cada vez que se le presenta la ocasión. El que iba a ser el altar de las ambiciones de EDF, Airbus o Areva puede devenir en el panteón de los planes sarkozyanos.

Frankenstein frustrado, el galo no se da por noqueado, engrasa las lealtades de sus socios magrebíes -Argelia, Marruecos, Libia y Túnez- para que hagan valer los peajes de sus idilios con París- su padrino nuclear- y  cierren filas en torno al nasciturus que él imaginó. No en vano les prometió que no se les molestaría con cuestiones de derechos humanos y democracia. Y guarda lo más intenso de su munición para su paseo por la presidencia francesa de turno de los Veintisiete, en el segundo semestre. Seis meses en los que -para desgracia del Palacio de Santa Cruz y los intereses empresariales españoles y para susto del resto de los socios- promete dar cuerda a toda máquina a los intereses de las empresas francesas en la región y Y cobrarle a España algún que otro peaje a cambio de una política migratoria conjunta que Moratinos reclama ya y de luz verde para su rol en el Proceso de Barcelona. Y es que la de la Unión por el Mediterráneo es sólo una muesca más en el revólver de sus diferencias con Bruselas. Abanderado del sector exterior galo, Sarkozy no se resiste a disparar contra la lucha antiinflacionaria de Trichet, la política monetaria  del BCE y Juncker ; mira a Bruselas para explicar la desacaleración de la economía francesa, enciende a sus agricultores y pescadores contra los Veintisiete y se empeña en blindar sus joyas empresariales- EDF, Avelon, Telecom- bajo el manto del Estado y la ley del embudo del imperialismo napoleónico.

El Elíseo quería  un exclusivo club con el derecho de admisión en manos de París y con la participación de solo los europeos ribereños. Pero tendrá que conformarse con  Unión en la que cabrán  todos y cada uno de los Veintisiete y 18 Estados extracomunitarios bañados por el Mare Nostrum. La corona será breve para Sarkozy-apenas seis meses de su eventual primera presidencia rotatoria-, bicéfala, compartida con un país de la orilla sur - para empezar Egipto, que no está entre las devociones prioritarias de Sarkozy- y flanqueada por un secretariado permanente- en una sede aún por definir- y bajo la supervisión de un comité permanente compuesto por representantes de todos los Estados. Bruselas pretende apelar a fondos privados, a los de los Estados, miembros o no de la Unión, o de instituciones financieras internacionales, por encima de los fondos europeos que era lo que privilegiaba el proyecto inicial. Una arquitectura institucional cuyas filigranas dejan menos espacio a las aventuras sarkozyanas. A partir del 1 de enero de 2009 sólo los futuros presidentes del Consejo y la Comisión designados por el Tratado de Lisboa podrán representar a los Veintisiete frente a la Unión por el Mediterráneo.  Por eso, antes de que vea la luz, el galo ha puesto sobre la mesa de los deberes del nasciturus  la patata caliente de Israel y Palestina, ese melón que nadie quería abrir en el banquete euromediterráneo y llama en su auxilio a la legión de Mohamed VI: Marruecos celebrará en Fez el  4 y 6 de junio un congreso internacional apadrinado por  el secretario general de la Liga Arabe, Amro Moussa.  

Sarkozy hizo suya la idea de su "escribidor de discursos", Guaino: la evolución de la Unión Europea con su ampliación hacia el este de Europa debería compensarse mediante una apertura hacia el sur para devolver a Francia su protagonismo. Brillante idea que dio lugar a vibrantes discursos, pero que implica más problemas y recelos de los que resuelve. Amparada en las reticencias de los Países Bajos y el Reino Unido, Europa no quiere mirar sólo al Mediterráneo, pero menos aún quiere que lo haga Sarkozy en solitario a costa de las facturas comunitarias. Desde 1995, la Comisión Europea ha destinado más de 16.000 millones de euros al desarrollo de proyectos en la región. España, la madrina de ese trayecto, busca un banco euromediterráneo y una política conjunta para la ribera norte del Mare Nostrum. Pero todos los caminos en el Magreb pasan por París, que desea hacer de su capital el epicentro de la Unión Mediterránea.  Ése es el sueño de Sarkozy, impulsado por la necesidad de avivar los alientos pro-galos para dimensionar la energía en la región y hablar de tú a tú a Merkel y para medirse con Gerhard Schroeder, actual "Rasputin" del gas ruso de Vladimir Putin y Médvedev.

La tercera gira del inquilino del Elíseo por el Magreb y el souvenir en las redes del tunecino Zine el Abidín Ben Alí son sólo una pieza más en el rompecabezas geoestratégico que el francés se empeña en armar a pesar de los europeos- que temen que abra la espita a la proliferación nuclear militar- y de España, a la que, a costa de sus limitaciones nucleares busca convertir en la ‘cenicienta' de sus planes empresariales para África, mal que le pese a Moratinos. Pero de poco le han servido al galo sus esfuerzos por apalabrar con su colega teutona un boceto de acuerdo sobre el que edificar sus ansias. La mano de Merkel y Brown se adivina bajo la mesa de Bruselas, en su empeño por ponerle- con los muros de la Unión por el Mediterráneo- puertas al campo de las ambiciones de la sarkodiplomacia nuclear.

Sarko promete a sus socios comunitarios en la Unión Mediterránea dejar de vivir de espaldas en el terreno energético, pero ni Berlín ni Londres ni Madrid quieren arriesgarse a ver de nuevo la faz más chovinista y pragmática de la diplomacia-bulldózer del galo, que no le hace ascos a nada, ésa que ha adelantando por la derecha a las debilidades y los prejuicios nucleares de sus socios, la que no dudó en hermanarse con Gaddafi y en hacer ondear una bandera reversible con Argelia y Marruecos, la misma que contribuyó ya a que la estatal Sonatrach rescindiera unilateralmente el contrato argelino a Gas Natural y Repsol y la que trató de expandir el matrimonio con GDF mucho más allá del Medgaz. Con la puesta en funcionamiento dentro de apenas año y medio de las nuevas infraestructuras de canalización de gas, entre ellas el gasoducto de Medgaz, Sonatrach quiere emular a Gazprom en la ribera del mediterráneo, tiene previsto aumentar sus exportaciones hasta los 85.000 millones de metros cúbicos "gracias a la proximidad y la ventaja competitiva de Argelia en el mercado europeo"  y no le duelen prensas en reproducir las mañas de la rusa en la ribera del mediterráneo, o en aprovechar las pinzas galas para comenzar a saborear el mercado hispano, a costa de las locales, ya sea por la puerta lusa, o con el paseíllo directo. Con el padrinazgo de la sarkodiplomacia nuclear y el alimento de las urgencias europeas- con las españolas al frente- se zampa las desavenencias con Madrid y siembra de trampas el estrecho.

DIVORCIO CON BRUSELAS

No sólo es su proyecto de Unión Euromediterránea lo que lo separa de sus socios europeos y ha abierto grietas en el eje París-Berlín. A las puertas de una presidencia que promete "fuerte", su debilidad por el británico Tony Blair hace dudar de su objetividad en el proceso de elección de nuevo presidente del Consejo. La Comisión Europea ya ha hecho sonar las campanas de alarma y amenaza con abrir un proceso contra París por superar los límites del déficit público. Pero el Elíseo ni las advertencias de Bruselas ni su resquebrajado aparato de gobierno pueden frenar en estos momentos a Sarkozy, que sueña con el trampolín europeo: el presidente francés se ha marcado un ambicioso proyecto entre cuyos planes promete hacer guerra con la PAC-la mayor carga para las arcas de la UE, de la que los agricultores franceses son los más beneficiados- ahora que el 'chequeo médico' de la política agraria de la CE apuesta por simplificar el sistema de ayudas directas, modernizar la gestión de los mercados y aumentar la transferencia de fondos al desarrollo rural. Mientras el Reino Unido ha estado impulsando entre sus vecinos europeos el argumento de que ante la subida en los precios de los alimentos, los agricultores no necesitan apoyo, Sarkozy cierra filas con los agricultores franceses, que se aferran a la incertidumbre reinante sobre la producción alimentaria como la justificación para el mayor respaldo posible al campo galo.

Si Juncker aboga por una sola voz ante del FMI, Almunia pide una interlocución unitaria de la zona euro entre las instituciones. Deberes para la presidencia de Sarkozy, que hasta ahora no ha aportado más que ruido en el concierto ya desafinado de los Quince.  París capitanea a las cuatro economías europeas del G8- Francia, Alemania Italia y Gran Bretaña-y a los opositores dentro del BCE en sus arremetidas contra la trinchera antiinflacionario de Trichet. Y junto con Merkel y Brown suspira por un Bernanke en la tierra de los Veintisiete y utiliza contra Trichet la munición de la Fed, que se deshace a golpe de inyección de liquidez y bajada de tipos para tratar de contener la crisis financiera y alejar el fantasma de la recesíón. Eso es todo lo que lo liga con Merkel o Brown. Sarko no consigue pescar sus deseos de reforma financiera por muy revueltas que estén las aguas comunitarias, no lo pudo hacer en Londres con sus compañeros de la UE y tampoco en el seno de las ocho grandes en la Cumbre del G8. El desencuentro está servido: tanto la fortaleza del euro como la crisis financiera sugieren soluciones diferentes para cada uno de los miembros del ‘Club de los Cuatro'.

Roma  reclama reglas únicas para las instituciones financieras en los países de la UE, y una vigilancia más integrada, sobre todo a través del reforzamiento de los poderes de los comités que reúnen a los reguladores nacionales. Estas propuestas son apoyadas por Francia, España y Holanda, pero consideradas excesivas por Alemania y sobre todo por Gran Bretaña. Berlín defiende que una cooperación más estrecha entre las autoridades de vigilancia es suficiente. Gran Bretaña considera que los problemas en los mercados no se deben a una falta de información entre reguladores y rechaza todo lo que le huela a exceso de regulación. Londres tiene, además, serios problemas para salvar la brecha entre París y Berlín, que la crisis financiera global no ha hecho más que ahondar entre dos economías unidas, sin embargo, por la inflación, la ralentización económica y las heridas que un euro sin techo ha hecho en su balanza exterior. Pero Merkel rechaza tajantemente la idea francesa de convocar cumbres al más alto nivel en la zona euro. Y recuerda a París que la existencia del euro está supeditada a la independencia del BCE.

La necesidad de una cuadratura del círculo a la europea está servida. Por ahora, Sarkozy promete desembarcar en la sinfonía inarmónica con su propio sello: ya ha encargado al ex presidente de la Federación Internacional de Expertos Contables, René Ricol, un informe independiente que servirá a la mesa durante la presidencia francesa de la UE, como aperitivo de la nueva ‘era Sarko'.