Las operadoras globales, mejor pertrechadas para lo que se avecina
Horas de tormenta en el sector de las telecos europeas. Y de transición. Las esboza el informe 2008 sobre el sector de la consultora Arthur D. Little y el banco Exane BNP Paribas. El desembarco masivo de la banda ancha móvil, la competencia en el mercado celular, la presión de los gigantes de Internet y de los fabricantes de equipos y terminales, la competencia de precios y la maduración del crecimiento del mercado de las telecomunicaciones europeo – que seguirá creciendo al 3,8%- sacuden ya un entorno movido, en el que se avizora, al menos en el medio plazo, la consolidación europea, un proceso marcado por la fusión de operadores a partir de 2008, especialmente en el área del fijo.
Un horizonte en el que las grandes harán músculo al albur del oleaje. No es cierto que los pequeños operadores, antiguos monopolios en países pequeños y grandes competidores que prevalezcan después de la consolidación local vayan a salir perdiendo; podrán ofrecer sus redes y compartir su valor. Pero el tamaño global se está convirtiendo en una de las arma más completas, la tabla con el que salvar las olas y lucir piruetas. Los gigantes de la telefonía tienen más influencia en los procesos de negociación con las grandes empresas de Internet, fabricantes de dispositivos, e incluso de contenidos y de publicidad. A su alcance, el acceso a la convergencia fijo-móvil, la llave del acceso a la banda ancha y las tecnologías de fijo (que seguirán necesitando quienes distribuyan banda ancha, incluso móvil), la venta de sus redes al resto de los servicios y los competidores y la oferta de servicios innovadores, a buenos precios y convergentes a los usuarios.
La voz ha migrado de forma masiva a dispositivos móviles y "manos libres". La penetración de la banda ancha móvil alcanzará el 50% en 2012, lo que implica un crecimiento medio anual del beneficio del 2,6% para los operadores móviles durante los próximos cinco años- desde el crecimiento del 2% actual- y un apalancamiento del mercado fijo, que se contraerá un 0,4%, a pesar del incremento de ingresos de la televisión móvil y los contenidos. Pero el tsunami- el tecnológico, el de la competencia y el corporativo- será digerido. Por una parte, en un mundo "todo móvil", el "desembarco masivo" de la banda ancha celular- la principal palanca de crecimiento de los ingresos a lo largo de toda la cadena de valor: en accesibilidad, en equipos o en servicios de Internet, para compensar el declive de los ingresos en medios tradicionales como voz y sms - no supondrá la muerte de la tecnología fija; todo lo contrario. La tecnología inalámbrica no ofrece el mismo rendimiento con los mismos costes.
Mientras mayor confianza se dé a la banda ancha móvil, menos reemplazará a la fija: dependerá de la infraestructura fija a través de puntos de acceso inalámbrico al menos en un 20% y terminará pagando a los suministradores de fijo, que verán crecer un 1,7% sus ingresos, frente al 1% de los móviles. La banda ancha será, al contrario, un conductor de la integración-fijo móvil, un concepto aún ignoto para los usuarios, pero con el que las operadoras europeas coquetean ya. Mientras que en Austria, Portugal o Suecia, podría suponer "una amenaza" para el acceso fijo, la banda ancha móvil se mantendrá como complemento, más que como sustitución de la fija, en países como España, Francia y los Países Bajos.
Abocados a encarar el "movimiento todo IP", si quieren alcanzar un rápido crecimiento en los ingresos por servicios y contenidos, las telecos europeas no tendrán más remedio que construir ofertas complejas- tv sobre adsl, o tv móvil-, un mapa de ecuaciones que pasa por la colaboración y quizá el reparto de ingresos con los líderes de Internet, los suministradores de contenidos, los fabricantes de contenidos o los desarrolladores de software.
La concentración de las empresas de telecomunicaciones a nivel local puede incrementar un 18% el valor de los operadores de telefonía fija, mientras que el valor del sector puede subir un 6%. Ante el horizonte de la escalada de competencia, la consultora Arthur D. Little prevé dos posibles escenarios: la especialización únicamente el en acceso de operadores de telecomunicaciones, negativo para las principales telecos que cederían una cuota de mercado a las pequeñas y derivaría en la reducción del sector en un 14%. O la consolidación o fusión a nivel europeo, lo que daría lugar a macro operadores, incrementaría la capacidad del sector para defender su cuota ante empresas de Internet y fabricantes y podría revalorizar el sector hasta un 17%.
Obligadas a pescar en aguas ajenas, constreñidas por las dificultades de coste, la reducción de sus beneficios, el castigo bursátil y la competencia creciente, las grandes operadoras europeas buscan expandir sus costuras, ya sea mediante matrimonios de conveniencia, o a golpe de compras.
Deutsche Telekom y France Telecom engrasan su apetito, no ocultan su urgencia, han comenzado a afilar sus anzuelos con la vista puesta en los activos de las operadoras de menor tamaño, para tratar de de consolidar su negocio europeo y abrirse la puerta a mercados emergentes. Las redes de la gala se dirigen a tierras del norte, a la operadora Telia Sonera y la noruega Telenor, mientras que Deutsche Telekom adquirió el mes pasado una participación del 20% en el operador griego OTE por 3.900 millones de dólares y apunta ahora a la estadounidense Sprint Nextel. Hacen olas para agitar a su favor el proceso de concentración del sector de las telecomunicaciones en Europa, un mar en el que, por ahora las dificultades de crédito, de regulación y de operación juegan se lo ponen difícil -tanto como la presencia pública en sus accionariados - y en el que Telefónica ya pescó lo suyo desde la adquisición de O2 y la checa Cesky Telecom en 2006 y el desembarco en Telecom Italia en 2007 y asimila el banquete ya digerido, asentada en el triplete de su penetración en Europa- donde estima un crecimiento de sus accesos de más del 40% entre 2006 y 2010- en China y Latinoamérica
No se esperan "cambios significativos" en la configuración estructural de la industria en España, que se ha beneficiado en los últimos años del crecimiento del PIB y la población, así como a la política de precios y verá cómo se ralentiza el sector a partir del 2008, debido a la tendencia del PIB español a converger con la media europea y al incremento de la competencia por los precios más agresivos.