Sarkozy, rebozado en su propio descrédito político, busca aliados
para sus espejismos petroleros
Propone -sin éxito- que se rebaje el IVA de los carburantes a los transportistas, dando así ánimos a estos en medio de su huelga
Lo ha dicho Alain Touraine: no es que Sarkozy sea tonto, pero no para de decir estupideces. Y ahora trata, además, de buscarle padrinos europeos a sus arrebatos oportunistas. Su amago de "suspender" en territorio comunitario el IVA de los productos petroleros para hacer frente al precio del crudo ha nacido muerto. La UE no le deja posibilidades de subvenciones y el IVA es competencia del Ejecutivo comunitario, pero su “espectáculo petrolero” tiene más de un público para un presidente que no duda en visitar los mercados de madrugada abrazado a Carla Bruni con tal de resucitar el 35% de las pesadillas de su popularidad. Con el agua al cuello -la del populismo y la de los precios- en un laberinto galo demarcado por más paro, más déficit y menos crecimiento, busca hermanar en la necesidad a los gobiernos como el de Brown, ahora que los camioneros británicos se han echado a la calle. Aún a costa de abrazarse a un espejismo estéril para ponerle puertas al campo del crudo y de incendiar los ánimos de los huelguistas y contagiarlos al resto de sus vecinos en el Viejo Continente. Sarkozy reconoce que lo suyo es un tiro al aire “a medio plazo”, pero le ha declarado la guerra al crudo con la misma energía y tan poco acierto como lo hizo antes con la lucha antiinflacionaria de Trichet, o con la postura común ante la OMC, y no quiere desaprovechar su presidencia de turno de la UE, desde julio, para poner en ristre sus armas y dar la batalla a ambos lados del Atlántico. Pero -no hay más que ver la PAC, las propuestas de control financiero, el comercio común y sus planes para la Unión Mediterránea- no gana para encontronazos con la CE. El 'trivorcio' -con Bruselas y con sus socios- está servido.
Mal de muchos sea el consuelo de todos. Al menos de los galos. Sarkozy bracea al viento, cabalga a lomos de la primera potencia nuclear de Europa contra los molinos energéticos -donde los carburantes pagan un impuesto sobre el valor añadido superior al 19%- , pero su cabalgadura ha topado contra la realidad. Y contra Bruselas. De nuevo. La CE insiste en que la mejor manera de afrontar el encarecimiento del crudo es repercutirlo en el precio que paga el consumidor final, en que el precio final de los combustibles y carburantes, los impuestos especiales tienen mucho más peso que el IVA. Y le ha recordado al inquilino del Elíseo que la rebaja del IVA a los carburantes -"una mala señal" para los países productores- requiere, además, la unanimidad de los Veintisiete. Nada que Sarko se pueda permitir hoy por hoy. Moncloa no la acompañará en la pesca: lo ha dicho el secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos, Carlos Ocaña: España debe incrementar la fiscalidad sobre los hidrocarburos para cumplir con las exigencias de la UE antes del 31 de diciembre de 2011.
Tampoco encontrará Sarkozy la empatía incondicional de Merkel: después de meses en los que la locomotora franco-germana ha estado hermanada por la ralentización del crecimiento, el debilitamiento del sector exterior, la inflación y al apreciación del euro, el PIB de Alemania registró una subida del 1,5% en el primer trimestre respecto al trimestre anterior, lo que implica la mayor subida en 12 años. Inasequible al desaliento de sus ambiciones europeas, Sarkozy anuncia además, la creación de un fondo para ayudar a los franceses más afectados por el aumento del precio del petróleo, que estará constituido por el excedente de los ingresos del IVA sobre los carburantes, cantidad que podría ser de entre 150 y 170 millones de euros trimestrales.
Si no le acompaña la empatía con sus socios, menos aún el entorno: los precios del petróleo se orientan al alza en las operaciones electrónicas asiáticas, en momentos en que se ha producido un nuevo ataque en Nigeria, octavo productor mundial, contra un campo de Shell. Su auge va mucho más allá de la producción de la OPEP, se nutre de las tensiones geopolíticas y el debilitamiento del dólar. La caída de la producción en países no OPEP como Rusia ha contribuido al alza espectacular de las cotizaciones del oro negro.
La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde pedirá una gestión conjunta de los países del G7 (Estados Unidos, Alemania, Japón, Francia, Gran Bretaña, Italia y Canadá) para que los productores de petróleo aumenten su producción, a fin de detener el aumento constante de los precios del crudo, en sintonía con el Senado estadounidense, que ha aprobado una ley con la que podrían demandar a la OPEP por limitar el suministro y trata de someter a los productores del cartel, que incluye a Irán, Arabia Saudita y Venezuela, entre otros, a las mismas leyes de antimonopolio que se aplican a la empresas estadounidenses. Washington y París reman al viento, contra la creciente demanda de los países emergentes, donde las economías seguirán creciendo a un 7% y se necesitan 1,5 millones de barriles diarios más cada año; contra el viento de la demanda al menos sostenida de los países desarrollados que necesitan más del 80% del petróleo para el transporte y no lo reducirán en el medio plazo. Y contra la inflexibilidad de los precios del crudo: con un declive de los campos actuales del 3% anual, el descenso de las tasas de reposición, la mano del control de la OPEP y la dificultad de los productores para poner cada año en el mercado de tres a cuatro millones de barriles diarios adicionales y a la vista de la evolución de los costes, nadie apuesta por otra cosa que precios sostenidos o crecientes para el oro negro, el gas y sus derivados.
LA PIEDRA EN EL ZAPATO DE LA UE
Si antes del escándalo de Societé Generale se empeñó -sin éxito- en liderar tras la bandera tricolor a los cuatro grandes del G7 entre los Veintisiete, sus propuestas financieras naufragaron antes de zarpar y ha pinchado en la Unión Mediterránea, pero no esconde las garras de su sarkodiplomacia nuclear. Abanderado del sector exterior galo, Sarkozy no se resiste a disparar contra la lucha antiinflacionaria de Trichet, la política monetaria del BCE y Juncker ; mira a Bruselas para explicar la desacaleración de la economía francesa, enciende a sus agricultores y pescadores contra los Veintisiete y se empeña en blindar sus joyas empresariales- EDF, Avelon, Telecom- bajo el manto del Estado y la ley del embudo del imperialismo napoleónico. Esperaba consumar el 13 de julio -con ayuda de los socios de la UE y el oficio de sus nuevos aliados magrebíes- la apoteosis de sus esfuerzos por ser el ‘Lawrence de Arabia' de la energía y del comercio magrebíes. Pero el pinchazo al sufflé del Mare Nostrum que Sarkozy cocina desde el día antes de su desembarco en el poder le ha llegado servido en bandeja por la mano de Merkel y la Comisaria Ferrero-Waldner, las camareras de las pesadillas diplomáticas de la ‘grandeur' gala.
Sarkozy disfruta con cada paso que lo confirma como la piedra en el zapato de la UE. Francia desea aumentar el nivel de los topes fijados por la UE a las ayudas de cada país a este sector de la producción, a pesar de que ya fueron aumentadas el año pasado de 3.000 a 30.000 euros en tres años para cada empresa pesquera. Y ha renovado el desencuentro en el seno de la OMC. Francia abandera el ala crítica de las arremetidas contra las nuevas propuestas para un acuerdo comercial global del responsable de Comercio de la UE Peter Mandelson, que tiene un "apoyo abrumador" para continuar las conversaciones, aunque París trata de desacreditar su consenso para negociar en nombre de los Veintisiete.
Ahora que su mujer estrena en el mercado su tercer disco, Sarkozy llevará también a Bruselas la propuesta de rebajar la fiscalidad de los edificios construidos con "gran calidad medioambiental" y la de los discos y los vídeos del 19,6%, una demanda francesa desde hace mucho tiempo que ha sido rechazada repetidamente por otros países de la UE.
No sólo es su proyecto de Unión Euromediterránea lo que lo separa de sus socios europeos y ha abierto grietas en el eje París-Berlín. A las puertas de una presidencia que promete "fuerte", su debilidad por el británico Tony Blair hace dudar de su objetividad en el proceso de elección de nuevo presidente del Consejo. La Comisión Europea ya ha hecho sonar las campanas de alarma y amenaza con abrir un proceso contra París por superar los límites del déficit público. Pero el Elíseo ni las advertencias de Bruselas ni su resquebrajado aparato de gobierno pueden frenar en estos momentos a Sarkozy, que sueña con el trampolín europeo: el presidente francés se ha marcado un ambicioso proyecto entre cuyos planes promete hacer guerra con la PAC-la mayor carga para las arcas de la UE, de la que los agricultores franceses son los más beneficiados- ahora que el 'chequeo médico' de la política agraria de la CE apuesta por simplificar el sistema de ayudas directas, modernizar la gestión de los mercados y aumentar la transferencia de fondos al desarrollo rural. Mientras el Reino Unido ha estado impulsando entre sus vecinos europeos el argumento de que ante la subida en los precios de los alimentos, los agricultores no necesitan apoyo, Sarkozy cierra filas con los agricultores franceses, que se aferran a la incertidumbre reinante sobre la producción alimentaria como la justificación para el mayor respaldo posible al campo galo.
Sarkozy, que hasta ahora no ha aportado más que ruido en el concierto ya desafinado de los Quince. París capitanea a las cuatro economías europeas del G8- Francia, Alemania Italia y Gran Bretaña-y a los opositores dentro del BCE en sus arremetidas contra la trinchera antiinflacionario de Trichet. Y junto con Merkel y Brown suspira por un Bernanke en la tierra de los Veintisiete y utiliza contra Trichet la munición de la Fed, que se deshace a golpe de inyección de liquidez y bajada de tipos para tratar de contener la crisis financiera y alejar el fantasma de la recesíón. Eso es todo lo que lo liga con Merkel o Brown. Sarko no consigue pescar sus deseos de reforma financiera por muy revueltas que estén las aguas comunitarias, no lo pudo hacer en Londres con sus compañeros de la UE y tampoco en el seno de las ocho grandes en la Cumbre del G8. La necesidad de una cuadratura del círculo a la europea está servida. Por ahora, Sarkozy promete desembarcar en la sinfonía inarmónica con su propio sello: ya ha encargado al ex presidente de la Federación Internacional de Expertos Contables, René Ricol, un informe independiente que servirá a la mesa durante la presidencia francesa de la UE, como aperitivo de la nueva ‘era Sarko'.