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Publicado el jueves 8 de mayo de 2008
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Monitor de Latinoamérica

El Banco del Sur y los huérfanos de la integración bolivariana del nunca jamás

-Petrobrás paga el precio de sus ensueños de grandeza

A.Z.– Tiene ya edad para ser casi sietemesino, pero aún no es más que un nasciturus borroso, con acta de bautismo oficial de 9 de diciembre, pero que no consigue salir de la incubadora bolivariana. No tiene claros el capital inicial, ni el aporte y la participación de cada socio; aún carece de reglas de gobernabilidad y no ha perfilado la cancha de juego de las cuestiones técnicas.

Hijo de las contradicciones, es poco más que un embrión difuso de Banco de Desarrollo, que hasta ahora trae debajo del brazo un pan trufado sólo de ambiciones, nada menos que convertirse en el órdago del gobierno bolivariano de Chávez y sus socios al sistema financiero internacional, el capitel de la nueva arquitectura bancaria y un grano para el FMI. Lastrada por sus apellidos chavistas, la hucha bolivariana no coge cuerpo. Lula y Cristina no matarán al Banco, pero están dispuestos a permitir que simplemente vegete en el reino de nunca jamás de los ensueños bolivarianos, ése mismo en el que han terminado reposando el Gasoducto del Sur, la participación de Pdvsa en la refinería de Recife y en el campo de Carabobo con Petrobrás, o el intercambio petróleo por alimentos argentinos; ese mismo limbo al que se dirigen las estrategias chavistas para el MERCOSUR.

El Banco del Sur es sólo la última certeza de que al ‘monopoly’ de Chávez las piezas de la integración no le encajan. Ni su contencioso con Colombia y la cancelación de la Cumbre de la Unasur, ni el arrebato nacionalizador con la argentina Sidor, ni la crisis del campo y la dimisión de Lousteau han ayudado a dar oxígeno a una criatura sin defensas. Rehén de sus propias arremetidas, Chávez no ha dudado en poner en peligro a la niña bonita de la ingeniería financiera bolivariana dinamitando los puentes hacia quienes están llamados a ser los padrinos -o los verdugos- de su criatura: Buenos Aires y Brasilia. Consciente de que Lula y Cristina se lo pondrán difícil para hacer del Banco del Sur una fuente sin fondo para sus aspiraciones bolivarianas, se lleva la pelota y mueve sus peones en territorios menos hostiles, allá donde sus reglas de juego cuentan con el beneplácito de sus discípulos: el nuevo Banco del Alba comenzará en mayo a operar con 1.200 millones de dólares y serán sus socios de la Alternativa de las Américas- Nicaragua, Bolivia y Cuba- los que patrocinen la “revolución alimentaria” del rey del desabastecimiento venezolano . Los padrinos del Banco del Sur hacen lo propio en la cancha financiera- la brasileña Bndes amplía sus tentáculos en la región y abrirá en Buenos Aires-y sobre todo en la energética. El juego de la integración de Chávez se juega cada vez con menos fichas y menos jugadores.

Tardía, la nueva criatura llega con un ‘pan' debajo del brazo relleno de poca miga. Aún no es un banco y, con siete miembros a bordo- Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil y Uruguay -en una región con una veintena de países al sur del Río Grande, llamarlo "del Sur" es pretencioso. Medio año después de su bautismo oficial en la pila de las urgencias caraqueñas poco más se conoce de un proyecto que desde sus primeros pasos padece problemas de definición, deficiencias de partenariado, ambigüedades de estatus y de organización, lagunas en las reglas de juego y una sobredosis de idealismo. En el más optimista de los escenarios, no verá la luz de la realidad hasta dentro de un año. Eso será siempre que cuente con el visto bueno de todos y cada uno de los presidentes y los Congresos, algo que a la vista de las demoras para el ingreso de Venezuela en MERCOSUR, puede tardar varios trimestres. El nasciturus no oculta su apellido chavista. Su sede caraqueña, sus integrantes, la declaración de intenciones y la vocación ideológica lo delatan. También lo están condenando al limbo.

Lula y Cristina, de los que se espera los principales aportes iniciales- entre 1.000 y 2.000 millones de dólares, frente a los 700 de Venezuela- están obsesionados con evitar que el nuevo Banco termine siendo una ‘hucha' para internacionalizar la revolución bolivariana sembrando el continente de proyectos patrocinados-para mayor gloria de Chávez- con las reservas de sus socios en el BdS. Prefieren un sistema más cercano al de la CAF, con espacio para la proporcionalidad.  Y se resisten a patrocinar las aventuras caraqueñas y a hacerlo, además, en el terreno marcado por el venezolano que quiere hacer valer su ascendente bolivariano y busca igualdad de voto para todos los socios, al margen de sus aportaciones. Para Buenos Aires y Brasilia no tiene sentido duplicar esfuerzos y dividir fondos con una nueva institución financiera regional; menos aún tratar de competir con las ya existentes. Argentina, a través de FonPlata y Brasil, con el BNDES disponen ya de dos potentes instrumentos financieros nacionales para el desarrollo. 

Sólo el acuerdo de una moneda regional para el intercambio amalgama sus voluntades. Poco más se sabe de un embrión financiero en el que su mentor venezolano sigue empeñado en ver el germen de una Comunidad Económica Latinoamericana y se consuela mirando al medio siglo que el Viejo Continente necesitó para cristalizar el euro. Nacido como una aventura con las alas cortadas, aspira a conseguir en un reducido plazo de tiempo una capitalización de 7.000 millones de dólares (4.780 millones de euros) mediante emisiones de bonos, avaladas por la fortaleza financiera de sus siete fundadores que tienen unas reservas de divisas conjuntas por valor de 111.000 millones de dólares. Pero, hoy por hoy, arranca con unos recursos propios de sólo 800 millones de dólares (545,9 millones de euros), un capital reducido para sus ambiciosos objetivos fundacionales y que sólo supone un 5% de los fondos de que dispone el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y un 25% de los de la Corporación Andina de Fomento (CAF), dos organismos que, además, hace tiempo se consolidaron como emisores de deuda fiables en los mercados financieros internacionales.

En conjunto, el Banco del Sur parece un juego si se compara con las cuentas y las posibilidades de los organismos a los que pretende desbancar. El BID aporta cada año unos 78.000 millones; la CAF (que ha prestado a los cinco países andinos más del 50% del total de las finanzas multilaterales para el desarrollo) más de 7.000 y el BNDES brasileño 30.000. Se lo ha recordado la institución brasileña, que baraja una cartera de inversiones de 40.000 millones de euros y solo el año pasado puso en liza 25.000 millones de euros. La CAF está conformada por 17 países y 16 bancos privados de la región andina. El BID se nutre del aporte de 46 países y dispone de alrededor de 100.000 millones para traspasarlos a sus países miembros y beneficiarios, que se alimentan de préstamos del mercado financiero internacional, de aportes de miembros no regionales y de la emisión de bonos internacionales. Opciones, todas ellas que parecen poco viables para un Banco del Sur, que reniega de Washington y del sistema financiero internacional.

No está claro si aspira a una función de autoridad de vigilancia y soporte de políticas monetarias, o sólo una banca de desarrollo; si su actividad crediticia seguirá criterios técnicos y financieros, o si lo hará según cánones y objetivos políticos. Hay discrepancias de fondo sobre las políticas de desarrollo regional y los mercados de capitales locales. Y se desconoce de dónde obtendrá la financiación si sus componentes repudian las instituciones internacionales y se permiten desconocer al CIADI e instancias de jurisdicción internacional. A lo peor, Chávez tiene la respuesta, ha dejado caer que la clave puede estar en las reservas internacionales. Le brillan los ojos con la idea de hacer del Banco una caja común para sus aspiraciones bolivarianas. Ni el "capitán" venezolano querrá recurrir al mercado financiero internacional- que considera el colmo del capitalismo- ni viceversa.

El Banco del Sur se ahoga en su propio ruido si sólo pretendía ser una banca de desarrollo y financiación de infraestructuras, con una labor específica y complementaria de otras IFI´s. Como recuerdan los gobiernos de México, Chile, Colombia -tres de las cinco primeras economías latinoamericanas- y Perú, que no han dudado en rechazar el proyecto, le falta sostenibilidad técnica, le sobra politización y no ven su necesidad, ya que ellos mantienen muy buenas relaciones con las IFI´s de la región, en particular con la CAF y el BID, -caracterizados por operaciones ágiles y bajos costes- y con el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR).

Iba a ser la "muestra del sistema financiero venezolano", de la nueva economía bolivariana. Y lo es: nebuloso y lastrado por sus altas miras. El mejor ejemplo de la diplomacia del quiero y no puedo que Caracas busca expandir. El contencioso con Sidor, la irrupción en escena del paraguayo Lugo y las impotencias bolivianas en el triángulo de las Bermudas energético del cono sur han puesto a Cristina Fernández da mirar más a Quito y Brasilia que a Caracas. El atajo por Venezuela ya no es el camino más corto a la integración regional. A la hora de "pasar de la diplomacia declarativa y gestual" a "la de construcción y hechos", Cristina ha preferido a Correa y Lula.

Sólo la necesidad -energía por alimentos y un pasaporte para el MERCOSUR- acercan a la peronista y el boliviariano, pero las urgencias no son suficientes para dar a luz a la nueva criatura del sistema financiero. Menos aún la sintonía con Lula da Silva. Acostumbrado a bailar la danza de los púgiles con Chávez, no deja de medir músculo energético. Y si hay alguien que tiene recelos es el Palacio de Planalto. Bastante tiene con PNDES para arriesgarse a acabar pagándole las cuentas a Chávez, decidido a poner ya a los instrumentos del ALBA a respaldar los trabajos de aprovisionamiento de alimentos de Pdvsa, ahora que por primera vez en 37 meses el ingreso real del venezolano rompe la tendencia de crecimiento y se reduce de dos a tres puntos porcentuales, así como se también el consumo en 1,4% y para un primer grupo de 4 millones de venezolanos su ingreso mensual no alcanza para poder cubrir la canasta básica. Consejos vendo que para mí no tengo, al rey del desabastecimiento no le duelen prendas en empuñar ahora la bandera de la "revolución alimentaria". Ha arañado a Morales, Correa, Ortega y Castro la creación de un fondo de seguridad de 100 millones de dólares, pero sobre todo se ha hecho con la llave de sus neveras: una red de comercialización bajo su mando, programas de producción de cereales, carnes y lácteos, así como la creación de compañías trasnacionales- alimentadas con los productos de los demás y el espíritu y las necesidades chavistas. Chávez sirve a la mesa de los predios bolivarianos las recetas de integración que ya no puede cocinar en el resto de la región.

El Gasoducto del Sur -la vieja iniciativa para transportar gas desde Venezuela a Argentina a través de Brasil- del que Chávez quiere hacer la columna vertebral de su revolución de exportación está en el congelador, por mucho que Caracas trata de resucitarlo al calor del Banco del Sur y a golpe de las necesidades de Pdvsa. El ambicioso proyecto que Chávez cocina desde 1999 apenas ha conseguido suscitar la curiosidad de las urgencias de Brasil y Argentina, que -hastiados de aventuras fallidas- ni siquiera han finalizado los estudios de trazado, coste y financiación de un proyecto que podría costar 23.000 millones de dólares para llevar 150 millones de metros cúbicos del Caribe a la Pampa.

Lejos de Caracas, esquivo de Chávez, García pondrá en marcha en 2012 el Gasoducto Andino del Sur. Los impulsos bolivarianos de Caracas se han convertido en la mejor amalgama, pero para las voluntades ajenas. Lo son todos los bolivarianos. Las impotencias energéticas de Morales y las pretensiones de Lugo han cocinado la alianza energética entre Quito y Buenos Aires. El desaprovisionamiento gasista boliviano le ha dejado en bandeja de plata a Brasil la llave de su auxilio eléctrico a los Kirchner. Y finalmente, la rivalidad venezolana y las límitaciones bolivianas han terminado por echar a Lula en brazos de sí mismo, de sus propios sueños de grandeza, en los que- ahora que ha conseguido aglutinar el beneplácito del Cono Sur en torno a su Consejo Sudamericano de Defensa- acaricia la llave de la integración  regional.

Brasil no juega al ajedrez de Hugo Chávez. A Lula, los desmanes del venezolano se lo han puesto fácil en el desfile de sus glorias petroleras. Petrobrás se frota las manos pensando que la compañía se transformará en la tercera empresa del mundo por detrás de Exxon Mobil (EEUU) y British Petroleum. Y podrá mirar por encima del hombro a PDVSA. Lula, el ‘rey del etanol', hace lo propio, calculando que podrá mutar el Mercosur a medida que Brasil pase de autosuficiente a superavitario en materia energética y licuar los sueños de liderazgo energético del presidente venezolano. La integración regional sólo será posible con una nueva integración energética. Lula lo sabe y quiere hacerse con esa bandera. Con Petrobras como ariete, con el músculo económico y comercial brasileño en plena forma, ha dado un paso atrás y mima su nuevo rol, el de mediador que no se casa con nadie, pero es capaz de coquetear con la misma intensidad con Washington, con Caracas y con Buenos Aires.

Para cocinar un nuevo eje Buenos Aires-Brasilia, ambos comparten la urgencia de que no haya cortes de luz y energía como en la tierra del tango, ni restricciones de gas como las del país carioca en los últimos meses. Y un entorno energético hostil. De los 15.000 millones de dólares que Petrobrás piensa invertir hasta 2012, ha comprometido 2.800 millones para la tierra de los Kirchner, el segundo mayor desembolso después del de  EE UU. Ya han reactivado el proyecto binacional para la central hidroeléctrica de Garabí, cuya construcción, prevista para 2008 costará 1.800 millones. Y anuncian que se embarcarán juntos por la senda de la energía nuclear.

Lula se revuelve contra cualquier atisbo de dependencia energética de Venezuela o sus socios bolivarianos, en los que tiene a los más férreos enemigos de su "revolución del etanol" y ha comprobado ya que, por mucho que Chávez lo arrope, el ajuar de Pdvsa y los presentes del bolivariano están más que roídos. El idilio energético, el que Pdvsa y Petrobrás estaban llamados a oficiar, no ha conseguido dejar de nadar en la nebulosa de las buenas intenciones. Finalmente, la participación de Petrobrás en el campo venezolano de Carabobo será en el mejor de los casos, de sólo un 10%. Aún no se han determinado los detalles del proceso de producción y distribución de combustible de la refinería José Abreu e Lima, en Recife, esa misma que Chávez presenta como la joya de su dote a los ojos de su padrino brasileño. Pero desde su génesis, desde que hace tres años Pdvsa y Petrobrás comenzaron a cocinar el acuerdo, ese 40% con el que Caracas debe participar en los 4.050 millones de dólares de coste total está más que enmarañado. De hecho, Brasilia no seguirá esperado más a que a Caracas le salgan las cuentas, lastradas por los problemas de Pdvsa. La brasileña ha comenzado ya la construcción de unas instalaciones que se nutrirán de la mitad del petróleo venezolano, lo que permitirá equilibrar la maltrecha balanza comercial. Y planea una segunda refinería en Maranhao, con o sin Venezuela. Caracas lo sabe y mira hacia otro lado, hacia el territorio menos hostil de sus ahijados y anuncia refinerías conjuntas en Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. El ‘Monopoly' de la integración chavista juega cada vez con fichas de menos valor y las cartas marcadas.

Petrobrás paga el precio de sus ensueños de grandeza

Sueña, acaricia la idea de convertir a Brasil en uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo. Le saca brillo a las pretensiones de Petrobrás y derrocha gestos imperiales, pero Lula baila la samba de sus aspiraciones con la vista en las nubes, pero los pies enterrados en el suelo de la realidad energética nacional y las debilidades del Triángulo de las Bermudas del gas regional. Ni su deidad de oto negro ni lo sueños del gigante estatal consiguen aminorar el efecto de las zozobras, las propias y las de sus vecinos. El gigante carioca estudia cuadruplicar la venta de deuda corporativa este año para obtener capital que nutra sus ínfulas, que yacen en aguas profundas, necesitadas de nuevas plataformas y reformas tecnológicas, lo que le puede costar a la petrolera pedir prestados más de 4.000 millones de dólares (2.600 millones de euros) al año hasta 2012, e incluso aumentar el gasto para su plan de inversiones 2008-2012.

Petrobras no lo va a tener fácil para colocar su deuda. Menos aún para hacer valer sus descubrimientos, en tanto no se traduzcan en flujos de efectivo. En 2007 consiguió 600 millones de dólares (384 millones de euros) en deuda corporativa y acumulaba un total de 21.900 millones de dólares (14.000 millones de euros) a finales de año, pero a la vista de la crisis de crédito y la falta de liquidez del mercado,  no tuvo más remedio que cancelar en febrero la venta de 500 millones de dólares (320 millones de euros) en bonos corporativos.  

Petrobrás se frota las manos pensando que la compañía se transformará en la tercera empresa del mundo por detrás de Exxon Mobil (EEUU) y British Petroleum. Y podrá mirar por encima del hombro a PDVSA. Lula subyace a la tentación que ha arrastrado ya a Cristina, a la ambición que ha emponzoñado el sector energético en tierras de Chávez y de sus discípulos bolivarianos: la de exprimir la gallina de los huevos de oro de las exportaciones petroleras, aún a riesgo de asfixiarla. Si nada lo remedia, antes del verano, el ejecutivo carioca habrá reformado la Ley del Petróleo para incrementar la recaudación pública por la exportación de crudo desde el 50% actual hasta un 70%. El ‘rey del etanol', hace lo propio, calculando que su país podría estar en un lugar más próximo a Nigeria y Venezuela y tendrá en su mano una nueva baza para reorganizar el mapa regional de la energía. Podrá mutar el Mercosur a medida que Brasil pase de autosuficiente a superavitario en materia energética y licuar los sueños de liderazgo energético del presidente venezolano. Pero aunque los descubrimientos de Tupi (que podría albergar 8.000 millones de barriles recuperables) y de Carioca (con una capacidad de hasta 33.000 millones de barriles) la convierten sobre el papel en la quinta potencia mundial, la realidad es diferente.

La petrolera estatal no es ajena a los problemas. Durante 2007 el pilar gasista y petrolero de la mayor economía latinoamericana afrontaba problemas operativos y de eficiencia energética tan graves que la urgencia era encontrar vías para garantizar el suministro de gas, cortado. Ahora, además, está al borde de una crisis de éxito. Las mieles del posible futuro le impiden ver con claridad los nubarrones del presente. Y el ‘caramelo' de los nuevos pozos, que supondría aumentar un 60% las reservas del país carioca, puede ser demasiado grande para un gigante que tiene algunas grietas en sus pies de barro. La "Dádiva de Dios", -como ha llamado el presidente brasileño a los descubrimientos-, puede ser un regalo del demonio. Mientras llega, el desabastecimiento, las importaciones y la dependencia de Bolivia mandan en los sueños energéticos del Palacio de Planalto.