Sarkozy extiende los tentáculos
de la diplomacia nuclear sin fronteras
· Para disgusto del Palacio de Santa Cruz y, sobre todo, de los intereses energéticos españoles, el tour diplomático-nuclear del presidente francés ha cosechado ya sus frutos en la cuenca del Magreb
Es lo que tiene el chauvinismo vestido de sarkodiplomacia, que no da abasto para despleglar, pinza tras pinza, su poderío, por igual en el Magreb que en el corazón de China y el reino del chavismo. Más aún cuando la ‘grandeur’ se cincela a golpe nuclear, vestida de política de transferencia de tecnología a los países emergentes. Al Elíseo se le acumula el trabajo de su diplomacia energética, tanto que Sarkozy se ha regalado, como souvenir de su primer aniversario en el Elíseo, una Agencia Internacional Nuclear francesa dedicada, oficialmente, a exportar la experiencia gala a todos los países que quieran desarrollar la energía atómica con fines civiles. Para el presidente galo, autoinvestido en misionero de las compañías energéticas galas por todo el planeta, es el preludio de ese otro gran regalo, la Unión Mediterránea, que consumará con ayuda del resto de los socios de la UE y el oficio de sus nuevos aliados magrebíes el 13 de julio. Hace meses que prepara, país por país, el envoltorio de este otro presente, llamado a “cambiar el mundo”, al menos desde la orilla del horizonte del Sena. Por lo pronto verá la luz con un pan nuclear bajo el brazo para Sarkozy: una organización atómica para la transferencia general de tecnología nuclear y el desarrollo de la energía solar. Será la apoteosis de sus esfuerzos por ser el ‘Lawrence de Arabia’ de la energía y el comercio magrebíes, el rey de las nucleares de exportación y el emperador de una nueva alianza con África.
Para disgusto del Palacio de Santa Cruz y, sobre todo, de los intereses energéticos españoles, este año de tour diplomático-nuclear ha cosechado ya sus frutos en la cuenca del Magreb. Con la tricolor en ristre y el mismo ímpetu con el que impulsa los intentos de zafarrancho europeo de EDF, Sarkozy consolida su rol de nuevo virrey del norte del continente africano e intenta consumarse como el interlocutor oficial y preferente de Gaddafi, de Mohamed VI, o Bouteflika. Francia ha hecho valer sus galones de primera potencia nuclear europea en el Magreb, nuclearizará Marruecos, Libia y Túnez y lo intentará con Argelia. Todos los caminos en el Magreb pasan por París. Ése es el sueño de Sarkozy, impulsado por la necesidad de avivar los alientos progalos para dimensionar la energía en la región y hablar de tú a tú a Merkel y para medirse con Gerhard Schroeder, actual "Rasputin" del gas ruso de Vladimir Putin y Médvedev. Al igual que ya hizo en Argelia y Marruecos y acaba de repetir la semana pasada en Túnez, Sarko le vende a Libia la que dice será la energía del futuro (nuclear) a cambio de la del presente (gas y petróleo), se gana su aval para convertirse en el socio europeo del Magreb y del resto de África, lo mete todo en la caja de la Unión Mediterránea, le pone un lacito y se lo ofrece a los franceses.
Su última conquista, en las redes del tunecino Zine el Abidín Ben Alí, con quien ha firmado contratos para la venta de trece aviones 'Airbus' por mil millones de euros, la construcción de una central térmica en el sur por 360 millones de euros abastecida por la francesa Alstom y un acuerdo marco sobre la energía nuclear civil, que abre la vía a la construcción en el país árabe de una central eléctrica antes de quince años, semejante a los alcanzados con Libia, Marruecos, Argelia y los Emiratos Árabes Unidos. La tercera gira del inquilino del Elíseo por el Magreb y el souvenir tunecino es sólo una pieza más en el rompecabezas energético y geoestratégico que el francés se empeña en armar a pesar de los europeos -que temen que abra la espita a la proliferación nuclear militar- y de España, a la que, a costa de sus limitaciones nucleares busca convertir en la ‘cenicienta' de sus planes energéticos para el Magreb y África, mal que le pese a Moratinos.
A más corto plazo, con su poderío nuclear en ristre, Nicolas Sarkozy negociará acuerdos comerciales que favorecerán su proyecto diplomático personal de una Unión Mediterránea con la que quiere coronar su presidencia rotativa al frente de la Unión Europea, que arranca el 1 de julio. Quien quiera que se suba a su tren, pero sabiendo que la locomotora la pilota Sarkozy y que las pinzas las hace él. Sarkozy hizo suya la idea de su "escribidor de discursos", Guaino: la evolución de la Unión Europea con su ampliación hacia el este de Europa debería compensarse mediante una apertura hacia el sur para devolver a Francia su protagonismo. Brillante idea que dio lugar a vibrantes discursos, pero que implica más problemas y recelos de los que resuelve. Sólo la presión de Merkel ha conseguido que los 27 sean miembros de pleno derecho de una Unión Mediterránea integrada en el Proceso de Barcelona, el mismo que Sarkozy repudia cada vez que se le presenta la ocasión.
Si la cara del santo es la que hace el milagro, los empresarios galos ya se han acostumbrado a que sea la diplomacia-bulldozer de Sarkozy la que despeje el negocio. Agita la ‘grandeur', suelta su huno y con habilidad de trilero y sonrisas de estrella de cabaret acopia las mejores cartas y, de paso, deja a todos tan contentos. No hay mandatario maldito o país suficientemente lejano y receloso para que los tentáculos de la Sarkodiplomacia nuclear no lleguen a envolverlo. Gaddafi lo ha probado en carne propia. La liberación de las enfermeras búlgaras y el médico palestino bien valió una visita a París y unas cuantas compras militares del coronel libio. Y su gas y el petróleo bien le valieron a Sarko no sólo los 10.000 millones de contratos, sino la carta verde al suma y sigue en su reconquista, con la firma de un memorando sobre cooperación nuclear que desembocará en la construcción por parte de Francia de una central nuclear en Tajoura para la desalinización de las aguas mediterráneas y dota a Areva, una empresa francesa dedicada al uranio, de permisos de prospección.
Sarko se ha ofrecido a dejar en bandeja tecnología y capacitación para las Centrales Atómicas de Tercera Generación argentinas y, con tal de sellar el idilio energético con Lula da Silva, no ha dudado en engendrar un acuerdo de asociación militar que nutrirá de armas galas las expectativas brasileñas del Consejo de Seguridad Hemisférico. La visita a París de Hugo Chávez dejó claro que la ‘diplomacia atómica' del galo, embutido en su traje diplomacia de doble cara, no le hace ascos a nada. El bolivariano, harto de amenazar a las empresas españolas, se llevaba bajo el brazo un acuerdo con Total para la explotación de yacimientos de la faja del Orinoco y un anuncio nebuloso de la reactivación de la energía nuclear civil en Venezuela. La jugosa manzana china no iba a ser la excepción.
El galo tiene a su alcance la mayor potencial nuclear europea y una habilidad sin par para obviar los escrúpulos. Ha alabado la política antiterrorista tunecina, la apertura democrática marroquí y la política social venezolana. Si había que darle la razón a Hu Jintao sobre Taiwán y el Tíbet, se la ha dado, aunque se hayan resentido, a cambio, las costuras de la UE y chirríen los oídos de Angela Merkel y las promesas de París de aliarse con Berlín para no darle alas nucleares a estados poco confiables. Francia, a través de la estatal AREVA construirá en China dos centrales atómicas y suministrará combustible nuclear por 8.000 millones de euros, el mayor contrato de la historia de la empresa y un pasaporte para que pueda hacer caja, desactivar reactores envejecidos y eludir la segregación que hasta hace poco defendía el Elíseo. Beijing y París estudiarán la construcción conjunta de una planta de reprocesamiento. Y Sarko se lleva la promesa de Hu Jintao de reforzar su cooperación en los ámbitos de la energía nuclear, aviación, exploración espacial y ferrocarriles.
Sarko promete a sus socios comunitarios en la Unión Mediterránea dejar de vivir de espaldas en el terreno energético, pero si vuelven las caras, es posible que Berlín, Londres y sobre todo Madrid vean de nuevo la faz más chovinista y pragmática de la diplomacia-bulldózer del galo, que no le hace ascos a nada, ésa que alimentada por su pasión por convertirse en un ‘Lawrence de Arabia magrebí', ha adelantando por la derecha a las debilidades y los prejuicios nucleares de sus socios, la que contribuyó ya a que la estatal Sonatrach rescindiera unilateralmente el contrato argelino a Gas Natural y Repsol y la que trató de expandir el matrimonio con GDF mucho más allá del Medgaz. El "efecto Sarko" puede repetirse al calor de la Unión Mediterránea. Por si acaso, como aviso para navegantes, ya ha enseñado la patita de EDF- ahora que tiene en ella los tentáculos de Dominique Lagardere- por debajo de la puerta de los Veintisiete.