Lehman, tras el fantasma de Bear, espanta a los mercados y la recuperación
Ha intentado dosificar las malas noticias y la publicación a cuentagotas de sus cuentas. Pero el cuarto banco de inversión estadounidense tiene ya algunos de los síntomas de la epidemia financiera que terminó por echar a Bear Stearns en brazos de la SEC y de JPMorgan. Ni sus esfuerzos por arropar unos resultados trimestrales con pérdidas de 2.800 millones de dólares- sus primeros rojos en 28 años-, ni el recambio del director de operaciones y del presidente financiero, ni menos aún el mantra del fin de la crisis que entona Bernanke. Nada consigue apagar las luces rojas que acompañan a la banca estadounidense y que los mercados a ambos lados del Atlántico no dejan de encender. Hoy tienen apellido propio: el de Lehman Brothers, que trata de arañar en bolsa con los rumores del interés de Blackstone. Wall Street tiembla con la fiebre de LB, de Washington Mutual y Countrywide y contagia a las Bolsas europeas.
El rebaño de los quebrantos de la banca estadounidense sigue vivo y lo estará, al menos, hasta que se recupere la confianza entre los actores del sistema. Lehman abre el desfile, convertido en el nuevo paradigma de una enfermedad financiera que ha ocasionado a las grandes entidades estadounidenses pérdidas por importe de 165.700 millones de dólares y que el diagnóstico de S&P sitúa ya como una epidemia aún contagiosa. Hace semanas que los analistas le han dado la espalda a Bear con su diagnóstico. Y que sus propios compañeros lo han puesto en cuarentena, para blindarse del contagio. Ha sucumbido bajo el binomio maldito: activos endebles y negocios mal manejados. Todos los males: devaluación, pérdidas y ampliación, desbandada de los accionistas, repudio de los analistas- con Moody's Investors Service y Fitch Ratings en cabeza- y el no va más: demandas de operadores cortos que cuestionan su sistema de valuar activos difíciles de negociar, como hipotecas. Pero aún: coberturas armadas para atenuar pérdidas potenciales originadas en hipotecas fallidas se desmoronaron. Entonces, eso elevó el déficit en lugar de reducirlo. Sus acciones han perdido más de un 50% de su valor en Wall Street en lo que va de año. Los empleados de Lehman Brothers Holdings Inc. perdieron por lo menos 10.000 millones de dólares. Malos embajadores para la banca de inversión, que debe vender 4.000 millones de dólares en títulos ordinarios y 2.000 millones en preferidos, a reconvertir en ordinarios al cabo de tres años.
LB ha publicado negro sobre blanco las cifras de sus miserias, pero es tarde para obtener la confianza de los inversores. Sus títulos sufrieron un desplome del 26% en el mes de mayo y han experimentado una espectacular caída del 51% desde principios de año. En el lado positivo, un recorte de la deuda de hasta 25 veces y una disminución de un 20% de su exposición a activos relacionados con hipotecas subprime, al tiempo que una reducción de la deuda colateralizada de un 25%. No ha sido suficiente para devolver la confianza a los inversores ni al parqué. Comparte con Bear su naturaleza como grandes compradores de bonos y participaron activamente en toda la cadena de transmisión de riesgo de la crisis ‘subprime'. La caída bursátil de Lehman se complica por la composición del capital, formado en gran parte por ‘hedge funds', interesados en posiciones a corto plazo, y que no se quedarán en la empresa para aguantar el chaparrón. Greenlight Capital, fondo gestionado por David Einhorn, es uno de los principales accionistas de la financiera y ha sido uno de los que- con la bandera de la desconfianza en ristre- ha fomentado la huída.
EPIDEMIA BANCARIA
Si Bear parecía la oveja negra capaz de nublar el de la crisis, ahora no está sola en su destino de ampliaciones de capital, exceso de activos ilíquidos, pérdidas trimestrales, desbandada de accionistas y socorro de fondos soberanos asiáticos. Una fiebre que afecta a Morgan Stanley, Merrill Lynch, Bank of America, JPMorgan y Goldman Sachs y ha llevado al CEO de Wachovia a la calle. Y a JPMorgan Chase a estudiar una posible fusión con Washington Mutual, que ha despedido a Killinger tras reconocer pérdidas netas de 1.400 millones de dólares en el primer trimestre. Una epidemia que mantiene a Citigroup, Merrill Lynch y Goldman Sach a espera inyecciones de capital de gobiernos extranjeros. Y a Countrywide, el mayor prestamista de EEUU sumido en rumores de bancarrota. Tras acumular el castigo bursátil, no ha tenido más remedio que aceptar la propuesta de compra por 4.000 millones de dólares de Bank of America, con un descuento del 7%. Las cifras son estremecedoras. Entre principios de 2004 y mediados de 2007, un periodo de riqueza sin precedentes en Wall Street, siete de las compañías financieras más grandes de Estados Unidos obtuvieron una ganancia combinada de 254. 000 millones de dólares. Pero desde julio pasado, esos mismos bancos --Bank of America, Citigroup, JPMorgan Chase, Lehman Bros., Merrill Lynch, Goldman Sachs y Morgan Stanley-- han reducido el valor de sus activos en 107.000 millones de dólares, destrozando sus ingresos y el precio de sus acciones.
Las dudas sobre LB no son nuevas, y desde que surgieron el banco no ha hecho más que revalidar los peores augurios. En abril, realizó una ampliación de capital de 4.000 millones de dólares mediante la emisión de acciones preferentes. En febrero emitió una cantidad similar en bonos. En lo que va de año, el banco ha recurrido en dos ocasiones a la financiación de la Reseva Federal. Y entre abril y junio se deshizo del 20% de sus activos, unos 130.000 millones de dólares relacionados con hipotecas comerciales y residenciales, así como bienes inmuebles. A finales del primer trimestre Lehman Brother poseía 786.000 millones de dólares en activos. Ahora saluda a la galería y hace humo con sus recomendaciones. Consejos vendo que para mí no tengo, de espaldas al sol de sus miserias cada vez más difíciles de ocultar. Se deshace en recetas ajenas y rebosa prudencia para otras cuentas. Todo con tal de tapar el sol con un dedo. Dispara contra el BCE, lastra a las Bolsas europeas y recomienda a los inversores vender aquellas obligaciones (bonos) referidas a la inflación y las de mercados emergentes. Pero en sus propios predios, se tambalea cerca del desfiladero de Bear Stearns.