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Publicado el miércoles 18 de junio de 2008
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Reding pisa el acelerador de sus ‘revoluciones’ de las telecos y derrapa contra Bruselas

-Trata de apaciguar a las grandes operadoras con el cobro por recibir llamadas a los usuarios de móviles

A.Z.– Sacude sus armas. Sabe que incluso entre sus compañeros de Comisión algunas de sus ‘revoluciones’ no tienen quien las siga, pero a Viviane Reding no le importa. Consciente de las reticencias de Bruselas, del Europarlamento y de los estados miembros- que se oponen a su proyecto de regulador único de las telecos- Reding ondea con más fuerza la bandera de la separación funcional de los grandes operadores y empuña además un nuevo florete, el de los precios del ADSL, del roamimg y los sms y la terminación de las llamadas con la que azota a las grandes telecos europeas, a pesar del riesgo de desincentivar la apuesta por infraestructuras, ahogar sus ingresos y estirar los precios en otras costuras. Ahora que comienza su último año al frente de la cartera de telecomunicaciones, le ha puesto fecha a su terremoto para evitar que se quede en algarada. Y se juega el todo o nada antes del 1 de julio, con el ultimátum a las operadoras de móvil para que rebajen el precio del ‘roaming’ de los mensajes de texto, la transmisión de datos y el precio de la terminación de llamadas. Por si acaso, ahora –  con el apoyo de Bruselas y a imagen y semejanza  de EE UU-, echa a las operadoras de móvil el ‘caramelo’ de la puerta abierta al cobro a los usuarios por aceptar llamadas en sus móviles. Una puerta por la que entrar a un nuevo modelo de negocio en el que aminorar los daños de los planes de Reding en las cuentas de las operadoras, que pueden alcanzar hasta un 18% de sus ingresos.

Pero también un seísmo capaz de sacudir la geografía del mercado de las telecomunicaciones, alterar el sistema de facturación y colocar patas arriba el esquema de ingresos y sectores de las grandes telecos. Se ha empeñado en verse a sí misma como la ‘Juana de Arco' de la competencia en las telecomunicaciones europeas. Consciente de que la Comisión Europea no tiene por ahora potestad directa para imponer precios a los operadores móviles, su baile del chantaje pasa por lanzar una consulta con la esperanza de que acabe transformándose, a finales de año, en una recomendación pública para presionar al conjunto de los reguladores nacionales, si alguno- el británico Ofcom está en ello- entra al trapo de sus "revoluciones". Asegura que lo que quiere es "despertar a las operadoras europeas", pero lo que ha conseguido hasta ahora es indignar a las grandes telecos, espantar a los operadores históricos y aglutinarlos en contra -una tras otras- de todas sus propuestas. Sostiene su pulso aunque los Veintisiete han comenzado a cortarle las alas a sus iniciativas. Salvo Italia, hoy todos los Gobiernos se oponen a su plan para un gran regulador europeo. Y la mayoría están, con las grandes operadoras, en que la segregación, innecesaria, sólo frenará la inversión y congelará el salto tecnológico que el Viejo Continente necesita. Corre el riesgo de quedarse fuera de juego en la mayoría de sus algaradas si la ‘sarkodiplomacia' no acoge sus propuestas bajo el paraguas de la presidencia gala de la UE a partir del 1 de julio. Sin el respaldo de la Comisión, de los Estados Miembros y del Europarlamento, la luxemburguesa puede ver cómo su revolución se convierte en batalla campal en el sector y en la antesala de su estancamiento.

Obsesionada en "incentivar un mercado único" de los móviles, está decidida a pasar a la historia como el azote de las operadoras de telefonía. Tras rebajar unilateralmente el precio de las llamadas en roaming, Reding se ha embarcado en el recorte de las tarifas mayoristas de terminación que se cobran entre sí las compañías de móvil y que suponen entre el 15% y el 30% de sus ingresos y una parte sustanciosa del alimento para sus inversiones. Las propuestas iniciales de la Comisaria se sitúan en un precio de entre 1 y 2 céntimos por minuto o la eliminación por completo de la figura del precio de terminación frente a los 9 céntimos que se cobra, de media, en España. Todo con tal de enarbolar la supuesta bandera del ataque a lo que considera un subsidio cruzado entre dos operadores. Pero eliminar la terminación supondría que los operadores que reciben una llamada en su red no pudieran cobrar nada a los operadores de los clientes que realizan la llamada. Un torpedo en la línea de flotación de las operadoras de móviles en el Viejo Continente. El Grupo Europeo de Reguladores, integrado por las comisiones de telecomunicaciones nacionales de los 27 países de la UE considera que hace falta intervenir para limitar los precios de los mensajes de texto de itinerancia, mientras que la itinerancia de datos, aún en sus primeras fases, requiere un estudio más detallado. Por otro lado, la Comisión ya ha puesto límite a las tarifas de itinerancia de los móviles en el extranjero.

Susto o muerte, la Comisaria advierte a las empresas en España que tienen hasta el 1 de julio para adaptar sus tarifas de sms en el extranjero-que representan alrededor del 14% de su facturación total- y del acceso a Internet desde el móvil en roaming, o  por lo menos para alinearlas con la media de Europa. Si no, será ella misma la que se tome "a gran velocidad"- promete- la ley por florete e intervendrá los precios máximos que pueden cobrar las compañías. Reding cultiva su vocación "armonizadora" de espaldas a dos realidades: el hecho de que, aunque la horquilla de los Veintisiete para los precios de terminación va entre los 2 y los 9 céntimos de euro, los cinco grandes mercados están cercanos entre sí, con precios que oscilan entre los 6 y los 8 céntimos por minuto. Y que el seísmo de sus azotes, paradójicamente - para sus aspiraciones- es más doloroso cuanto menor sea el tamaño y el pedigrí de la compañía y menos clientes tenga a su alcance. De los más de 20.000 millones de euros que ha facturado el sector de los móviles en España durante 2007, más de 3.500 millones -un 18% de media- procederían de la terminación de llamadas. Si el recorte se aplicase en un periodo muy corto de tiempo, las cuentas de los operadores no podrían soportarlo y deberían reducir los costes -y, por tanto el empleo- así como las inversiones en nuevas redes a las que los españoles destinan más de 2.000 millones de euros anuales. O se verían abocados a un aumento de  los precios de las llamadas salientes para compensar la caída de ingresos.

Bruselas ha comenzado a reconocer que este sistema favorece la implantación un nuevo modelo de negocio en el que cada compañía de telefonía móvil sólo facturaría a sus clientes directos y no tendría que facturar ni pagar a otros operadores. La Comisión Europea está dispuesta a aceptar que los usuarios de teléfonos móviles en la UE tengan que pagar por recibir llamadas, tal y como ya ocurre en Estados Unidos. Una vía de escape para bajar las lanzas de las grandes operadoras, en alto por la propuesta de Reding para la telefonía móvil. Una ‘revolución' que topará, como en todas sus revoluciones, con la realidad del mercado, la posibilidad de subidas de otras tarifas para compensar los ingresos y las rebajas en las inversiones en las grandes compañías, obligadas en todas las aristas del sector a mejorar infraestructuras, justo a las puertas del gran salto tecnológico, cuando- entre otras cosas- se debe invertir masivamente para sustituir las líneas de cobre por la fibra óptica.