Monitor Político
Rajoy entierra el aznarismo y abre al PP a un nuevo ciclo
El presidente del PP ha logrado matar al ‘padre’, a costa de dividir al partido.
Teo Garay.-El aznarismo quedó enterrado este fin de semana en Valencia, donde Mariano Rajoy revalidó su liderazgo en el partido con un voto de castigo del 16%, los votos en blanco que recibió su candidatura. Nunca antes un congreso popular había registrado tanta abstención. Son las heridas de esta lucha telúrica del centro-derecha que ha dado la victoria, de momento, a Rajoy. El vencedor anunció ayer su intención de no prescindir "de nadie", aunque ha dejado fuera de la nueva dirección del partido a todos los que le pusieron a caldo en público en estos casi tres meses de debate precongresual. Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, es vista como la gran perdedora: "Soy el verso suelto dentro del poema", reconocía ayer parrafraseando la famosa frase de su eterno rival, Alberto Ruiz Gallardón, el alcalde de Madrid quién -él sí- salió elegido miembro del Comité Ejecutivo.
La escenificación de la ruptura con el aznarismo fue aportada gratuitamente por el mismo padre en persona, José María Aznar, cuando el viernes desairó a su sucesor al negarse a darle la mano a su llegada a la Feria de Muestras, donde se celebraba el XVI Congreso del partido. Ese gesto altanero y sus críticas del sábado a la gestión de Rajoy y a la futura línea del partido durante su discurso no fueron comprendidas por buena parte de los compromisarios. Al fin y al cabo, Rajoy es obra suya y el ex presidente del Gobierno también eligió abandonar el liderazgo del partido y del país motu proprio.
Melena al viento, camisa desabrochada y misiles dialécticos por montera, el discurso de Aznar acabo haciendo daño a los críticos, por cuanto los situó a la derecha más inmovilista. Ése era el análisis del entorno de Rajoy que se preocupó de filtrar a la prensa cómo había llegado el ex presidente al aeropuerto de Manises: a bordo de un jet privado, propiedad de un millonario guatemalteco y acompañado por un grupo de mexicanos, ricos también. El ex presidente llegó incluso a reescribir su propia historia, como cuando destacó que en 1996 el PP ganó primero y luego gobernó con diálogo y con acuerdos. "Por ese orden, que no se nos olvide", orillando detalles como sus acuerdos con IU y Julio Anguita con el que formó la famosa pinza contra Felipe González.
"¿Cómo no vamos a poder dialogar con los nacionalistas para propiciar el bienestar del conjunto de la sociedad española? ¿Acaso vamos a renunciar a acuerdos con ellos para, por ejemplo, combatir los efectos de la crisis económica". Rajoy sacó partido del desaire y se presentó ante los suyos y ante la sociedad como el adalid de la renovación del centro-derecha. Si algo domina es a sus clásicos y ya está acostumbrado a los gestos de un Aznar con el que se distanció en otoño de 2004, tras la pérdida de las elecciones generales y las masacres de 11 de marzo. Fue entonces cuando el PP se sumió en la aznaridad, un estado de permanente revisión de lo que ocurrió aquellos trágicos días, de búsqueda de manos negras sobre la autoría del mayor atentado de la historia de Europa y de constante identificación del nacionalismo con el terrorismo. Pero esta vez el desaire fue público, lo que le valió a Rajoy para marcar distancias con la línea política de su predecesor.
El presidente del PP se presentó como el líder dispuesto a hablar con todos, menos con los terroristas, y presto a dar un giro autonomista al partido. Al fin y al cabo, es consciente de que no es lo mismo CiU que el PNV, el primero con un nacionalismo de corte francés que gira alrededor del idioma frente al segundo, que es de corte alemán y se basa más en la etnia. Cataluña y el País Vasco se han demostrado claves en la reelección de José Luis Rodríguez Zapatero. Rajoy aspira a recobrar votos en esas autonomías y, aunque no lo diga, los indicios apunta a que prepara a su partido para un escenario donde ETA esté cerca de su final y el sector moderado del nacionalismo vasco llame a sus puertas para pactar. En este sentido, Rajoy ha mantenido diversos encuentros discretos con el ex presidente del PNV, Josu Jon Imaz, durante la pasada legislatura, antes de que éste optara por irse a Estados Unidos y no enfrentarse a Juan José Ibarretxe, lehendakari del Gobierno vasco.
EN EL PP VASCO ESTÁN DOLIDOS CON AZNAR
Entre los más dolidos con las palabras de Aznar estaba la nueva dirección del PP vasco: allí comienzan a estar hartos de que María San Gil sea presentada como la única que lucha por la libertad o que arriesgue su vida frente al terrorismo etarra. "Muchos antes han dado su vida y ni siquieran los citan. Ya basta de tanto proclamar las esencias; las esencias se llevan puestas al salir de casa", sentenciaba un compromisario, vasco para más señas, con varias décadas de vida amenazada.
El PP vasco es la organización que más sufre por esta división interna. Los militantes optan allí por la discusión a puerta cerrada o por el abandono de la política activa. La quiebra del partido tiene un epicentro en Jaime Mayor Oreja que se ha resistido con uñas y dientes a perder su control de ese territorio cuando se fue al Parlamento vasco. Primero dejó el partido en manos de una persona de su confianza Carlos Iturgaiz, y luego logró que fuera elegida María San Gil en detrimento de la desaparecida Loyola de Palacio. Pero San Gil se ha ido ahora a casa, no sin antes ver cuestionado su liderazgo entre los populares vascos cuando echó un pulso al entorno de Rajoy con motivo de la ponencia política del congreso de Valencia. "Esta cita tiene un nombre propio: María San Gil", decía Mayor Oreja al entrar en el cónclave popular. Pero su empeño por seguir controlando el PP vasco empieza a perder adeptos.
Rajoy dio un contundente portazo a los más críticos. En especial a Ignacio González, vicepresidente de Esperanza Aguirre y destacado crítico. Sale de la dirección del partido, a pesar de que su jefa lo recomendó para el puesto ignorando el hecho de que Rajoy le había pedido que le recomendara candidatos para la Ejecutiva, pero que no quería a su lado a González. Su respuesta fue no acudir a la clausura del Congreso. También quedaron fuera los más cercanos colaboradores de José María Aznar, como son Carlos Aragonés, Gabriel Elorriaga o Juan Costa, aunque continúa Miguel Ángel Cortes. Curiosamente Cortés no había criticado a Rajoy en público.
El aguirrismo se han convertido ahora en un verso suelto, aunque la poderosa líder madrileña tenga en la Ejecutiva a personas de su confianza como Manuel Lamela. Las espadas de la disidencia están en alto y queda mucho tiempo de desgaste hasta las elecciones generales de 2012. Pero los partidos políticos se han convertido en poderosas máquinas capaces de destrozar las voces críticas con sólo condenarlas al ostracismo financiero y mediático. Será María Dolores de Cospedal, la nueva secretaria general del PP, la encargada de encauzar este río para evitar una ruptura del PP por la derecha en este nuevo ciclo.