Citigroup y Goldman Sachs se aprietan el cinturón y nublan Wall Street
Parecían las ovejas negras, pero Lehman y Bear están cada día menos solas en el rebaño de los quebrantos de la banca estadounidense. De espaldas a las previsiones de Bernanke, Bush y el mismísimo FMI, que auguran la luz pronta al final de túnel de las turbulencias financieras, Citi- convertido en el segundo banco más afectado a nivel mundial por la crisis financiera con unos 33.000 millones de dólares (20.824 millones de euros) en amortizaciones- deshoja la margarita de nuevas desdichas. El trío de sus maldiciones lo incluye todo: acumula más de 15.000 millones de dólares en pérdidas en los dos últimos trimestres (9.672 millones de euros), prevé amortizaciones "considerables" y ahora reconoce que planea reducir en un 10% su plantilla de banca de inversión, lo que supone unos 6.500 despidos como carta de presentación del recién llegado John Havens. La misma senda que transita Goldman Sachs, que ha comenzado a aplicar recortes de personal en su plantilla que ya alcanzan los 400 despidos entre el primer y segundo trimestre del año.
El banco, que hasta el momento ha aguantado bien la crisis crediticia, ha comenzado a despedir a empleados experimentados de sus departamentos de fusiones y adquisiciones y otros departamentos. Según publicaba el ‘Daily Telegraph', la entidad bancaria estaría dispuesta a recortar hasta un 10% de su plantilla en ciertas secciones.
Citigroup, que tiene más de 350.000 empleados en todo el mundo, había reducido su fuerza laboral en unos 9.000 trabajadores hasta fines de marzo. El presidente ejecutivo Vikram Pandit y John Havens, jefe del negocio de clientes institucionales de Citi, han estado buscando reducir el tamaño de la división, así como cambiar su cartera de negocios, para reflejar el deterioro de las condiciones del mercado. Dentro de los recortes, podrían eliminarse mesas de intermediación completas, que fueron golpeadas por la crisis de créditos.
Lastrado por los temores de problemas en el sector financiero y los altos precios del petróleo, Wall Street tiembla, volátil, con la fiebre de Bear Stearns, de Lehman Brothers- abocada a ampliar capital por valor de 6.000 millones de dólares para hacer frente a las pérdidas de 2.800 millones de dólares y a la venta de 130.000 millones en activos-, de Washington Mutual y Countrywide. Una fiebre que afecta a Morgan Stanley, Merrill Lynch, Bank of America, JPMorgan y Goldman Sachs y ha llevado al CEO de Wachovia a la calle. Y a JPMorgan Chase a estudiar una posible fusión con Washington Mutual, que ha despedido a Killinger tras reconocer pérdidas netas de 1.400 millones de dólares en el primer trimestre. Y contagia sus temblores a las Bolsas europeas. Hace semanas que los analistas le han dado la espalda a Bear con su diagnóstico. Y que sus propios compañeros lo han puesto en cuarentena, para blindarse del contagio. Es la propia Goldman Sachs la que recomienda deshacerse de títulos de negocios financieros y de consumo, debido a la incertidumbre económica. Pero el rebaño de las zozobras de la banca estadounidense crece, notario de que la crisis bancaria sigue viva y lo estará, al menos, hasta que se recupere la confianza entre los actores del sistema.