Lula busca la puerta hispano-gala para su ‘revolución’ del biodiésel
Repsol, socia ya en proyectos de Petrobras, en la ‘pole position’ las candidatas
EE UU se ha resistido a la pica en Flandes de su etanol, así que ahora, con el ariete de su compañía estrella, quiere hacer las ‘Europas’, a ser posible por la puerta de Alcalá o a través del Arco del Triunfo. Jura Lula- a la vista de los descubrimientos de Petrobras- que Dios es brasileño y quiere una ‘sucursal del cielo’ en tierras galas y españolas para hermanar sus dos revoluciones: la de los biocombustibles y la del gigante de la energía brasileña. Una alfombra roja con la que despejar la producción y aprovechar las grietas del primer productor y consumidor mundial de biodiésel-la UE- ahora que el etanol brasileño se ha sentado en el banquillo de los acusados de la OMC y el FMI que EE UU deja claro que no renunciará a los aranceles. Lula y Gabrielli buscan hueco en el mercado europeo, de la mano de algún socio local, con el que esquivar los muros comerciales a su biodiésel, compartir riesgos, establecer plantas de producción en suelo europeo y hacerse con una catapulta con la que esquivar los aranceles, el talón de Aquiles de su ‘revolución verde’. Repsol YPF aguarda en la ‘pole position’ de los pretendientes: tiene experiencia y una historia de alianza estratégica con Petrobrás que hasta ahora le ha dado más de una alegría petrolera. Competirá con los brazos energéticos de Sarkozy, que coquetean con el biodiésel de la estatal carioca, ahora que el Elíseo ha dejado claro que está dispuesto a poner puente de plata a las pretensiones atómicas y militares de Lula y su Consejo de Seguridad y ayudar en el submarino que Cristina Fernández le ayudará a construir.
El desembarco en la tierra de las oportunidades con la bandera del etanol se le ha resistido más de lo previsto. Pero Lula y Gabrielli empuñan la enseña del biodiésel y ponen rumbo a la UE. Petrobrás se frota las manos pensando que la compañía se transformará en la tercera empresa del mundo por detrás de Exxon Mobil (EEUU) y British Petroleum. Y podrá mirar por encima del hombro a PDVSA. Y le lava la cara a sus tarjetas de visita. Tras el descubrimiento de posibles grandes reservas de crudo en las costas brasileñas, estimadas entre 50.000 y 60.000 millones de barriles de crudo, lo que supone un avance frente a las actuales de 14.400 millones, la paraestatal afina sus encantos y anima a los inversores a 'comprar un billete ganador de la lotería'. El del petróleo y el del biodiésel. Gabrielli. La hermandad en el Viejo Continente, con las empresas españolas o francesas, con el biodiésel como oficiante, puede tener contraprestaciones en la otra hermandad, la de la explotación de las nuevas reservas. Eso será, sólo, si el Palacio de Planalto hace caso de Gabrielli y cambiar las leyes que regulan la industria del petróleo para hacer frente a su futura condición de gran país productor de crudo.
Ebrio de poder y de deseos, Lula se aferra a su uniforme de "emperador de los biocombustibles". Pero ahora que sus ambiciones hemisféricas se despejan, que los desmanes de Chávez, la impotencia energética de Morales y los descubrimientos brasileños se lo han puesto fácil al desfile de las glorias petroleras de Petrobrás, esa otra "revolución" que iba a hacer de Brasil la ‘Arabia Saudita del biocombustible', su deidad verde, se ha convertido en un ángel caído, que en lugar de sueños trasatlánticos y las promesas de Bush de una OPEP del etanol, colecciona aranceles en EE UU y nuevos competidores en Colombia, Argentina y Perú. La conquista de las economías en desarrollo no va a ser tan fácil como Brasilia pretendió. El etanol, la que iba a ser la gallina brasileña de los huevos de oro no acaba de despegar. Los aranceles, el poderío del Real, las dificultades de suministro, el alza del precio del azúcar, las dudas en el mercado internacional sobre sus ventajas y, sobre todo, los recelos estadounidenses a comprar con las condiciones ventajosas que Lula quiere para sus productos. Todo se ha aliado en contra. La maldición del ‘pato cojo' y el proteccionismo pesan más que la sintonía con Washington en la producción de biocombustibles y las promesas de Bush. De poco le ha servido al Palacio de Planalto la fiebre de los biocombustibles que desde hace meses ha poseído a la Casa Blanca y el Congreso, deseosos de superar la dependencia energética de un país que importa el 60% del petróleo. Es cierto que EE UU propone alcanzar los 135.000 millones de litros de etanol en 2017, pero sólo Lula y Bernanke creen que debe ser etanol brasileño a base de caña de azúcar- más barato y menos contaminante- antes que el bioetanol a base de maíz producido en EEUU. La Casa Blanca se niega a hablar de la reducción del arancel de 54 centavos por galón (3,8 litros) a la importación de etanol brasileño y, sólo hay que observar la trayectoria del TLC con Colombia y los discursos de Obama sobre Nafta para entender que en el Congreso no hay interés ni de demócratas ni de republicanos por tomar medidas que enfaden a los agricultores a las puertas de las presidenciales. La renovación del arancel, en diciembre de 2009, caerá por su propio peso.
La realidad ha burlado los planes brasileños, pero ajeno a esa tormenta exterior para el biocombustible, el ‘rey del etanol' no se apea del cuento de la lechera de su revolución, no baja el ritmo de las inversiones faraónicas. A la vista de que la conquista a golpe de etanol ha chocado con mil y un muros propios y ajenos, es la hora del biodiésel. Y del Viejo Continente, dispuesto a pescar en las aguas revueltas de la batalla antidumping en una UE, alzada de manos ante las subvenciones estadounidense a la producción de biodiésel y sus efectos. EE UU otorga 6.000 millones de dólares cada año a los biocombustibles. La guerra de las subvenciones no es menor para una UE en la que el biodiesel representa hasta el 80% de la producción total de biocarburantes. Tanto como para someter a investigación de la CE las ayudas estadounidenses y para estudiar hacer causa común con Brasil. De la mano de Petrobras, busca la grieta para desembarcar en la playa de las necesidades del Viejo Continente, que se ha propuesto para 2020 alcanzar el 10% de uso de estos carburantes para el transporte. Lo anima la masa de inversores locales y extranjeros, con Italia, los Países Bajos y los nórdicos en cabeza, que han acudido al "panal de rica miel" lulista. La UE, que produce esencialmente biodiesel, está atrasada en la producción de biocombustibles. Pero la Agencia Europea del Medio Ambiente recomienda suspender el objetivo del 10% para los biocombustibles. Y en Inglaterra ha comenzado a regir el corte obligatorio de los combustibles con un 2,5% de sus pares ecológicos, pero Reino Unido está evaluando producir etanol en Mozambique para reducir la dependencia brasileña. En todo caso, el brasileño sabe que el desembarco en el Viejo Continente será por un puente surcado de aranceles. Salvo que sea de la mano de socios locales. Aliados para Petrobras, no sólo para las operaciones- la instalación de fábricas de biodiésel en territorio europeo con materia prima vegetal, parte de ella quizá brasileña- sino como ‘introductor de embajadores', a la vista de las dificultades de su revolución de los biocombustibles. España- "líder europeo" en consumo de bioetanol y el quinto en producción de biodiésel- puede ser la tierra de las oportunidades para los planes del biodiésel brasileño. La necesidad del mercado está servida. Y los posibles partners aguardan. El consumo de biocarburantes representa aún solamente el 0,44% del mercado nacional de gasolinas y gasóleo para el transporte, muy lejos del objetivo de un 5,75% fijado por la UE para 2010. En base a datos de la Appa, el cumplimiento en materia de biocarburantes requerirá entre 2005 y 2010 una inversión acumulada de al menos 1.500 millones de euros por parte de la industria. Petrobrás está dispuesto a ponerle apellido.
Repsol YPF- que rompió hace ahora un año la sociedad conjunta que tenía con Acciona para desarrollar inversiones de hasta 300 millones de euros en la construcción y desarrollo de hasta seis plantas biodiésel- está en la pole position de los pretendientes. No en vano está hermanada en las mieles de los descubrimientos de Carioca y Santos con Petrobrás, con la que ya tiene acuerdos de exploración y producción de crudo. De hecho, en abril anunciaron, junto con BG Group, el hallazgo del que podría ser el mayor descubrimiento de hidrocarburos del mundo en los últimos 30 años, Carioca, podría contener 33.000 millones de barriles equivalentes de petróleo y gas natural, cinco veces más que el gigantesco reciente hallazgo Tupi. La compañía que preside Antonio Brufau se entrega a la samba de los descubrimientos en Brasil. Repsol ha hecho de las tierras cariocas el paraíso de sus descubrimientos petroleros. Lo fue ya el de Carioca en noviembre, la que se supone será la mayor reserva de Brasil. Y lo es ahora la bolsa de Guará, recién encontrada en la cuenca de Santos. La miel en los labios de la prudencia vive en Brasil, donde ha iniciado la perforación exploratoria de Guará y avanza en Carioca, que desgranará sus primeros resultados a partir de este mes y comenzará a producir en 2012.