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Publicado el jueves 26 de junio de 2008
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Barclays busca apoyo en el poderío de los fondos soberanos asiáticos


Le saca, de nuevo, los colores a la City. Con sus debilidades expuestas al sol londinense y sus activos a la mano de los fondos soberanos y el capital asiático, el  tercer mayor banco del Reino Unido por capitalización bursátil encarna los peores presagios que anunció el regulador bancario -la FSA- en las tierras ‘de su graciosa majestad’: ésos que juraban que los bancos y las cajas de ahorro del Reino Unido enfrentan las condiciones más difíciles desde principios de los 90. La ampliación de capital de 4.500 millones de libras (5.700 millones de euros) le permitirán capear la tormenta financiera, fortalecer su base accionarial y de capital, financiar su crecimiento y salir de nuevo a la caza de nuevas oportunidades en banca minorista y comercial. Pero a cambio, con los 1.576 millones de nuevos títulos, abrirá la puerta de par en par a la Autoridad de Inversiones de Qatar, Temasek de Singapur, China Development Bank y el japonés Sumitomo, que aspiran hasta a un 18% del capital de la entidad británica.

La Autoridad de Inversiones de Qatar aportará 1.764 millones; China Development Bank y Temasek, que el año pasado ya entraron en el accionariado de Barclays, se han comprometido a comprar acciones en la ampliación por valor de 136 y 200 millones de libras, respectivamente. Tras la operación, la entidad china mantendrá su actual 3% del banco británico, mientras que el fondo de Singapur subirá del 2% al 3%. Challenger, otro fondo quatarí, participará con 533 millones. Sumitomo, por su parte, va a invertir 500 millones de libras en un tramo especial de la ampliación, con lo que se hará con un 2% de Barclays. El banco japonés se ha asegurado la compra de las acciones (no depende del grado de suscripción de los actuales socios), aunque paga un precio más alto: 296 peniques, frente a 282 peniques del resto de la ampliación. Ésta es la segunda vez en lo que va de año que un banco japonés sale en ayuda de un grupo extranjero. El pasado enero Mizuho anunció una inversión de 770 millones de euros en el grupo financiero estadounidense Merrill Lynch a causa de las pérdidas por la crisis de las hipotecas 'subprime'.

La apuesta más espectacular es la de la familia real de Qatar, pese a que uno de los miembros de la familia Al-Thani desveló esta semana un pleito con el banco británico por un supuesto fraude en la sucursal de Marbella. A través de QIA y de la sociedad de inversión Challenger, los Al-Thani están dispuestos a comprar títulos de Barclays por valor de 2.297 millones de libras, la puerta abierta a convertirse en los primeros accionistas de Barclays con un 9,99% del capital. No es probable que alcancen esta participación, ya que depende del grado de suscripción por parte de los actuales accionistas, pero QIA y Challenger están dispuestos a asumir todos aquellos títulos que no encuentren comprador, hasta los 2.297 millones.

Barclays obtendrá unos 500 millones de libras (632,2 millones de euros) mediante la emisión de 169 millones de acciones que serán adquiridas por el banco comercial japonés Sumitomo Mitsui Banking Corporation (SMBC) a un precio individual de 2,96 libras (3,71 euros). Los otros 4.000 millones de libras (5.059 millones de euros) provendrán de la emisión de 1.407 millones de nuevas acciones a un precio individual de 2,82 libras (3,56 euros).

Barclays sigue a otros bancos británicos que también emitieron nuevas acciones para mejorar su liquidez. Sin embargo, el método utilizado por el Barclays es distinto del recientemente empleado por esas otras entidades, que optaron por ampliaciones de capital mediante la emisión de derechos sobre acciones. Si, como amenazaba Bryan Sanderson, presidente de Northern Rock, lo que está en juego es "la reputación de Londres y del Reino Unido como centro financiero internacional", pintan bastos para su prestigio. Las debilidades les han quedado al aire ya hace semanas: el impacto de las turbulencias del mercado del crédito, cuando no directamente la sacudida de las ‘subprime' han tocado la línea de flotación de un puñado de los grandes buques financieros del Reino Unido, que hacen aguas a ojos vista, impotentes para achicar el agua de una tormenta que va a costar a la City londinense 40.000 empleos este año. La City no gana para disgustos, ni para rescates.

Ni el torniquete de las provisiones propias, ni el flujo del BCE, ni los esfuerzos paternalistas de Downing Street desde principios de año, ni la nebulosa del BoE con el tardío canje de 50.000 millones de libras de bonos del Tesoro por hipotecas de los bancos y los vaivenes de la política monetaria de Mervyn King-- tan pronto baja tipos como sugiere la subida a Trichet- son suficientes para taponar la vía de agua financiera. Menos aún si, como descuentan los analistas locales, la banca inglesa necesita aún 40.000 millones de euros para saciarse. A la ampliación de capital de 15.192 millones de euros del Royal Bank of Scotland (RBS)- la mayor en la historia bancaria de la UE- y el despido de la cuarta parte de su plantilla le siguieron los pasos del Halifax Bank of Scotland (HBOS), el principal banco hipotecario del país, con una emisión de derechos por 5.000 millones de euros y el Bradford & Bingley (B&B), 258 millones de libras (326 millones).