Monitor de Latinoamérica
Cristina condena el ‘milagro argentino’ al purgatorio
-Lugo le da fuelle a la chispa bolivariana
A. Zarzuela.-Pasó de ser una primera dama de porcelana a llevar- al menos de cara a la galería- las riendas de un ‘tango furioso’ en la rebelión del campo. Pero la gaucha se enreda en su lazo. Incluso ahora, que la bronca ha pasado al Parlamento y el boicot es sólo humo, su plan de retenciones a la exportación y la inercia de una nave que ha dejado con el piloto automático no hacen más que retumbar en las debilidades del modelo heredado de Kirchner. Ése que prometió aupar Argentina desde limbo hasta el cielo de las economías emergentes. Ni la inercia de un crecimiento -que será mucho menor de lo esperado- y el superávit, ni el salvavidas de la bonanza de los aires del mercado internacional de las ‘commodities’ parecen suficientes para evitar que, por esta ruta, la economía encalle a medio plazo, o al menos, no pueda aprovechar su mejor racha en veinte años. Para una presidenta que dejó de lado los planes para atraer inversiones, contener la inflación y salir a ganar nuevos mercados, los daños al ‘milagro’ van mucho más allá de la psicosis entre consumidores, el recorte del crédito, la ruptura en la cadena de pagos y la pérdida de 2.000 millones de dólares de reservas. Con el lastre del ranking de riesgo- país más alto de la región, baila con los peores fantasmas que heredó, en un terreno de juego acotado por el populismo al que da cuerda a golpe de consumo interno y gasto público. Paga su quietud con la misma intensidad que las sacudidas de la impotencia energética bolivariana. Apuros para los inversores y el sector empresarial. Malos augurios para el capital, que desde hace semanas busca la puerta de atrás del ‘quilombo’ argentino camino de la fiesta brasileña.
La inercia por dejarse flotar y achicar sólo la vía de agua de la crisis agrícola la llevan ‘cuesta abajo', como en el tango. El seismo argentino que se esperaba para 2009 se adelantará varios meses. El cocktail de las turbulencias del campo-y sus efectos sobre el consumo, la producción y la confianza de consumidores e inversores- se ha confabulado con la querencia de Cristina por el piloto automático para su modelo económico. Juntos, prometen llevar a la aeronave gaucha por los cielos del agravamiento de los problemas inflacionarios, la contracción del consumo, la salida de capitales, la dependencia de las importaciones, el estrangulamiento de las arcas públicas y la desconfianza de las multinacionales, ahora que los tres motores- el consumo interno, el superávit comercial y el gasto público- pueden empezar a ahogarse.
No es sólo la popularidad de la presidenta la que ha caído más de 36 puntos en lo que va de año. Las calificadoras, con S&P en cabeza, dejan al país cuatro escalones por debajo del grado de inversión (B+) y descuentan que el modelo hará aguas si no se reconduce su destino. A pesar de los esfuerzos del Banco Central por apuntalar las cotizaciones de los bonos durante los 100 días de la ‘guerra del campo', por primera vez, desde que Argentina salió del default a fines de junio de 2005, el índice de riesgo país supera al de Ecuador y Venezuela y se convierte en el más alto de toda la región, a más de 400 puntos del brasileño, con el que estaba hermanado hace apenas un año. Y es que la barra libre de los Kicrhner comienza a escasear, aunque con holgura fiscal, de recursos externos y políticos, el Gobierno no percibe la necesidad de hacer algo. Cristina llegó a la Casa Rosada capitalizando los logros de su marido, del que recibió un crecimiento récord en torno al 9% y un superávit consecutivo sin precedentes en 130 años de historia. Y, dado que la inflación desbocada le costó ya diez puntos de intención de voto en el sprint final de la carrera electoral, creyó que la mejor forma para ella de no hundirse era, simplemente, dejarse flotar. Pero ‘el tango' ha cambiado de ritmo: La producción industrial pasó de 9.7 a 4.5 puntos.
Las ventas y el consumo minorista de marzo a mayo bajaron a 3,3 puntos. Hay una caída de depósitos y un alza de tasas de interés. Cristina preside una segunda "era K", ya no podrá vivir de las rentas de las promesas peronistas de su marido; no podrá nadar con dejarse llevar a lomos de una bonanza macroeconómica que decae: el PIB ha registrado un crecimiento interanual del 8,4% en los tres primeros meses de 2008- antes de la crisis- pero sólo del 0,6% respecto al último trimestre de 2007 y los analistas privados descuentan que apenas crecerá este año entre un 5 y un 6%, dos puntos menos de lo esperado por la Casa Rosada. Desde el corralito en adelante, la bancarización en el país se tornó lenta y no llegó a formarse un mercado crediticio de plazo y condiciones que alienten la entrada de inversiones. La relación entre los préstamos y el PIB era de 33 % antes de la crisis de 2001, mientras que recién ahora alcanzó 13 %, muy lejos aún del 21 % de México, al 33 % de Brasil y al 55 % de Chile.
No es Standard & Poor's el único que descuenta que el actual paquete de políticas acrecienta la posibilidad de que continúe el aceleramiento de la inflación, lo que podría debilitar la cohesión social y generar una mayor intervención directa del gobierno en la economía. Y es que la inercia juega en contra de la nave argentina y no será suficiente para la futura presidenta con sostener y no enmendar el modelo productivo, demasiado dependiente del gasto público, del precio de las materias primas y de la exportación. Un modelo recalentado, muy dependiente del consumo y el precio de las materias primas, ligado al intervencionismo, que alimenta la economía y trata de ponerle coto al alza de precios a golpe de subvenciones, restricciones a la exportación y precios bajo control. El país se encuentra en peores condiciones para consolidar su crecimiento que otras economías emergentes, la tasa de inversión pública no supera el 23% del PIB, ha desaparecido el superávit energético y no será fácil mantener la actual política de subsidios cruzados. Cristina Fernández tendrá que gestionar un modelo económico erosionado y atreverse a abordar las aristas que su antecesor no quiso: enfrenta una inflación que la patronal y parte del sector financiero cifran en torno al 25%; encara la necesidad de sellar la ‘paz social', apaciguar a un sector empresarial muy soliviantado- por la intervención pública en los precios, acorralado entre la congelación de las tasas, la presión de los índices de inflación y el miedo a la falta de energía- y la obligación de asumir los deberes por hacer con la deuda externa. Un retorno a ciertos cánones de ortodoxia macroeconómica: dejar el dólar quieto, llevar a cabo una reforma del sistema fiscal federal, mejorar la distribución del ingreso y, una vez que haya roto con la esclavitud que K tuvo de su propia retórica populista, llegar a una subida de tasas del 15-20%, ya que sólo así se favorecerán las inversiones imprescindibles para el desarrollo sostenible del país, sobre todo en su vertiente energética.
El consumo fue, hasta el momento, el principal motor de la economía. Pero este escenario se vio modificado por la desaceleración, producto del estancamiento del salario real por la creciente inflación, el menor dinamismo en la creación de puestos de trabajo y las limitaciones que presenta el crédito al consumo (tarjetas y personales): el endeudamiento de las familias alcanzó niveles pre-crisis y las líneas de crédito irregulares se duplicaron entre marzo de 2008 y 2007. La desaceleración del sector productivo ha comenzado a dejar huella: la brecha de crecimiento entre la demanda y la oferta de bienes alcanzó un 2% del PIB y ha entregado al país en brazos de las importaciones. A la vista del limitado acceso al mercado de capitales por parte del Gobierno, la capacidad de la economía para amortiguar un potencial ajuste en la demanda doméstica parece bastante restringido. Mientras se postergan decisiones sobre política económica, se han tomado otras como la de apreciar el tipo de cambio que ha generado un efecto resorte sobre las tasas de interés, que ha frenado el crédito y que provocará el aterrizaje abrupto de la economía. Ya ha comenzado por impactar en los superávits gemelos y en la competitividad a costa de un crecimiento de las importaciones, lo que implica sustitución de producción y empleo domésticos.
Y el esquema de financiamiento en el que se apoya la posición fiscal argentina comienza a enseñar sus grietas. Es cierto que las cuentas públicas siguen dando buenos resultados, gracias al fuerte aumento la recaudación impositiva, que alcanzó los 24.300 millones de pesos, registraron en mayo un superávit de 6.206,3 millones de pesos, lo que representa una mejora de 13,3% frente a igual mes del año pasado aunque muy por debajo de de abril, que había exhibido un avance de 73%. Pero Cristina no se resiste a seguir bailando el tango de los Kirchner con la letra del estatalismo populista y el bandoneón del control de precios, subsidios. Un baile que alimenta el auge de un 40% del gasto público. Lastrado por mayores erogaciones para financiar los subsidios al sector energético y a los alimentos, el gasto corriente trepó a 12.914,1 millones de pesos, mientras que los ingresos corrientes llegaron a 20.059,1 millones. una fuerte actividad económica combinada con aumentos en la tasa de inflación y en los impuestos sobre la exportación han favorecido en estos años las cuentas fiscales, que arrojarían un superávit primario de 3.3% en 2008. Sin embargo, las presiones salariales, los subsidios y la continua disputa con el sector agrícola, acrecentarán los retos para la política fiscal en los próximos 18 a 24 meses.
EL PURGATORIO ENERGÉTICO
El tango se le prometía feliz a Cristina, que llegó a la Casa Rosada animada a bailar más cercano y más suave con las empresas extranjeras, tratando de hacer virtud de la necesidad de 4.000 millones de dólares de inversiones energéticas; juraba estar dispuesta a la revisión de las tarifas y enseñó su mejor cara a las petroleras. Pero no se ha resistido al son intervencionista que Néstor Kirchner le enseñó, con el límite de las exportaciones de combustibles líquidos, gasolina y gasóleo y el alza de las retenciones. La presidenta quiere pasarle la factura a las multinacionales por un modelo fallido al que da cuerda a pesar de los nulos resultados del intervencionismo: escasez y precios que crecen más allá de las promesas gubernamentales. Contra un precio internacional que roza los 100 dólares, el productor local de petróleo percibe 42. Pero eso no ha variado el resultado: las ventas al exterior han mermado y están fuertemente gravadas, mientras que el gasoil local es insuficiente y las empresas importan volúmenes crecientes. Ahoga a las multinacionales, ahoga al Estado- que no gana para subsidios- y nunca alcanza las expectativas de los consumidores.
Malos aliados para un viaje energético que se promete tormentoso y, a lo peor, a dos velas: La maldición energética se teje a la perfección: la red de distribución del agua en Buenos Aires, obsoleta, requiere bombas eléctricas. Sin luz no hay agua. Y, de fondo, el rastro energético conduce al gas. Desde hace más de un mes faltan combustibles y que la alternativa propuesta por el gobierno, que buscará abastecer el suministro a través de la provisión de un buque de gas metano del Caribe "es hasta tres y cuatro veces lo que costaba el gas de Bolivia. Es pronto para evaluar los pactos con Petrobrás, el comercio con Venezuela necesita de un ducto apropiado; el gas que se importa de Bolivia no alcanza y el proyecto conjunto de 1.900 millones de dólares para construir un con La Paz un gasoducto que cuadruplicaría la capacidad diaria de exportaciones de gas, duerme el sueño de los justos al menos hasta 2011.. El gobierno de Morales tiene sus propias asfixias, produce 40 millones de metros cúbicos frente a una demanda total de 43 millones, entrega 30 millones a Brasil- cuyo contrato incluye sanciones para el proveedor en caso de incumplimiento- y no alcanza para el vecino argentino. Aunque el compromiso era de 7,7 millones de metros cúbicos, sólo ha servido 2,7 millones y Cristina se conforma con el horizonte teórico- y hasta ahora utópico- de 4,6 millones que firmó hace tres meses con La Paz. Amparado en las estadísticas que atribuyen al comercio, la industria y los grandes usuarios el 56% de la demanda, el gobierno carga sobre sus espaldas la reducción del consumo, aún a costa de asfixiar el tejido empresarial e industrial con la misma intensidad que en los dos últimos años. Con el sistema eléctrico al borde de su capacidad de producción, Cristina -reina y esclava del populismo justicialista -se niega a asumir sus únicos puntos de fuga: o se reduce el consumo, o se incentiva la inversión, se sinceran los costes y se permite a las energéticas subir las tarifas, y con los años, se favorecen nuevas fuentes de energía.
Repsol YPF se ha pertrechado de la tormenta. La petrolera se ha tenido que acostumbrar a bailar el tango más apretado con Cristina, ahora que Eskenazi el interes de las provincias petroleras la expectativa de la salida a bolsa y el manto de los Kirchner le ponen música. Sus tarifas más bajas y la ventaja de sus puntos de distribución le han permitido pescar en la cerrazón de Cristina. Calienta motores para el debut bursátil, que llegará después del verano, pero ya hace meses que pesca en las aguas de su vis más argentina, con los resultados, los aliados. Y la expectativa de las provincias petroleras, que han comenzado a tenderle la alfombra roja con la concesión para la construcción del gasoducto de Neuquén y el coqueteo al desembarco en sus acciones, al que a pesar de las distancias, no se resisten.
Lugo le da fuelle a la chispa bolivariana
Llega a la presidencia del socio menor del MERCOSUR jurando que lo suyo está tan cerca- y tan lejos- de Lula como de Hugo Chávez. Pero en su primer mes tras la victoria, el paraguayo ha dejado ver que bajo su sotana de obispo excomulgado hace años, ondea la enseña de la "soberanía energética", la avidez por imitar la senda energética de Morales y Correa y la amenaza de hacer valer la electricidad paraguaya a precio de oro. La originalidad del ‘ex obispo rojo' se viste de chavismo. No ha dudado en escenificar, en el mismísimo corazón de las instalaciones de Pdvsa, que su ‘reino en la tierra' está en el petroreino venezolano. Ahora, a imagen y semejanza del venezolano, amenaza con cortar el suministro energético a la Vieja Europa para vengar la Directiva del Retorno a la Inmigración y con estrenar- con las nacionalizaciones que ya ha aprobado el Congreso paraguayo, en contra del canciller y de la patronal- el víacrucis empresarial con el que Chávez Morales y Correa purgan ya desde hace años a los inversores españoles. Adiós a las promesas de aterrizar en Palacio el 15 de agosto dispuesto a inaugurar una relación estratégica con los inversores españoles, aprovechando la estabilidad económica paraguaya, su potencial energético, la necesidad de mejorar las comunicaciones y las infraestructuras (con 26.000 kilómetros de carreteras y sólo 3.100 asfaltados) y de hacer valer las ventajas arancelarias de las que goza hasta 2012. En 2007, con el sector financiero y las telecos en cabeza, España invirtió en Paraguay sólo 5,4 millones de euros, frente a las inversiones realizadas en Brasil (1.424 millones), Argentina (1.086 millones) o Chile (156,9 millones de euros). Tan sólo países como El Salvador, Nicaragua, Bolivia o Cuba presentan menores operaciones de inversión española que este país latinoamericano.
Aún a costa de tapiar su arco del triunfo en el Mercosur, el orgullo le ha podido a Lugo en la relación con sus vecinos tanto como la sed de revancha en sus relaciones con la UE. Con la misma fiebre de redención bolivariana con la que el gas boliviano, o el petróleo y venezolano se convirtieron en la gasolina para los delirios energéticos de sus mandatarios y en el arma de sus pretensiones hemisféricas, Lugo se aferra al poderío eléctrico de un país que sólo consume el 10% de lo que produce y que suple 19% de la electricidad a Brasil. Paraguay produce abundante energía hidroeléctrica barata a través de tres centrales y está negociando con Argentina la instalación de una cuarta. Una bombona de oxígeno para el triángulo de las Bermudas energético en el que se ha convertido el cono sur. Una bomba de relojería si la convierte en rehén de sus ambiciones bolivarianas y tapia con ellas no sólo su papel en MERCOSUR, sino sus puentes a la UE.