Zapatero enfada hasta a la ONU
La Expo del Agua arrancó sin que el presidente haya nombrado al responsable del agua en su Gobierno
Si los pensamientos privados de Naciones Unidas se pudieran transformar en materia, el presidente del Gobierno estaría ahora convertido en fosfatina. La diplomacia y las leyes de la física han salvado a José Luis Rodríguez Zapatero de las consecuencias del malestar que reina en el máximo organismo internacional contra el Ejecutivo español. La razón estriba en que la ONU apostó fuertemente por Zaragoza como sede permanente de la Oficina para la Década del Agua, doblando la voluntad de los países más reticentes, y ahora se han encontrado con que Zapatero la ha orillado: ha suprimido el ministerio del Medio Ambiente y la gestión del agua ha quedado reducida a una mera dirección general. "Justo lo contrario de lo que defiende la ONU", que demanda a los países que otorguen la máxima prioridad a la gestión del agua para solventar la crisis mundial surgida alrededor de este recurso, sentencian en fuentes diplomáticas. Pero el "despropósito" no termina ahí. La responsabilidad de la gestión del agua en España se ha diluido dentro del complejo organigrama del ministerio de la Triple Eme (Medio Ambiente y Medio Rural y Marino) que dirige Elena Espinosa. La ministra no ha juzgado por ahora conveniente nombrar al director general del Agua, o no ha encontrado a la persona adecuada. Sea por una u otra razón, el caso es que la Exposición de Zaragoza 2008, centrada precisamente en el Agua, arrancó el pasado 14 de junio sin que el Gobierno tenga todavía un responsable del líquido elemento.
Erre que erre, Espinosa sigue sin nombrar al máximo interlocutor del agua, lo que provoca no poco desconcierto entre el cuerpo diplomático acreditado en España que gestiona la visita de sus primeros ministros a Zaragoza sin tener una voz autorizada al otro lado de la línea, cuando no el enviado extranjero de nivel medio recibe un plantón por parte de algún responsable gubernamental. Mientras, los funcionarios de la Triple Eme se impacientan: "todos los viernes esperamos que sea el nombramiento del director general del agua, a ver si este viernes se produce de una vez", reconocía ayer uno de ellos... O no.
El mayor enfado se debe a la supresión misma del ministerio de Medio Ambiente. En la ONU consideran crucial que los países den visibilidad a la gestión del agua. Ése fue precisamente uno de los factores que decantaron la candidatura de Zaragoza frente a otras ciudades: la importancia que daba Zapatero al Medio Ambiente, porque tenía el máximo nivel gubernamental al ser un ministerio. Pero ahora se encuentra con que España, sede de su única Oficina creada a finales del año pasado para resolver esta crisis, ha respondido reduciendo este desafío a una dirección general. Oficialmente, nadie en la ONU reconoce este malestar contra el Gobierno español, pero es un secreto a voces entre la diplomacia de otros países.
El cambio es el resultado de la remodelación del Gobierno emprendida por Zapatero tras las últimas elecciones generales de marzo pasado. La idea de refundir Agricultura y Pesca con Medio Ambiente partió de Miguel Sebastián, el actual ministro de Industria, según sostienen las diversas fuentes consultadas. El entonces profesor en la Complutense, íntimo de Zapatero, se convirtió en su asesor económico durante la campaña y es señalado como el padre de este invento, junto con otra criatura fiscal criticada hasta por Pedro Solbes, vicepresidente segundo: la devolución de los famosos 400 euros en el IRPF.
Por si fuera poco, el Gobierno también se ha saltado una de las máximas recomendaciones de la ONU: que los países nombren una autoridad neutral del agua. Zapatero ha metido en el mismo saco la gestión del agua junto con las de la agricultura. "Una autoridad del agua nunca debe estar mezclada con los regantes", sentencias expertos en este área. La razón: "es difícil aunar la gestión del agua con las presiones de los agricultores. Se precisa, por lo tanto, una autoridad independiente". O, dicho en otras palabras, no se debe poner a la zorra al cuidado de las gallinas.
La gallina es el desafío que se ha impuesto la ONU para 2015: reducir a la mitad esos 1.100 millones de personas que en el mundo no tienen acceso a agua potable y esos 2.600 millones de habitantes que carecen de saneamiento básico. Para ello se precisa toda una revolución en la gestión de este recurso, que pasa por crear en cada país una autoridad del agua neutral y de máximo nivel; unas leyes modernas que favorezcan la gestión responsable de este recurso, así como una información transparente y fiable sobre las disponibilidades de agua dulce y su gestión. Algo en lo que España no recibe buenas puntuaciones, precisamente. La apuesta de Naciones Unidas fue agrupar este desafío bajo un único paraguas: la Oficina de Zaragoza que aglutina los esfuerzos de sus 25 organizaciones, desde la FAO a la UNESCO, y que inauguró en septiembre pasado. Seis meses después, el país anfitrión, España, ha alterado las razones que llevaron a elegirlo.
Ya en clave interna, hasta los propios funcionarios españoles se han revuelto contra la Triple Eme de Espinosa. Así, un informe confidencial elaborado por expertos gubernamentales desaconsejaron el traspaso de las competencias de Marina Mercante al Megaministerio. Tras mucho tira y afloja, se ha optado porque ese área continúe en Fomento. Y es que la ministra Espinosa pretendía captar la interlocución ante la Organización Marítima Internacional. Este organismo -también de Naciones Unidas- es el foro internacional para acordar las capturas y vedas de las especies marinas, pero también para pactar todo lo relacionado con la gestión de buques. Si se hubiera disgregado, como era su pretensión, en la ONU ya se hubieran vuelto locos: "¿Es que teníamos que llevar a las reuniones altos funcionarios con distintas gorras? Uno para las especies y, cuando terminara ese punto del orden del día, que se saliera de la reunión para que entrara el responsable de los buques. Eso no ocurre en ningún lugar del mundo", sostienen fuentes conocedoras de este informe.
Así las cosas, la ONU ha optado por dejar pasar la Expo de Zaragoza y reflexionar tras su clausura, el 14 de septiembre, sobre los pasos posteriores a dar. Nadie lo reconoce, pero en ese organismo internacional hay decepción con España.