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Publicado el viernes 27 de junio de 2008
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A Sarkozy le aprieta la 'pinza' del Magreb

El pinchazo en sus planes para el Mare Nostrum despeja la vía a la influencia española

Nicolás SarkozyA. Zarzuela.– Buscaba el desembarco de la enseña gala bajo el palio de su nuevo rol de ‘Lawrence de Arabia’ de la energía y el comercio magrebíes. La presidencia de turno de la UE y el bautismo el 13 de julio de la Unión para el Mediterráneo iban a ser la puesta de largo de la telaraña que la ‘diplomacia nuclear’ teje que desde hace un año, para desgracia de los intereses españoles. Inversiones para las empresas de enseña gala a cambio de gas, de la puerta entreabierta a las garras de la estatal Sonatrach y de una llave ‘sarkoziana’ para que Bouteflika pueda comenzar a desplegar sus ansias energéticas bajo el paraguas de la OMC. La empatía nuclear no hace falta ni discutirla entre París y Argel. Los nuevos acuerdos la avalan. Pero a Sarkozy le crecen las piedras en el camino de la Unión para el Mediterráneo. Con la ‘ley del embudo’ de las empresas estatales galas- Total, Areva y EDF-  le hace ‘la pascua’ a los sueños que alimentó en Sonatrach y las empresas de Mohamed VI y Gaddafi. Con su urgencia por renovar la pinza franco-germana y aprovechar de ella su rol de potencia nuclear europea ha terminado por apadrinar una cláusula ‘Gazprom’ que pone trabas al desembarco del gigante gasista argelino. Para mayor gloria del Palacio de Santa Cruz y los intereses empresariales españoles en el Mare Nostrum, la fiesta mayor de la ‘grandeur’ francesa, el 14 de julio, no será para Sarkozy el paseo triunfal que tenía previsto, ni por el arco del triunfo de los Veintisiete, ni bajo el palio del nuevo Magreb a la francesa. Para empezar, el idilio con la principal gasista de todo el Magreb y África ya no es un amor en exclusiva. Ni lo será, ahora que Sonatrach hace ojitos por igual a Moscú, deseosa de cuajar una OPEP del gas con Gazprom, que ha abierto su primera oficina en África de la mano de la argelina. A Lisboa, dispuesta a convertirse, con EDP como aliada, en hub del gas hacia Latinoamérica, en competencia con las españolas. Y ahora que construye el gasoducto Mezgaz y Galsi, la puerta a su desembarco ibérivco en toda regla.

Sólo la desconfianza empresarial hermana a ambos lados del Mare Nostrum, con los anfitriones galos en cabeza, los que menos expectativas albergan ya en el proceso. Tal como van evolucionando las cosas, son los españoles- los empresarios más confiados en la Unión para el Mediterráneo- los que retoman la enseña de la esperanza en un renovado proceso de Barcelona. Por si acaso, el desembarco en Oriente Medio y los reinos de la península arábica están en marcha con la Zarzuela en cabeza.

Sarko les vende a sus otrora aliados magrebíes la que dice será la energía del futuro (nuclear) a cambio de la del presente (gas y petróleo), se gana su aval para convertirse en el socio europeo del Magreb y del resto de África, lo mete todo en la caja de la Unión Mediterránea, le pone un lacito y se lo ofrece a los franceses. Pero sus socios- los europeos y los africanos- ya le han dejado claro que no comulgan con sus ‘souvenirs'. Los vecinos magrebíes se niegan a ser los invitados de segunda de un banquete descafeinado, en el que el menú ya no coincide con la carta de la Unión Mediterránea que el Elíseo soñó, condenados a aceptar que se sienten a la mesa 44 ‘comensales más, entre ellos Israel. Y donde antes veían el jugoso bocado del mercado energético europeo, ahora no vislumbran más que "contratos envenenados"- Bouteflika dixit- con los que el Elíseo juega a embaucar sus voluntades.

Sarko prometía a sus socios comunitarios en la Unión Mediterránea dejar de vivir de espaldas en el terreno energético, pero los Veintisiete creyeron que, si volvían las caras, era posible que Berlín, Londres y sobre todo Madrid vieran de nuevo la faz más chovinista y pragmática de la diplomacia-bulldózer del galo, que no le ha hecho ascos a nada, ésa que alimentada por su pasión por convertirse en un ‘Lawrence de Arabia magrebí', adelantó por la derecha a las debilidades y los prejuicios nucleares de sus socios, la que contribuyó ya a que  Sonatrach rescindiera unilateralmente el contrato argelino a Gas Natural y Repsol y la que trató de expandir el matrimonio con GDF mucho más allá del Medgaz. Ni Berlín ni Bruselas ni Madrid han estado dispuestos a que el "efecto Sarko" pudiera reeditarse al calor de una Unión Mediterránea.

Por eso el que iba a ser el altar de las ambiciones de EDF, Airbus o Areva puede devenir en el panteón de los planes sarkozyanos. Frankenstein frustrado, el galo no se da por noqueado, intenta engrasar las lealtades de sus socios magrebíes para que hagan valer los peajes de sus idilios con París- su padrino nuclear- y  cierren filas en torno al nasciturus que él imaginó. No en vano les prometió que no se les molestaría con cuestiones de derechos humanos y democracia. Pero su laberinto geoestratégico lo ha repoblado de minotauros en contradicción y les ha jurado lo que ahora no puede cumplir. Las pinzas- la marroquí, la argelina, la tunecina, la libia y la siria- se le acumulan al galo, llamadas a estorbarse entre sí. Si la mano de Merkel y la Comisaria Ferrero-Waldnele pincharon al ‘soufflé' del Mare Nostrum que Sarkozy cocina desde el día antes de su desembarco en el poder, Gaddafi, Bouteflika y Mohamed VI son, del lado africano, los camareros de los problemas a sus planes de hegemonía energética y comercial.  El inquilino del Elíseo podrá ser su matrona en la Cumbre de julio, pero Bruselas le ha dejado claro que serán la UE y los 18 socios extracomunitarios los encargados de llenar de contenido el futuro de una Unión del Mediterráneo menos exclusiva, paritaria, más democrática, con nuevas instituciones fuera del alcance del bastón de mando galo, con la financiación en cuestión, en una caja común bajo la llave de 44 supervisores y más volcada en cuestiones ambientales, políticas y de cooperación e inmigración de lo que la hoja de ruta comercial y energética de Sarkozy había engendrado. Una arquitectura institucional cuyas filigranas dejan menos espacio a las aventuras francesas. A partir del 1 de enero de 2009 sólo los futuros presidentes del Consejo y la Comisión designados por el Tratado de Lisboa podrán representar a los Veintisiete frente a la Unión por el Mediterráneo.  Por eso, antes de que vea la luz, el galo ha puesto sobre la mesa de los deberes del nasciturus.

 Ni el mapa aguado de la Unión para el Mediterráneo- heredera ahora de la Conferencia de Barcelona - ni la presencia de Israel van a favorecer que los supuestos aliados magrebíes de París se sumen al redil del Elíseo. François Fillon ha pasado la ‘prueba del nueve' de Tel Aviv, pero se ha vuelto a Francia de su visita a Argel sin un compromiso de adhesión a la Unión por el Mediterráneo, ni una respuesta del presidente Bouteflika respecto a si acudirá a la cumbre de París en la que debe lanzarse ese proyecto el 13 de julio. El rey Mohamed VI será sustituido por su hermano Moulay Rachid. Menos aún acudirá Gaddafi. Otrora recibido con los fastos de Degaulle en los campos Elíseos, hace ondear de nuevo el músculo de la Liga Árabe y la Unión Africana.

El chauvinismo vestido de ‘sarkodiplomacia' se cincela a golpe nuclear, disfrazado de política de transferencia de tecnología  a los países emergentes. Y no ha dado a basto para desplegar, pinza tras pinza, su poderío en cada uno de los países del Magreb. Para disgusto del Palacio de Santa Cruz y, sobre todo, de los intereses energéticos españoles y sus limitaciones nucleares- a los que pretende convertir en la ‘cenicienta' de sus planes para África- este año de tour diplomático-nuclear galo ha cosechado ya sus frutos. Con la tricolor en ristre y el mismo ímpetu con el que impulsa los intentos de zafarrancho europeo de EDF, Sarkozy ha tratado de consolidar su rol de nuevo virrey del norte del continente africano e intentó consumarse como el interlocutor oficial y preferente de Gaddafi, de Mohamed VI, o Bouteflika. Autoinvestido en misionero de las compañías energéticas galas por todo el planeta, se ha atrevido a soñar que todos los caminos en el Magreb pasan por París. La necesidad manda para Sarkozy, impulsado por la necesidad de avivar los alientos pro-galos para dimensionar la energía en la región y hablar de tú a tú a Merkel y para medirse con Gerhard Schroeder, actual "Rasputin" del gas ruso de Vladimir Putin y Médvedev. Francia ha hecho valer sus galones de primera potencia nuclear europea en la otra orilla del Mare Nostrum: nuclearizará Marruecos, Libia y Túnez y lo intentará con Argelia.

En las redes del tunecino Zine el Abidín Ben Alí, Sarkozy  ha firmado contratos para la venta de trece aviones 'Airbus' por mil millones de euros, la construcción de una central térmica en el sur por 360 millones de euros abastecida por la francesa Alstom y un acuerdo marco sobre la energía nuclear civil, que abre la vía a la construcción en el país árabe de una central eléctrica antes de quince años, semejante a los alcanzados con Libia, Marruecos, Argelia Jordania  y los Emiratos Árabes Unidos. El su gas y el petróleo de Gaddafi  bien le valieron a ‘Sarko' no sólo los 10.000 millones de contratos, sino la carta verde al suma y sigue en su reconquista, con la firma de un memorando sobre cooperación nuclear que desembocará en la construcción por parte de Francia de una central nuclear en Tajoura para la desalinización de las aguas mediterráneas y dota a Areva, una empresa francesa dedicada al uranio, de permisos de prospección. Argelia se ha convertido en el primer país árabe que establece un plan de cooperación con París en materia nuclear civil conjunta y abre camino a la posibilidad de construir, en el futuro, centrales nucleares en ese país del norte de Africa. Francia le ayudará a dotarse de centrales atómicas en los próximos veinte años, lo que permitirá al país magrebí preparar la era del post-petróleo y al grupo nuclear francés Areva firmar contratos y participar en la prospección de uranio. El relanzamiento de las relaciones entre París y su ex colonia incluye también un protocolo de cooperación militar inédito, que atañe a la formación e intercambios de personal y que debería abrir la puerta a la venta de armamento a Argelia.

Pero maniatado y repudiado, Sarkozy se ha convertido en abanderado sin enseña y sin huestes que lo sigan. La primera energética del Magreb busca ventanas que sustituyan- por si acaso- a las puertas del triunfo parisinas. A la sombra del Foro Euromediterráneo, prosperan la ambiciones de Sonatrach, vestidas de gasoducto: el trans-saharaiano TSGP, cuyos estudios de realización se encuentran actualmente en curso, deberá partir de Nigeria hacia Europa pasando por Argelia, mientras que los gasoductos Medgaz y Galsi conectarán el país magrebí con España e Italia. "El espacio mediterráneo -asegura la argelina- ofrece la oportunidad de interdependencias aceptadas y apoyadas en las complementariedades, que permiten impulsar el crecimiento económico y el desarrollo sostenible". Lo que traducido, negro sobre blanco, supone la voluntad de Sonatrach de aumentar sus exportaciones hasta los 85.000 millones de metros cúbicos gracias a la proximidad y la ventaja competitiva de Argelia en el mercado europeo, a costa de sus necesidades. España- si es necesario y el puente galo flaquea- será la puerta. La estatal argelina aprovecha la presidencia de turno de la OPEP del ministro Chakib Khelil y despliega sus garras, las del comercio, las de la distribución y las del accionariado. Suez está ahora demasiado ocupada con Distrigaz, pero Total y GDF siguen en el baile de pretendientes y socios de la argelina que el propio Elíseo abrió en 2007. Y que ahora Bouteflika ya no ve con tan buenos ojos.  Si en el mercado luso Sonatrach ha conseguido la llave de EDP, en España está dispuesta a enseñar la cara más voraz del ‘Gazprom del Mediterráneo', Tras la arremetida contra Repsol y Gas Natural en Gas Touil, ha venido a campo propio para romper la baraja de la competencia, Argelia, con  el paraguas del Foro Euro-mediterráneo de la Energía -puesto en marcha para desarrollar esa cooperación entre 2008 y 2013- aspira a hacer del Mare Nostrum el patio de sus ambiciones energéticas y de España el atajo de ese desembarco. Ya lo es, de alguna manera: un 87% de los 62.000 millones de metros cúbicos exportados por la compañía estatal en 2007 han sido destinados a ese mercado.