Letra más grande Letra más pequeña
Enviar este artículo a un amigo Imprimir este artículo
Publicado el martes 3 de junio de 2008
Enviar este artículo a un amigo
Email de tu amigo/a
Para que sepa quién lo envía...

Las "revoluciones" de Reding topan con los Veintisiete, las operadoras y España

· Ahora que comienza su último año al frente de la cartera de telecomunicaciones de la Comisión, el mercado ibérico es la obsesión de sus presiones

Viviane Reding,  comisaria de TelecomunicacionesA. Zarzuela.– Ataca de nuevo. Se ha empeñado en verse a sí misma como la Juana de Arco de la competencia en las telecomunicaciones europeas, la Libertad de Lecroix guiando al pueblo. No baja el arma del regulador único paneuropeo y la de la separación funcional de los grandes operadores y empuña además un nuevo florete, el de los precios del ADSL y la contención obligatoria de los precios del roamimg, los sms y la terminación de las llamadas con la que azota a las operadoras, a pesar del riesgo de desincentivar la apuesta por infraestructuras, ahogar sus ingresos y estirar los precios en otras costuras. Las grandes europeas  no ganan para sustos. Vivian Reding colecciona frentes abiertos para la medusa de mil brazos de su “revolución”. Y, ahora que comienza su último año al frente de la cartera de telecomunicaciones de la Comisión, el mercado ibérico es la obsesión de sus presiones. Consciente de que la Comisión Europea no tiene por ahora potestad directa para imponer precios a los operadores móviles, su estrategia pasa por lanzar una consulta con la esperanza de que acabe transformándose, a finales de año, en una recomendación pública para presionar al conjunto de los reguladores nacionales, si alguno- el británico Ofcom está en ello- entra al trapo de sus “revoluciones”. 

Asegura que lo que quiere es “despertar a las operadoras europeas”, pero lo que ha conseguido hasta ahora es indignar a las grandes telecos, espantar a los operadores históricos y aglutinarlos en contra -una tras otras- de todas sus propuestas. Sostiene su pulso aunque los Veintisiete han comenzado a cortarle las alas a sus iniciativas y se está quedando cada vez más sola en una ‘revolución’ que ella misma se ha inventado. Salvo Italia, hoy todos los Gobiernos se oponen a su plan para un gran regulador europeo. Y la mayoría están, con las grandes operadoras, en que la segregación, innecesaria, sólo frenará la inversión y congelará el salto tecnológico que el Viejo Continente necesita. Corre el riesgo de quedarse fuera de juego en la mayoría de sus algaradas si la sarkodiplomacia no acoge sus propuestas bajo el paraguas de la presidencia gala de la UE a partir de julio. Sin el respaldo de la Comisión, de los Estados Miembros y del Europarlamento, la luxemburguesa puede ver cómo su revolución se convierte en batalla campal en el sector y en la antesala de su estancamiento.

Colecciona conflictos. Su "revolución" parece más bien una "cruzada" contra los gigantes de las telecomunicaciones. En llamada local, el 72% del mercado todavía está en manos de los operadores dominantes. Y el 66% de la banda ancha. Obsesionada en "incentivar un mercado único" de los móviles, aferrada al recorte de tarifas como ariete, está decidida a pasar a la historia como el azote de las operadoras de telefonía. Tras rebajar unilateralmente el precio de las llamadas en roaming, Reding se ha embarcado en el recorte de las tarifas mayoristas de terminación que se cobran entre sí las compañías de móvil y que suponen entre el 15% y el 30% de sus ingresos y una parte sustanciosa del alimento para sus inversiones. Las propuestas iniciales de la Comisaria se sitúan en un precio de entre 1 y 2 céntimos por minuto o la eliminación por completo de la figura del precio de terminación frente a los 9 céntimos que se cobra, de media, en España. Todo con tal de enarbolar la supuesta bandera del ataque a lo que considera un subsidio cruzado entre dos operadores. Pero eliminar la terminación supondría que los operadores que reciben una llamada en su red no pudieran cobrar nada a los operadores de los clientes que realizan la llamada. Un torpedo en la línea de flotación de las operadoras de móviles en el Viejo Continente.

Reding cultiva su vocación "armonizadora" de espaldas a dos realidades: el hecho de que, aunque la horquilla de los Veintisiete para los precios de terminación va entre los 2 y los 9 céntimos de euro, los cinco grandes mercados están cercanos entre sí, con precios que oscilan entre los 6 y los 8 céntimos por minuto. Y que el seísmo de sus azotes, paradójicamente -para sus aspiraciones- es más dolorosos cuanto menor sea el tamaño y el pedigrí de la compañía y menos clientes tenga a su alcance. De los más de 20.000 millones de euros que ha facturado el sector de los móviles en España durante 2007, más de 3.500 millones -un 18% de media- procederían de la terminación de llamadas. Si el recorte se aplicase en un periodo muy corto de tiempo, las cuentas de los operadores no podría soportarlo y deberían reducir los costes -y, por tanto, el empleo-, así como las inversiones en nuevas redes a las que los españoles destinan más de 2.000 millones de euros anuales. O se verían abocados a un aumento de  los precios de las llamadas salientes para compensar la caída de ingresos.

Susto o muerte, la Comisaria advierte a las empresas en España que tienen hasta el 1 de julio para adaptar sus tarifas de sms en el extranjero-que representan alrededor del 14% de su facturación total- y del acceso a Internet desde el móvil en roaming, o  por lo menos para alinearlas con la media de Europa. Si no, será ella misma la que se tome "a gran velocidad"- promete- la ley por florete e intervendrá los precios máximos que pueden cobrar las compañías El Parlamento Europeo pedirá a la Comisión que ponga en marcha una regulación específica para esta actividad, tanto para el mercado mayorista como para el minorista. Poco le importa que la GSMA, la asociación que agrupa los intereses de la industria de móviles, le recuerde que aseguró que en un sector completamente liberalizado, "que muestra un altísimo nivel de competencia" la regulación de precios no deja de ser tan innecesaria como dañina. A diferencia de la voz, el mercado de los datos en móviles aún no está maduro y pide tiempo al azote de Reding, al menos el necesario para ajustar tarifas por su cuenta.

Su propuesta para la telefonía móvil deja en alto las lanzas con las grandes operadoras. Topará, como en todas sus revoluciones, con la realidad del mercado, la posibilidad de subidas de otras tarifas para compensar los ingresos y las rebajas en las inversiones en las grandes compañías, obligadas en todas las aristas del sector a mejorar infraestructuras e invertir en red , justo a las puertas del gran salto tecnológico, cuando- entre otras cosas- se debe invertir masivamente para sustituir las líneas de cobre por la fibra óptica, la única que a largo plazo podrá satisfacer el aumento exponencial de la demanda de banda ancha. Diecisiete países de Europa están quedando ya atrasados en el desarrollo de la banda ancha. Telefónica, que en su pulso ya vio cómo echaba marcha atrás la CMT- tras la advertencia de que tendría que ralentizar las inversiones y frenar el ritmo de despliegue de sus redes de nueva generación de fibra óptica si no se modificaba la obligación del ex monopolio de crear una oferta mayorista para sus rivales- espera que la presión de operadoras, gobiernos y reguladores atempere las ínfulas de la Comisaria, a medida que sus propuestas chocan con las fronteras de la inversión.

Y es que en el ‘mundo según Reding' las empresas invertirían para sus competidores, no se desanimarían por tener que disgregar sus compañías, ni dejarían de mimar sus redes escindidas. La obsesión de la competencia ha cegado a la Comisaria, aún teniéndola delante. Mata moscas a cañonazos y ha puesto ‘la tirita antes que la herida' aún a riesgo de lastrar a las grandes operadoras comunitarias, que consideran que  el actual marco regulatorio ya contiene herramientas sólidas para garantizar un acceso no discriminatorio a las redes que son menos costosas de poner en marcha que la "revolución" de Reding. La "reina europea del roaming" ha desechado las propuestas de todas las grandes telecos, que proponían, -como vías para impulsar el despliegue de nuevas infraestructuras de acceso- la flexibilización del marco regulador dependiendo de las circunstancias competitivas locales, o la puesta en marcha de cláusulas que permitan poner fin a las reglas sobre precio y acceso en aquellos mercados donde ya haya plena competencia.

En su momento, cegada por su cruzada contra Telefónica, France Telecom, Deutsche Telekom y Telecom Italia, Reding descalificaba los argumentos de las telecos históricas de la UE, que advierten que la pretendida competencia puede desembocar, más bien, en la incompetencia y la desidia del sector, al desincentivar las inversiones en las nuevas redes de fibra óptica y congelar inversiones arriesgadas para la creación de redes de acceso alternativas. Hoy no sólo son las grandes operadoras de la UE y la patronal del sector, ETNO, las que consideran que la disgregación forzosa es una tensión innecesaria para el mercado y para las operadoras, -a la vista de que la competencia ya es suficiente-Y no sólo son sus compañeros en la Comisión - con la Comisaria de Competencia, Neelie Kroes, en cabeza- las que amenazan con dejar en papel mojado sus aspiraciones. Si sus planes para un regulador único topan con los Veintisiete, la segregación no sólo cosecha las enmiendas vinculantes que el Parlamento introducirá en el pleno de julio, sino el recelo de gobiernos y reguladores, entre ellos la CMT y la secretaría de Estado de Telecomunicaciones española, opuestas a la idea de dar poderes a los reguladores nacionales para que puedan desmembrar a los operadores dominantes - como Telefónica en España- obligando a separar funcionalmente el departamento de servicios y el de gestión de redes.

Con el nuevo regulador panaeuropeo, Reding rema también a contracorriente. En lugar de concentrarse en reducir las normas y hacer más efectivas las que hay y sus órganos de aplicación y vigilancia, busca crear una agencia saturada con normas. Se lo han recordado los Países Bajos, Francia y Grecia, que creen que sería suficiente con reforzar el grupo de reguladores nacionales. España y Alemania van más lejos, insisten en que la creación de la Autoridad contradice el objetivo de la UE de reducir la burocracia y lograr que se aplique al sector el derecho general de competencia, reduciendo las regulaciones específicas. Incluso el Reino Unido, en el que Reding creía tener un aliado, considera que la Autoridad no es la mejor manera de conseguir los objetivos de la reforma e impone una serie de condiciones si finalmente llega a crearse: que sea independiente, que no se inmiscuya en la gestión del espectro y que no tenga competencias en materia de seguridad de redes.

Es el mismísimo británico, Ofcom, quien denuncia que la creación de la Autoridad Europea socavará el trabajo de los reguladores nacionales y sólo servirá para generar más burocracia. Si a eso se suma el riesgo de conflicto entre el nuevo regulador europeo, los 27 nacionales  y la dirección general de Competencia de la CE, el resultado puede ser un laberinto de organismos que se solapan. A Reding le parece una posibilidad absurda, pero sólo hay que recordar lo que ya Telefónica vivió en carne propia, con la multa de la CE por una práctica sometida a regulación de la CMT, que terminó desembocando en una denuncia del gobierno español para defender a la CMT frente a Bruselas. Si ya entonces Moncloa consideraba que el choque de trenes alentaba la inseguridad jurídica en un sector estratégico como éste, la "revolución" de Reding puede ser el sálvese quien pueda.