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Publicado el martes 3 de junio de 2008
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Nicaragua

Ortega claudica ante Unión Fenosa

La suerte está echada. El sandinista no se resistió a caminar dando un paso adelante y dos atrás antes de consumar la paz y a cubrir de humo el pasillo nupcial que lo ha llevado al desembarco estatal en Unión Fenosa y la condonación mutua de la deuda. Pero Ortega ha dejado, al menos por ahora, las amenazas en el cajón. Y, ahora que la crisis energética y la dependencia del crudo de importación aprietan, ha colgado las botas del zapateado del chantaje, el mismo con el que escenificó desde su llegada al poder la amenaza de expropiar a la eléctica. Ahora, Ortega enfunda sus armas. Qué remedio. Ha tenido que renunciar a su sueño primigenio de noviembre, el de cazar ‘el oso’ de FENOSA con postas venezolanas y ahora se conforma con un pie público del 16% en la empresa a cambio de dejar la deuda de parte y parte en cero.

Pero en el pecado, el nicaragüense lleva su penitencia. Ha puesto al Estado a bailar, a la fuerza, el tango de los problemas de generación que lastran el sistema eléctrico, los mismos que han marcado el desempeño de Unión FENOSA: cómo mantener un coste de generación que está por encima del de consumo y cómo asumir y evitar las pérdidas por motivos técnicos, robo o fraude que desangran el sistema. Por ahora Ortega ya ha comenzado con su dote -la de los cambios en tarifas y la de la ley de reforma energética que lleva esta semana al Parlamento-, a reconocer y canjear la munición con la que antes disparó: se deshace en promesas ante el altar del FMI y establece un programa especial- eventualmente subsidiado por el Estado- para atender los asentamientos pobres que provocan pérdidas por desvíos al sistema. El gobierno, padrino por omisión de los abusos,  se compromete a impulsar en el legislativo la aprobación de la ley antifraude eléctrico, que penaliza con cárcel y sanciones económicas a los consumidores de hasta 500 kw/h al mes que roben electricidad.  Y pliega alas con el reclamo ante el Instituto Nicaraguense de Energía en contra de la distribuidora eléctrica por su plan de inversiones.

Ortega ha comenzado a cargar con la "cruz" que hasta ahora llevaba sola la española, condenada a ejercer de "ONG energética", previa inversión de 200 millones, en un entorno caótico y desfavorable. Después de años de repudio a las demandas de Disnorte y Dissur, ahora las aspiraciones neosandinistas pasan por reducir los costes de generación para recuperar la liquidez del sector eléctrico. Un nudo gordiano que requerirá al menos otros 34 millones de euros. Adiós a la bandera de la de la cacería de FENOSA, que ha sido  ha sido hasta ahora una bandera fácil y jugosa para él y cuya concesión tiene aún 23 años de vigencia. Al ser el distribuidor, ha tratado hasta ahora de cargar a la eléctrica con la responsabilidad del mal servicio, del cobro de los recibos y del corte a quienes no pagan.

El presidente, -amarrado ya a su destino por su participación del 16%- no podrá desconocer la gestión ni los resultados de la eléctrica, está atado a un destino que hasta ahora le ha servido como munición política. FENOSA compró en 2000- por cierto, de manos del Gobierno legítimo de Arnoldo Alemán - por 78,57 millones de euros Disnorte y Dissur y se convirtió en monopolio de la distribución eléctrica. Desde entonces, ha invertido millones de euros en un sistema caótico, que amén de padecer la insuficiencia en el suministro, se ha convertido en un coladero por el que se van las inversiones y el 27% de la energía generada, gracias a los robos y el fraude continuados, a las reservas al límite, a la falta de plantas y su mal mantenimiento. Hay barrios completos en los que el 80% de sus habitantes no paga la factura eléctrica, denuncia la compañía, que sólo puede vender el 73% de la energía que le paga a las generadoras. Y el desfase tarifario hace que la empresa sólo pueda recuperar un 13% de las pérdidas de distribución. A golpe de decretos, Ortega salvaguardaba hasta ahora de las subidas a los consumidores residenciales, el 72% de los usuarios de FENOSA.

En el laberinto que los gobiernos nicaragüenses se han empeñado en demarcar, Unión FENOSA .ha aceptado vender un 16% de sus acciones al Estado, por el saldo entre los adeudos de la eléctrica con las generadoras estatales, y la deuda de entidades públicas con esa empresa, estimado en 10.2 millones de dólares. Todo con tal de desbloquear un impasse que, si no fuera por el recurso de la compañía que preside López Jiménez al Acuerdo Recíproco de Protección de Inversiones (APRI) que obligaba a ambas partes a resolver los problemas por la vía del diálogo, hubiera desembocado en conflicto. Unión Fenosa pondrá fin a todo proceso de reclamo por 150 millones de dólares del seguro de riesgo político ante el Miga y se compromete a invertir 32 millones de dólares en energías renovables en los próximos tres años, lo que dejará en sus manos una nueva matriz energética para el país, que genera hoy un 75% de su energía con petróleo.

Pero autoinvestido como dueño sin contrato de un porcentaje de acciones, Ortega ya ha enseñado la patita bajo el faldón de sus ambiciones. No será una figura decorativa. Lo promete el ministro Rappaccioli, el mismo que se ufana de "haber suavizado" la voluntad de FENOSA a golpe de mano dura y de embargos, el mismo que amenaza con que, si el desembarco de su hombre en la directiva de la eléctrica en  Nicaragua no se cumple según el guión del gobierno, se buscará crear una nueva empresa. Incapaz de adquirir Disnorte y Dissur, el gobierno de Managua ha orquestado el golpe perfecto: sin poner un solo dólar sobre la mesa, a cambio de una deuda cuestionable que obliga a digerir a la empresa y con el matrimonio de conveniencia con el estado como ajuar, tendrá un caballero blanco del sandinismo en la Junta de FENOSA.

Ortega aprende rápido de los ‘correazos' ecuatorianos en su idilio con las multinacionales. Managua ya le enseñó las dimensiones de su matrimonio a Unión Fenosa en los meses en los que cocinó su "noviazgo de compromiso". Para abrir el vals del matrimonio forzoso el presidente sandinista escogió nada menos que un zapateado, se empeñó en llevar a la española al altar por la puerta del chantaje y la presión, un acceso plagado de insultos y amenazas, trufado con el embargo bicéfalo de la estatal Enacal sobre los bienes de la eléctrica española y coronado de la promesa de convertirse en una pareja de baile muy presente y bastante incómoda. De momento, bajo el paraguas del ALBA, la dependencia energética de Caracas crece semana a semana. Está en desarrollo el 80% de los proyectos emprendidos entre Venezuela y Nicaragua a partir del acuerdo de cooperación firmado entre Chávez y Ortega en enero de 2007 y la mitad de ellos miran a la energía. El país, de espaldas a los planes de las eléctricas, no deja de recibir generadores y bombillas fluorescentes de Caracas y de La Habana y quiere apostarle a la producción de electricidad con diesel y fueloil a base de petróleo procedente de Venezuela para generar 240 megavatios. Eso deja al país- que reconoce que existe un déficit en la generación de energía de entre 50 y 60 megavatios por falta de liquidez en el sector, frecuentes averías de plantas generadoras obsoletas y la continua subida de los precios del petróleo - en manos no sólo del crudo bolivariano, sino de su relación con la estadounidense Esso Standard Oil, propietaria de la única refinería en Nicaragua, con la que el Gobierno no mantiene precisamente un idilio. Managua embargó sus instalaciones y le reclama el pago de impuestos atrasados.