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Publicado el jueves 10 de julio de 2008
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Monitor de Latinoamérica

Chávez agita el azote bancario

El humo de las amenazas y los rumores aúpan al Santander en Venezuela

A.Z.-Está atrapado en el laberinto; el bancario, financiero y monetario es sólo una de las cámaras de tortura en las que puede terminar como el cazador cazado. Azota a los bancos -hijos del riesgo-país, del miedo de los inversores y depositarios- con el látigo de las restricciones operativas, las cargas fiscales, la zozobra monetaria y las amenazas de nacionalización; y ahora les obliga a la venta de bonos para tratar de secar el mercado de dólares, aún a riesgo de agitar las aguas inflacionarias y dar el golpe de gracia bancario, que cobrará la zozobra de los papeles públicos a mitad de precio y en bolívares. En el petroreino de los sueños bolivarianos, cada ladrillo para tratar de contener al dólar paralelo castiga al tejido financiero, devalúa la deuda y anima a los mercados negros. No sólo es FT la que descuenta que cinco o seis instituciones financieras en Venezuela pueden entrar en crisis antes de un año.

Para el Santander y el BBVA, de los que depende el 40% del tejido bancario nacional, la veda chavista nunca se ha cerrado. Ya ha pedido de nuevo a la Asamblea Nacional que redacte una ley para expulsar a las empresas europeas si entra en vigor la Directiva de Retorno. 

Chávez no puede evitar embriagarse con su cóctel letal: control de precios, control de cambio, control dual encubierto con la trampa de los bonos; ocupaciones de empresas rentables, cargas tributarias, y amenazas sobre la propiedad individual, mientras que el Gobierno afianza el gasto corriente con una indisciplina fiscal, carente de controles y transparencia. Asediado en su propia torre, ahora hace amago de abrazarse al contrincante e invita al sector empresarial a que recomponga la economía. Visajes para la galería: bajo la camiseta del reformismo no puede esconder el tatuaje de un socialismo bolivariano marcado a sangre y fuego con un gasto público que promete crecer al calor de la campaña electoral hasta noviembre, con la mano de hierro del control de precios y de cambio. Gira sobre sí mismo en un laberinto demarcado por la creciente inflación, la dependencia de las importaciones, la debilidad del músculo productivo y las zozobras monetarias. Un terreno de juego con líneas rojas precios, condiciones y divisas- cada vez más hostil para las empresas y para los consumidores. Y con menos ventanas a la calle del crecimiento sostenido. 

Malos tiempos para la lírica bolivariana. Después de la derrota en el referéndum para la reforma constitucional de enero, Chávez se enfrenta a los comicios regionales con sus fortalezas ajadas. Las políticas, porque no tiene el control de la Alianza partidista que él mismo creó; ya han abandonado tres gobernadores chavistas de las regiones de Carabobo, Guarico y Yacui, lo que junto al abandono del partido Podemos -con Sucre y Aragua- y el desmarque del Partido Comunista y Patria para Todos, ha reducido de 22 a 17 sus gobernaciones. Las encuestas apuntan a que pueden ganar ocho de las más importantes gobernaciones en cuanto a poder económico y población, incluida Caracas, habitual bastión chavista. Las económicas, porque busca la salida del laberinto, pero se niega a destrabar la puerta de la economía del libre mercado. Con los empresarios, sólo comparte la preocupación. La urgencia por la inflación más alta de toda la región -22.5% al finalizar 2007, pero que ya bordea el 25%- a la que dan cuerda artificialmente los precios de bienes y servicios, el desabastecimiento, y el incremento de los niveles de pobreza.Por la zozobra de un consumo con el que hasta ahora ha podido dar cuerda a la economía. Por la salud del bolívar y de la fortaleza del mercado negro- de dólares y de productos. Pero, a la vista del repudio a las principales patronales, la puntilla puede ser el colapso de su modelo económico que ya sufre los síntomas de nueve años de autarquía petrolera. En el primer trimestre la economía se desaceleró y registró su índice de crecimiento más bajo desde 2003. Y lo que es aún más serio, Consensus Economics predice que el gobierno pasará de un superávit fiscal de 3% a un déficit de 1.3%. Una quiebra en la que el desencuentro con los empresarios y las zozobras del sistema bancario pueden ser la puntilla. 

Aunque el mandatario no se resiste a achacar el desabastecimiento a la confrontación con Colombia, al acaparamiento, al desvío de productos al mercado negro y al boicot empresarial, son el control de precios -en algunos sectores congelados desde hace cuatro años-, la restricción de divisas y el intervencionismo los que han tejido una ecuación que no para de engordar la escasez, el encarecimiento de las importaciones y una debilidad enfermiza del bolívar, que la reconversión monetaria sólo maquilla a duras penas. El aparato productivo privado ha llegado a su tope y, ni la industria venezolana tiene mayor capacidad de producción, ni el Gobierno puede seguir importando, después de haber alcanzo su récord con 40.000 millones. Alí Rodríguez ha optado por tratar de cercenar el consumo, con la misma poca fortuna con la que sus antecesores intentaron ponerle puertas al campo con el control de precios. Pero Chávez no se resiste a dar cuerda a un modelo ya fallido. Sus nuevos planes no hacen más que arañar la superficie de la inflación y camuflarla tras el humo de la retirada del Impuesto de Transferencias Finacieras y la apertura temporal del control de cambio que sólo afecta a empresas pequeñas y ya inscritas. Y el arma antiinflacionaria del nuevo ministro se le ha disparado a los pies de los empresarios y sobre todo del sistema financiero. 

LA TRAMPA DE LOS BONOS

Urgido por la obsesión de su trío de males -tratar de secar el flujo de dólares, controlar la inflación y recuperar el 'bolívar fuerte'- Alí Rodríguez cava más honda la fosa que aísla su laberinto y, con la imposición a las entidades bancarias a vender 5.600 millones de dólares de sus notas estructuradas -la mayoría bonos en dólares- buscan que sean los bancos los que se conviertan en trabajadores forzosos de esa fosa. Para incluir las notas en los balances los bancos tomaron un camino poco común: depositarlas en instituciones financieras del exterior que, a su vez, emitieron notas en bolívares respaldadas con los papeles recibidos en depósitos y se las entregaron a los bancos del país. El problema es que el precio de los bonos de la República ha caído en el mercado -en algunos casos a la mitad del valor de compra- y  se exponen a registrar pérdidas. El Global 27 acumula un descenso desde 115,7% hasta 94,1% entre el primero de junio de 2007 y el 25 de junio de este año. Los bonos de la petrolera estatal Pdvsa también perdieron valor. El 25 de abril de 2007, a las dos semanas de salir al mercado, el título con vencimiento en 2017 se cotizaba en 84,5%, mientras que el cuatro de julio se cotizaba al 69,1%. En el mismo período el Global 34 se desploma desde 116,8% hasta 90,5% y el bono que vence en 2038 desciende desde 75,8% hasta 70,7%. La agencia calificadora Fitch Ratings, ha iniciado una revisión sobre el impacto que tendrá en la banca la medida de Chávez, pero advierte que un análisis exacto sobre los efectos en el sistema financiero es complicado por la falta de claridad sobre los papeles que tendrán que ser vendidos y las limitaciones de transparencia en los balances. Los bancos, una vez vendan los papeles y obtengan el pago en dólares, estarán obligados a revender esas divisas al Banco Central de Venezuela al tipo de cambio oficial de 2,15 bolívares por dólar. Al pagar por los dólares,  el Banco Central inyectará bolívares a la economía en momentos en que el exceso de dinero ha estado impulsando la inflación. Además, la venta de los bonos aumentará la oferta de papeles venezolanos y provocará un descenso en el precio de los bonos. 

La nebulosa económica, financiera y monetaria que rodea el Palacio de Miraflores no ayudará a mejorar la expectativa de los bonos. Ni siquiera el horizonte -que el mercado da por descontado- de que será el propio Gobierno el encargado de una recompra masiva de bonos en dólares. Y es que la nave bolivariana está atrapada en las fronteras de su propio dilema: dejar que el dólar paralelo aumente, con lo cual hay mayor presión inflacionaria, o endeudarse para bajarlo, con lo que aumenta el riesgo-país y la percepción -que ahora tienen la mayoría de analistas y mercados-. Malos augurios para los indicadores de riesgo; tan malos como el fuerte incremento de las importaciones, circunstancia que junto al mayor endeudamiento crean volatilidad en las reservas internacionales. Sólo desde la zozobra monetaria se entiende que en pleno 'boom petrolero', mientras en promedio los países latinoamericanos pagan un diferencial de 2,72%, el riesgo-país de Venezuela  subiera al 5,82% al cierre del 25 de junio. 

El abismo monetario y la rebeldía del billete verde y de la inflación se escapan de los sones bolivarianos. A pesar de los múltiples intentos de Chávez para hundir el dólar en el mercado negro, el 'billete verde' se mantiene fuerte.  En el Palacio de Miraflores no ha gustado nada la invitación del profesor Pedro Palma a que los inversores venezolanos salvaguarden sus dólares fuera de Venezuela por mucho más tiempo. En el mercado negro, el 'billete verde' se cambia por 3,30 bolívares a la compra y 3,45 a la venta. Y como él, la mayoría de los analistas y los bancos de inversión descuentan que el bolívar, que mantiene su cotización pegada al dólar desde 2005 en 2,61 unidades, va a ser devaluado por la incapacidad del Gobierno de frenar la inflación.  Es cierto que las reservas internacionales de Venezuela alcanzaron los 34.166 millones de dólares el jueves 3 de julio, lo que representa un aumento de 286 millones de dólares respecto a la semana anterior, pero en un entorno prácticamente idéntico al de 2007, cuando cerraron el año en 34.077 millones de dólares. 

A LA CAZA DEL SANTANDER

Paradojas de la prensa bolivariana, no contentos con la constricción al sistema financiero global, alimentan el rumor de la venta del Banco Santander a la mano derecha de las ambiciones financieras chavistas, Víctor Vargas, el único de los banqueros venezolanos que ha permanecido y crecido a la sombra de Chávez, tanto como para ver cómo en 2002 se engendraba el BOD -hoy el quinto banco del país- gracias a la suma de un grupo de entidades menores. Y, gracias a su cercanía a Miraflores, ha podido pisar la alfombra roja del reciente desembarco en Corpbanca.

Y no contentos con eso, los medios venezolanos achacan a los problemas locales europeos una tocata y fuga inexistente. El 'jet lag' bolivariano puede más. Tanto como para hacerles olvidar que al primer grupo financiero de la zona euro por capitalización bursátil su elevada diversificación en términos de negocio y geográficos y su fuerte presencia en Brasil (mercado con gran potencial de crecimiento), su buen control de costes y su eficiencia le hacen menos vulnerable a la crisis. Tanto como para que traten de no recordar que la entidad que preside Emilio Botín es una de las pocas que se ha hecho fuerte en la tormenta del Viejo Continente. 

De poco ha servido el desmentido oficial del Banco de Venezuela, filial local del Santander -del que la entidad cántabra posee un 95% del capital- a la Comisión Nacional de Valores de Caracas. La prensa local insiste. En las olas bolivarianas de las arremetidas chavistas pesca, al menos, la euforia bursátil -con subidas superiores al 20% en varias de las sesiones- el Banco Santander y su filial local, en un parqué asustado por las elecciones de noviembre, la incertidumbre monetaria, la escalada de la inflación y el rechazo de la patronal a los planes de reconducción económica de Chávez. Pero lo preocupante del rumor radica en la verosimilitud de que las presiones políticas sean capaces de forzar la operación para salir del país después de una década en él, para desprenderse de un Banco que es el tercero del país, el segundo en ganancias del sistema banca comercial y universal con una cuota de 14,4%, que tiene el 10,2%, del Total Activo entre los bancos comerciales y universales del país, que ocupa el tercer lugar en captaciones del público (11,1%) y el cuarto en cartera de créditos (11,8%); que dispone de la red de agencias más extensa, está muy saneado y aporta jugosos beneficios a la matriz. En la idea de que Vargas, empeñado en pilotar el primer buque financiero del país en 2009, fuera un mero intermediario, testaferro de la voluntad ulterior del Palacio de Miraflores.