Gazprom teje nuevos atajos para su desembarco en España y Portugal
El gigante ruso confía en que Trípoli, Argel y el transahariano le acerquen a los mercados del sur de Europa
Los caminos ya están abiertos; las puertas, de par en par, aunque no será el arco del triunfo del accionariado. Y ahora que la ‘claúsula Gazprom’ puede ponerle puertas a sus ambiciones en tierras de los Veintisiete y que Bruselas y Moscú aliñan una negociación estratégica que puede tardar dos años en llegar a buen puerto, la gasista rusa despliega los atajos centroeuropeos, magrebíes y asiáticos para consolidar su poderío en el Viejo Continente. Cualquier grieta es trinchera para Gazprom, llamada a suministrar a Europa hasta 30.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural nigeriano a través de Níger y Argelia a partir de 2015 y dispuesta a demostrar que -para desgracia de las grandes compañías energéticas europeas- todos los caminos de gas para Europa, Asia y el Norte de Áftrica pasan por Moscú. Por ambiciones que no quede. La gasista rusa aprovecha la llegada al Kremlin de Dimitri Medvedev, su antiguo jefe, y despliega sus garras, las de las reservas, las del comercio y las de la distribución. Teje su telaraña con hilos propios y ajenos, ahora que quienes dependen de su suministro quieren escapar de la red de su dependencia. Gaddafi está dispuesto a ayudarle con reservas, ductos y la alfombra roja a ENI e Italia; Merkel y el gasoducto Nord Stream, con el acceso al norte y centroEuropa; Irán con la llave de los hidrocarburos para la exportación y Sonatrach con la pinza argelina que penetre a través del transahariano en los mercados de España y Potugal, allá donde no llega con Galp.
Gazprom pesca, sin prejuicios. Ante las luces rojas de los augures de un tercer ‘shock' internacional del petróleo. Y ante el concierto energético desafinado de la UE. El Kremlin quiere hacer de Moscú "la capital financiera del mundo" y de Gazprom su embajadora energética. Hace ya mucho que ejecuta ese rol. Y aspira a que la UE no sea más que otro consulado de ese poderío. Como el hielo, penetra y rasga sus costuras para expandir sus tentáculos. Colecciona dificultades en el Mediterráneo, pero se cuela en la UE por el arco del triunfo berlinés, a través del gasoducto Nord Stream, llamado a cubrir hacia 2015 hasta el 25% de las necesidades de la Unión en las importaciones adicionales del gas natural, por mucho que el Parlamento Europeo y los países bálticos se opongan a su avance. Alemania -con un volumen de intercambio anual de 50.000 millones de euros con Moscú- le ha reabierto las puertas a Gazprom con la oposición franco-germana a la segregación de las energéticas y le tiende la alfombra roja a la arteria de su penetración en la Vieja Europa. Pagan las facturas: tras la última subida de un 25% en 2008, el precio del gas -dependiente de la armada energética rusa- podría subir en Alemania este año entre un 40% y un 75% en un año. Los países del sur pagarán en carne propia con la competencia al gasoducto Nabucco, financiado por la UE y EE UU. Y BP, si se consuma la entrada de Gazprom en el 50% del capital de KPN, pagará su alianza con el incómodo compañero de viaje.
Moscú saca brillo a su poderío y a sus glorias pasadas en la pechera de la gasista. Produce anualmente 540.000 millones de metros cúbicos de gas, más que EE UU y casi el 20 % del total mundial. Tiene reservas, ambiciones, la mano de hierro de Putin y Medvedev y la alianza germana, ahora que utiliza a Schröder como introductor de embajadores. Añejas ambiciones y viejos nuevos aliados como Georgia o Serbia. Todo vale. Llega a donde otros no quieren llegar. El ejemplo de Ucrania ha dejado a ojos vista cómo se las gasta Gazprom. Tapona sus salidas. Y se apodera de sus entradas. Putin ha intentado interrumpir el avance occidental, utilizando el Mar Negro y Serbia como zonas de ruptura y con la energía como arma privilegiada. Todos los países de Europa centromeridional han firmado acuerdos bilaterales con Rusia sobre suministro energético. Algunos se han unido al proyecto del gaseoducto ruso South Stream, que hace la competencia al Nabucco, financiado por la UE y EE.UU.
Como recuerda FT, de acuerdo a la consultora estadounidense Cambridge Energy Research Associates (Cera), la escalada de los precios del crudo desde los 70 dólares por barril hace un año a los 145 actuales, provocará un alza en los precios del gas desde los 350 dólares por 1.000 metros cúbicos a cerca de los 730 dólares en abril de 2009, en particular en la UE -con el mercado británico a la cabeza- y, de acuerdo al pronóstico de la analista Shankari Srinivasa, de Cera, el vínculo entre el precio del gas y el del petróleo persistirá en la Unión Europea. Un horizonte del que Gazprom pretende sacar partido.
INTERÉS GEOESTRATÉGICO
Con la vocacion de sumar sus galones y pasar en menos de un lustro de ser la tercera compañía por capitalización mundial (340.000 millones de dólares) al número uno (con un billón de dólares), Gazprom quiere situarse al final de la cadena para servir directamente al consumidor europeo, asegurar una demanda estable y, a largo plazo, hacer valer su poderío geoestratégico, la dimensión de sus reservas, su potencial para producir gas y su habilidad para expandirse a la producción eléctrica y el petróleo y empuñar, en fin, la espita del gas para Europa. Es el rey de las crisis. Aviso para navegantes, descuenta que el precio del gas que compra en los mercados de Asia Central llegará a 500 dolares/1.000 m3 a finales de año, frente a los 370 dólares en marzo. Gazpom controla la producción y la exportación rusas y no se resiste a ser la reina del transporte, aún cuando pasa por territorios ajenos. Lo ha demostrado con la construcción del Sistema de Oleoductos del Báltico BTC-2: una ruta de 1.300 kilómetros que supone un intento de diversificar sus rutas de exportación para reducir su propia dependencia de redes de transporte soviéticas como el oleoducto Druzhba (Amistad), en respuesta a la ‘deslealtad' del bieloruso y a los esfuerzos de la UE y de su antigua órbita -desde Turkmenistán a Ucrania- por zafarse de su alargada sombra.
La empresa no oculta su poderío como arma geopolítica. Ucrania lo sabe bien. La República Checa tambien: sólo ha hecho falta el visto bueno de Praga al escudo antimisiles estadounidense para que Moscú anunciara nuevos precios del gas que exporta a Praga. Ahora que la ‘sarkodiplomacia' nuclear mira al Mediterráneo y las viejas colonias africanas y que Londres, Berlín y hasta Roma redescubren las bondades de la nuclear, Rusia jura trabajar para mejorar las vías de conducción de energía. Gazprom penetra en la UE por las grietas de Serbia que -a pesar del acuerdo con Bruselas- se echa en brazos de la rusa y pone la alfombra roja no sólo al paso de un gasoducto hacia Europa, sino a la adquisición por Gazprom del 51% del monopolio nacional NIS. E incluso de Ucrania, donde a pesar de la sombra de una nueva crisis europea como la de 2006 por la subida de precios con la que Moscú amenaza, Gazprom aprovecha el divorcio entre Yuschenko -que propone crear una alianza de los transportadores del gas para mover hidrocarburos a espaldas de Rusia- y Yulia Timoshenko, partidaria de arreglar la disputa del gas con Moscú prometiendo frenar el ingreso de Ucrania en la OTAN.
EL ATAJO DE ARGEL, TRÍPOLI y TEHERÁN
Aprovecha cualquier resquicio. Lo hace por la puerta nigeriana en el gasoducto transahariano y por la ventana argelina con Sonatrach, ahora que el gasoducto de Medgaz -llamado a convertirse en la autopista del poderío ibérico y europeo de la argelina- ha comenzado el tendido submarino entre Almería y Beni Saf. Y que ambos no han renunciado a alimentar a cuatro manos los planes de una ‘OPEP del gas' pilotada desde Moscú. De la mano de Sonatrach, con un pie en Argel, -donde acaba de inaugurar su primera oficina africana- la gasista rusa busca diversificar su desembarco en España y Portugal. Gazprom intenta entrar en los mercados ibéricos y, a la vista de su fracaso en la compra de Indeza, ahora reconoce que sólo a través de África podrá. Negocia aliarse con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo, llamado a transportar 25.000 millones de metros cúbicos desde 2015, en concreto para repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano.
Gazprom pone la otra de sus zancadas norafricanas en tierras de Muammar el Gaddafi. El desembarco magrebí se está convirtiendo en uno de sus atajos más cortos al Sur de Europa para la máxima productora de gas del mundo. No contento con el acuerdo conjunto con Trípoli y el memorándum de cooperación con la NOC (Corporación Nacional de Petróleo) para modernizar y construir refinerías conjuntas y llevar a cabo un proyecto conjunto de refino, está a punto de sellar una conseguir del coronel libio todo el crudo y el gas exportables (adicionales) -1.530.000 millones de barriles diarios el año pasado-, un volumen sufiicente para cubrir casi todas las necesidades de la italiana ENI. Ya en 2006 la sociedad estratégica entre Libia y Gazprom permitió el intercambio de activos, incluyendo los que ENI tiene en Libia. El monopolio gasífero ruso Gazprom planea además crear un emprendimiento conjunto en Libia para elevar la capacidad de generación eléctrica en ese país. Ahora Trípoli puede volver a ser el arco del triunfo del desembarco alpino, una vez que Gazprom ha aceptado la propuesta Libia de construir ductos a cuatro manos desde el país hasta Europa.
La compañía rusa reemplaza ya a los franceses en Irán. El memorando de comprensión mutua sellado esta semana con la Compañía Nacional Iraní del Petróleo (NIOC), pocos días después de que la francesa Total se retiró del yacimiento iraní de Pars del Sur, no sólo prevé la participación de Gazprom en el desarrollo del mayor campo condensado de gas del mundo y en la explotación del yacimiento petrolero Azadegan del Norte; no sólo abre la puerta al transporte del crudo desde la costa iraní del Caspio a la del Estrecho de Omán y a la construcción conjunta de una refinería petrolera en el norte de Irán. Ahmadinejad ha puesto en manos de Miller y Médvédev la llave para suministrar su gas a las zonas septentrionales de Irán y recibir a cambio hidrocarburo en el sur del territorio iraní, para su exportación a terceros países, entre ellos, como no podía ser menos, el mercado europeo.
DUALIDAD CON LA UE
Gazprom y el Kremlin estrechan su cerco sobre los Veintisiete, sin dejar de negociar con Bruselas, ahora que por fin la UE y Moscú han encontrado la sintonía suficiente para tratar de sustituir el Acuerdo de Asociación y Cooperación de 1997, que debía haber regido las relaciones comerciales y energéticas sólo hasta 2007, por un Acuerdo Estratégico más estrecho. A la vista de la habilidad de Gazprom para marcar goles en las porterías de la necesidad de los socios de la Unión Europea -que depende un 16% del petróleo y un 20% del gas de origen ruso-, Bruselas se niega a que Gazprom negocie, una a una de manera bilateral con cada uno de los estados europeos. Quiere llegar sin intermediarios a los productos asiáticos y que Rusia abra su vasto sector energético a inversionistas europeos y lo haga con garantías para los euros. Algo que no se da por descontado, a la vista de la experiencia en el mercado eléctrico ruso, abierto a la inversión desde 1998. Pero sus objetivos se cruzan. Moscú a su vez, aspira a que sean sus compañías las que tengan más oportunidades para invertir en las redes de distribución de crudo y gas en Europa. Y ha pasado de los deseos a las decisiones, en tanto llega un acuerdo que puede tardar, en el mejor de los casos, más de dos años en cocinarse. Rey de la ‘ley del embudo energética', el gobierno ruso perfila hoy una estrategia de control por parte del Estado sobre las inversiones extrajeras y de la adjudicación de acciones a inversionistas foráneos en compañías que pertenecen a esferas estratégicas, entre ellas, por supuesto, las actividades de prospección y extracción de minerales e hidrocarburos en suelos de alcance y valor federal.
La barrera de la claúsula ‘Gazprom' la que busca restringir el acceso de empresas extrazonales a los sectores de energía y combustibles y recomienda "cláusulas de reciprocidad" que excluyan países como Rusia o Saudiarabia, donde las empresas de la UE "afrontan severas restricciones para invertir", no será obstáculo para los resortes de la rusa, que, sin necesidad de participación empresarial, sin plato en la tarta accionarial de las grandes energéticas europeas, ha conseguido hacer valer sus reservas y sus gasoductos, en un laberinto amueblado a medida en la Vieja Europa y Eurasia. Un circuito del que se enseñorea -por las buenas o por las malas- el gas ruso. Aprovecha la heterogeneidad europea, donde -gracias a Sarko y Merkel- convivirán en la UE tres modelos: la separación patrimonial, que está ya vigente en países como España y Reino Unido; el sistema de operador independiente, basado en el modelo escocés, y que consiste en que los grandes grupos energéticos puedan seguir conservando la propiedad de la red pero cediendo su gestión a un operador independiente; y la 'tercera vía', propuesta por Alemania y Francia y que permite que sigan existiendo empresas verticalmente integradas. Por si acaso, su Plan B está sobre la mesa. En caso de prohibición -hipotética- de las obras de construcción de Nord Stream, Rusia podría elegir nuevas rutas de transporte de gas, advierte el jefe de departamento Due Diligence de la compañía 2K Audit, Alexandr Shtok. Por ejemplo, Gazprom podría optar por la construcción de una planta de licuación de gas y vender el GNL a Norteamérica, en vez de exportar el gas natural a Europa.
Mientras, ante la telaraña de Gazprom Gas de France (GDF) hace lo que puede, ejerce su cuña con los adversarios de la gasista rusa y acaba de sellar un acuerdo estratégico con Bulgargaz -la compañía pública que domina el mercado de gas búlgaro y que busca salidas a la dependencia del suministro moscovita- Repsol YPF planta cara a la telaraña de Gazprom en su propio feudo. La alianza en plena negociación con Rosneft -que tiene el 75% del bloque Veninsky y le vendería una parte a la hispanoargentina- no sólo daría acceso a las filas de Antonio Brufau a Sajalin III, (un bloque que hoy se reparten Gazprom y Rosneft, junto con la china Sinopec, que cuenta con un 25% de las acciones), sino que estrecharía su vínculo con la gasista rusa. Repsol parece bien posicionada en tanto, además de su posible acuerdo con Rosneft, posee ya un acuerdo con Gazprom, suscrito en 2006 para estudiar el desarrollo de proyectos conjuntos de gas y petróleo en Europa, Latinoamérica y África, así como proyectos de gas natural licuado.