ATENTOS
Martín, de especulador molesto a víctima ejemplarizante de un Gobierno en la inopia
La cuestión no es el que sino el porqué. Fernando Martín, el tercer especulador del boom del ladrillo que pisa el frío suelo del brusco pinchazo inmobiliario en menos de seis meses, no era santo de devoción del Gobierno de Zapatero y menos de Miguel Sebastián, la mano derecha del actual inquilino de La Moncloa, del que dicen que cada día se aísla un poquito más en su inopia e inoperancia económica. Pero deducir que al presidente de la inmobiliaria Martinsa Fadesa se le ha castigado (que no, que no es cierto que el ICO le negara 150 millones ) y le empujara al concurso de acreedores por su prepotencia y desafío, va todo un mundo. Impulsor hasta su dimisión ayer mismo del denominado G-14, un lobby nacido para incordiar al Gobierno, Fernando Martín se ha hundido el solito, sin ayuda de nadie, como lo hicieron antes Luis Portillo (Colonial) y Enrique Bañuelos (antigua Astroc, hoy Afirma). Su ansia de ganar hasta el último duro o la técnica de la huída hacia delante, le han llevado donde está. Además, si el Gobierno hubiese salvado a Martinsa Fadesa, aparte de abrir una ventanilla de indescriptibles y perversas consecuencias, habría elevado a categoría de éxito empresarial una manera de hacer negocios que desde luego no ha beneficiado para nada a la economía española. Martinsa, Fadesa, Astroc, la Colonial de Portillo y otras muchas que vendrán, no son más que unos claros ejemplos de que la especulación es una aventura de doble dirección: el que va, vuelve a menos de que se salga en el momento oportuno. Basta con encontrar un ingenuo al que pasarle la escoba. Lástima que el Gobierno, al ignorar lo que pasa en Martinsa y otras, no haya hecho lo mismo con los gestores de Afinsa e incluso con sus ahorradores, que quisieron ganar más que el vecino sin hacer ascos a sus elevadas retribuciones.
Y aquí estamos, con la Bolsa hundida y ya metida en el nivel de los 11.000. Un desastre sin paliativos que -vaya... esta vez Zapatero va a tener razón- nada o poco tiene que ver con Martinsa, Colonial o el libre pánico, sino con unas circunstancias globales a las que la economía española no es ajena, aunque las vaya a sufrir más que los demás. De hecho, ayer se hundieron todas las Bolsas y es muy probable que nadie sepa ni en Berlín ni en Peoria (Illinois) quien es Fernando Martín, aunque hayan visto su nombre aflorar hace dos años a la lista de Forbes de los hombres más ricos del mundo. Si la revista norteamericana completara ahora esa clasificación con la de los fracasos empresariales más estrepitosos, no cabe duda de que habría varios españoles encabezándola.
En términos generales, el fracaso de los Martín, Portillo y Bañuelos tiene mucho que ver con la dificultad de refinanciación de su excesivo endeudamiento, el parón en la venta de viviendas por la crisis financiera y la mala evolución de los mercados bursátiles, a raíz de la desaceleración económica global que se inició en Estados Unidos hace ya casi tres años. Pero tiene mucho más que ver con su ceguera y ambición desmesurada. En el caso de Martín, basta recordar su enfrentamiento en el seno de Sacyr Vallerhermoso y sus peleas con Luis de Rivero y Juan Abelló por el control de la constructora. Martín se fue dando un portazo vendiendo a menos de 20 euros su casi18% y unos meses más tarde el valor rozaba los 70 euros. Hoy, la empresa de servicios, blindada gracias a sus compras estratégicas en corporaciones sólidas como Repsol, cotiza a menos de 14 euros. Ni tan calvo ni con dos pelucas, pero Martín debería haber sabido lo que algunos gestores de la antigua Colonial -por poner un ejemplo- ya sabían cuando la inmobiliaria orbitaba en el entorno a La Caixa (a la que curiosamente ha vuelto, pero más barata). Que el negocio inmobiliario es cíclico y además es poco líquido cuando vienen mal dadas.
Y, antes de recordar más conclusiones tan simples como éstas, una curiosa anécdota. Ayer circuló por Madrid un rumor tan absurdo como malicioso, a raíz de un comentario divertido y jocoso en algún competidor. Decía el rumor que un banco de los grandes (español, se supone) estaba a punto de ser intervenido por su excesivo riesgo inmobiliario. La cosa tenía bemoles y debería ser investigada ya que, con La Caixa, Caja Madrid y Popular implicados colateralmente en el desastre de Martinsa, los tiros apuntaron inmediatamente hacia el banco que preside Ángel Ron. Nada más lejos del despropósito. El Popular, como Caixa y Caja Madrid, anunciaron de inmediato que ya tienen provisionado el riesgo supuestamente moroso de la inmobiliaria. Las cosas volvieron a su cauce poco a poco en el parqué, pero algunos asustadizos pagaron su pánico en la Bolsa. No había nada de eso y en todo caso, si hay algún problema financiero en alguna entidad, consecuencia de los excesos de financiación a la especulación del ladrillo, el peligro no está en el sector bancario. En todo caso, se encuentra en esas pequeñas instituciones (algunas no tanto, pero están bien protegidas) que gestionadas por políticos que renunciaban ir al paro tomaron excesivos riesgos industriales, amén de inmobiliarios. No, no daremos nombres. No merece la pena caer en la trampa.