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Publicado el viernes 18 de julio de 2008
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Monitor Político


¡Pobres niños inmigrantes!

El sistema de integración de los niños extranjeros es un disparate más de la LOGSE

Teo Garay.– Pocas veces una propuesta tan ambigua ha levantado tanta polvareda. La decisión, hecha pública el pasado viernes, del Gobierno catalán de crear unos espacios de acogida de menores inmigrantes para evaluar su preparación escolar y de paso cantarles las bondades del nacionalismo de la comunidad autónoma en la que van a vivir, ha sumido en la congoja a numerosos progres, atrapados entre la dicotomía de respaldar ciegamente cualquier decisión socialista o pensar cómo le indica que piense su diario de cabecera, El País en este caso. Lo que para el Ejecutivo de José Montilla era una cálida recepción de "bienvenida" al niño foráneo, para el periódico de Prisa se convirtió, con gran alarde tipográfico en su portada del sábado, en una maniobra para encerrar en crueles guettos a los niños africanos y sesgarles el derecho a la educación.

¿Quien de los dos tenía razón? El consejero catalán de Educación, Ernest Maragall, apenas repuesto del estupor que produjo semejante tratamiento informativo en las filas del PSC, acostumbradas desde siempre a recibir arrullos de El País, se preguntó de dónde había obtenido el citado periódico la información de que la medida estaba pensada para la marginación exclusiva de los niños africanos. Atendiendo a la información que facilitó la Generalitat en la presentación del proyecto, e incluso al reflejo de ésta en los periódicos, incluido El País, cabe deducir que de ninguna parte. Los polémicos centros temporales estaban pensados para inmigrantes en general, de los que los menores negros son un porcentaje anecdótico. Latinoamericanos, países del Este y magrebíes nutren el contingente de inmigración a Cataluña. Por lo tanto, no da lugar a imaginar semejante apartheid. Otra reflexión más acorde con la realidad sería si tales centros de acogida pueden ser positivos, o al menos si son necesarios.

El actual sistema de integración de los niños extranjeros en el sistema educativo español es otro más de los disparates de la LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo). Con la ley en la mano, niño que llega de fuera, independientemente de si conoce el idioma, de si sabe leer, escribir, hacer ecuaciones o simplemente dibujar un garabato con un lapicero de colores que quizás jamás ha visto en el país donde nació -o en el caso de los menores adoptados, en el orfanato al que le asignaron- pasa automáticamente al aula que le corresponda por edad. Así, sin anestesia.

De esta manera se consigue un doble efecto, a cual más perverso: el destrozo psicológico de los menores llegados de fuera, destinados inevitablemente a engrosar la tasa de fracaso escolar -por no mencionar los problemas de comportamiento de estas criaturas sometidas a semejante sufrimiento diario- y el considerable bajón del nivel escolar de la clase entera, obligada a asumir este lastre desde que comienza el curso hasta que termina. En los centros en los que la inmigración alcanza porcentajes importantes -en muchos colegios de las grandes ciudades receptoras de familias extranjeras se ronda o incluso sobrepasa el 50%- la situación entra en niveles surrealistas. En el mejor de los casos, por muchas clases de apoyo que se creen, el ambiente resulta ingobernable para el profesorado, que continúa aumentando su tasa de bajas por depresión como ningún otro colectivo laboral en este país. Si se tiene en cuenta además que la LOGSE impide repetir en la mayor parte de los cursos previos a la ESO, el desastre educativo es exactamente como reflejan los sucesivos informes Prisa: España, a la cola del mundo civilizado en educación. Y, por lo que parece, sin posibilidad de enmienda.

Al final, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha terciado en la polémica y ha impuesto al catalán que la estancia en dichas aulas de acogida sea "voluntaria". En el tripartido han alegado que nunca pensaron en lo contrario. Y que precisamente será la sensatez de los padres lo que convierta la medida en mayoritaria. Canarias, otra autonomía castigada por la avalancha indiscriminada de inmigrantes, se ha apresurado a aplaudir la iniciativa catalana y han anunciado ya que la copiarán punto por punto.

Toda esta absurda traca mediática ha impedido calibrar una medida educativa de la Generalitat que sí resulta revolucionaria: la fijación en el 20% del porcentaje máximo de alumnos nacidos en el extranjero que pueden cohabitar en las aulas de los colegios públicos y concertados. Esta iniciativa sí atacará al corazón mismo del problema.

La causa fundamental del deterioro de la escuela pública en España -como anteriormente ocurrió con el Reino Unido, el país de referencia para las autoridades educativas socialistas, desde los tiempos ya lejanos de Felipe González -es la sobresaturación de niños inmigrantes. El complejo proceso de la integración escolar de los menores de fuera debe repartirse a partes iguales entre los centros que sobreviven gracias a la financiación de los Presupuestos Generales del Estado, es decir, los colegios públicos y los colegios concertados, en su inmensa mayoría regidos por congregaciones católicas. Sin embargo, actualmente es la escuela pública la que carga casi en solitario con el problema. En los concertados -salvando las excepciones de buena voluntad- se alega el "estamos completos" para negar la entrada de quienes necesitan más ayuda y por lo tanto más tiempo e inversión. Estos pobres niños bajan también la nota media de excelencia escolar. Algo que los centros que no son públicos sobrellevan mal.

Si el horizonte de este sistema de adaptación de los menores a la nueva sociedad no es lo suficientemente sombrío hay que añadir otro factor: el furor nacionalista. Como si fueran misioneros postmodernos, militantes de ERC y otros nacionalistas catalanes de pro se han colado en los sistemas de bienvenida a los inmigrantes, por ejemplo en los cursos de formación profesional y en las escuelas nocturnas, para socializar al nuevo ciudadano, que en breve será un votante en potencia. En fuentes de ERC alardean en privado de los logros que están consiguiendo con sus simpatizantes que dedican parte de su trabajo a estas misiones. Es de prever que las aulas desagregadas del sistema educativo que planea la Generalitat sean vistas también por los nacionalistas expansivos como un nuevo semillero donde moldear las mentes del futuro. En el PSC ya se han dado cuenta de esta jugada y tratan ahora de frenar el desembarco de republicanos en los sistemas de bienvenida. Pero sin pisar muchos callos, no vaya a ser que los aliados se enfaden.

Algún día se calibrará en su verdadera magnitud los nefastos efectos de la LOGSE y del poder dado a los nuevos caciques y a los nacionalismos sobre la educación de los niños.