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Publicado el miércoles 2 de julio de 2008
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España pendiente de Sarkozy

José Hervás Garcés.– Desde ayer martes, Francia ejerce la presidencia semestral rotatoria de la Unión Europea. Es un momento tan delicado, en la ya delicada historia comunitaria llena de éxitos, que probablemente ningún otro país querría correr el riesgo de tenerlo que hacer. Tras el 'no' irlandés al Tratado de Lisboa y la amenaza de Polonia y la República Checa de no dar su visto bueno al mismo, la cuestión central es qué hacer con el Tratado de Lisboa y cómo afrontar la actual situación de crisis económica mundial.

Aunque entre los anglosajones se considera que lo peor que le ha podido pasar ahora a Europa es la presida a Sarkozy, hay muchos españoles, como agricultores y consumidores, que han puesto sus esperanzas en las propuestas del presidente francés. Les suena bien su propuesta de rebajas del IVA y la refundación de la Política Agrícola Comunitaria.   

Frente a quienes acusan a 'Sarko' de inútil hiperactivo, están quienes consideran muy positiva su determinación de tratar de alcanzar un acuerdo con Irlanda, previsiblemente para que voten en un nuevo referéndum el Tratado de Lisboa y de buscar salidas a la creciente crisis de subida de los precios de los carburantes y de las materias primas alimentarias.  

Frente al rechazo del vicepresidente del Gobierno, Pedro Solbes, de rebajar el IVA a los derivados del petróleo, bien es cierto que, apoyado por la generalidad de ministros de Economía y Hacienda de los 27, Francia se ha salido con la suya. Sarkozy ha insistido tanto en la necesidad de limitar la fiscalidad del petróleo a partir de un determinado nivel de precios que el Consejo le ha dado mandato, de que junto a la Comisión, presente en la próxima cumbre de octubre una propuesta para tomar decisiones. Los 26 no pueden desairar de nuevo a Sarkozy y con él a 400 millones de europeos.      

El argumento del presidente francés es bien sencillo. Hoy Europa, la Europa Comunitaria, provoca muchas inquietudes a los ciudadanos frente a la necesidad que perciben de que las instituciones de Bruselas les protejan de los riesgos que crea la mundialización. Para él está claro que los líderes comunitarios deben ya tomar medidas de cómo se convierte a Europa en un medio para proteger a sus ciudadanos en su vida diaria.

Para pasar de las palabras a los hechos, vuelve a insistir en la necesidad de rebajar el IVA del petróleo si su cotización continúa subiendo a partir de un determinado nivel. Y en el último Consejo ha conseguido que dirija, junto a la Comisión un estudio, sobre cómo afrontar la cuestión para tomar una decisión en la próxima cumbre extraordinaria de octubre. 

No es la única rebaja de IVA que propone. Quiere también el IVA reducido, del que gozan los libros, para otros bienes culturales como los vídeos y los discos. Propone un impuesto ecológico para los automóviles que menos contaminen y para la construcción de edificios que economicen el gasto de energía. 

Como no podía ser menos, ha vuelto a incidir sobre el IVA reducido del 5% también para los restaurantes, una de las reivindicaciones históricas de sus predecesores que nunca lo consiguieron. Suena muy bien su propuesta de que el Banco Central Europeo deba preocuparse también por el crecimiento económico y no sólo del control de la inflación

Los agricultores españoles han manifestado que confían en él frente a la soledad en la que les deja la actual administración española frente a Bruselas, porque se ha mostrado firme defensor de lo conseguido por la Política Agrícola Comunitaria, la primera política de solidaridad de la Unión Europea desde su nacimiento y que ha supuesto para España unos ingresos medios anuales del orden de 6.000 millones de euros. Su propuesta de refundar la PAC para garantizar el futuro de la misma frente a quienes piden su desaparición ante las presiones de la Organización Mundial del Comercio.

Quizás el presidente de Francia haya cometido el error de enfrentarse a quien debe ser su aliado natural para llevar adelante sus proyectos, la Comisión Europea, cuando ha señalado al comisario de Comercio Exterior, Peter Mandelson, como responsable del rechazo irlandés al Tratado de Lisboa. Se ha olvidado que entre las declaraciones más desafortunadas se encuentran las de su ministro de Exteriores, Bernard Couchner, quien aseguró días antes del referéndum que la primera víctima del no al Tratado de Lisboa sería la propia Irlanda. No lo tendrá fácil. Pero no es de extrañar que muchos confíen en él.