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Publicado el martes 22 de julio de 2008
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Aena y Abertis pagan la ‘vacuna’ de su permanencia a Morales

A.Z..– Claudica. Sabsa se ha convertido en el ‘inquilino’ de una casa con un casero frenético. Aunque no ha remitido a la empresa ninguna queja ni requerimiento formal, Evo Morales entona el bolero del chantaje, amenaza con revertir los contratos de los tres principales aeropuertos del país y exige un peaje para asegurar la continuidad de la filial boliviana de Aena y Abertis. El peaje pasa por la entrega en mano ya de la ampliación del aeropuerto de El Alto -con una inversión de 2,3 millones de dólares- y un Plan Maestro de Inversiones de 5 millones de dólares comprometido con el Palacio Quemado para los tres principales aeropuertos del país, a pesar de que pueden acabar en manos del Estado, que no afloja la presión de la amenaza y mantiene a sus inspectores sobrevolando las cuentas y las inversiones de la compañía. 

Kamicace, pero no tanto, ahora que tendrá que dar la cara por denuncias de más de 900 millones de dólares antre el CIADI, arrinconado por la cercanía del referéndum revocatorio. El ‘del jersey' a rayas suma y sigue con nuevas estrofas para su ‘tango del chantaje'. Trata de bailarlo ahora, con Abertis, Aena y Telecom Italia, con la misma cadencia con la que ya lo bailó con Repsol YPF, que ha terminado obligada a compartir viaje en la compañía Andina con el Estado Boliviano. Deja poco espacio a la improvisación: primero dispara, castiga y amenaza a las multinacionales que pone en su punto de mira; luego, entona la nacionalización, o, como poco, el ‘salmo' de una coparticipación pública obligatoria. La ‘obertura' inaugurada para Servicios de Aeropuertos Bolivianos S.A. (SABSA) -participada al al cien por cien por AENA y Abertis desde febrero de 2005, cuando compraron la británica TBI- ha dejado paso a un primer tempo igual de amenazante. Evo delinea las fronteras de un laberinto en el que se empeña a condenar a las multinacionales y en el que trata de recluir a Sabsa. Durante años, ha sido el bloqueo oficial a la aprobación del Plan de Inversiones presentado en 1997, lo que ha frenado los grandes proyectos de de las terminales y otras áreas de Sabsa, que durante los 11 años de administración de los aeropuertos a su cargo nunca repartió utilidades; cuando las hubo, prefirió reinvertirlas en su totalidad en los propios aeródromos. Ahora, trata de aferrarse de la supuesta falta de inversiones para revertir las concesiones de gestión aeroportuaria de Sabsa.

De poco le ha servido a Morales que SABSA -que insiste en que la reversión vulneraría el contrato de concesión vigente hasta 2022, así como los derechos establecidos en los compromisos de protección de inversiones aprobados por los congresos de Bolivia y España- haya anunciado que para los dos próximos años tiene previsto invertir más de cinco millones de dólares en diversos proyectos, entre ellos una nueva terminal internacional en El Alto, la mejora de la pista de este aeródromo y varias obras en el de Viru-Viru, en Santa Cruz. Menos aún, la evidencia de que SABSA haya destinado en los últimos diez años más de 20 millones de dólares en inversión directa en los aeródromos de El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. A esta cantidad, se suman los 43 millones de dólares abonados a la estatal AASANA, más 1,7 millones a la Superintendencia de Transportes de Bolivia en concepto de tasas de concesión.

Rehen de su fiebre nacionalizadota, el boliviano se ha quedado solo. Solo ante las seis provincias autonomistas, que controlan el 80% de la riqueza del país y no han dudado en decir que sí en más de un 80% al proyecto descentralizador con tanta fuerza como rechazan los planes marxistas centralistas del presidente del jersey a rayas. Solo ante los empresarios y los inversores que han hecho mutis desde 2006. Y ante el espectáculo de sus debilidades energéticas y las responsabilidades incumplidas con sus vecinos. Pero Morales ha celebrado su soledad con la nacionalización manu militari del 100% de las acciones de la transportadora de gas Transredes a Shell y a Ashmore y el anuncio de que recuperará todas las empresas privatizadas en los 90. Y se dispone a encajar el golpe del referéndum revocatorio de agosto con el nuevo zarpazo a Aena y Abertis. La comedia continúa, justo tres semanas después de que el Gobierno anunciara la posibilidad de devolver al Estado la gestión de las tres terminales administradas por SABSA, El Alto, Cochabamba y el de Viru-Viru, en Santa Cruz, los únicos rentables del país. Si cae en el ‘pecado' de la incautación, Morales llevará la ‘penitencia' adosada, como le ha sucedido con la petrolera YPFB: sostener una gestión huérfana de inversiones, en tres plazas en las que hasta ahora SABSA ya ha invertido más de 60 millones de dólares. Y en las que AASANA ya había naufragado antes.