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Publicado el martes 22 de julio de 2008
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Hugo Chávez tiende ahora una mano a las empresas españolas

El Gobierno de Caracas afloja la presión sobre el Banco Santander y ofrece inversiones en infraestructuras a las constructoras

Hugo Chávez, presidente de VenezuelaA.Z..– Kamikaze, pero no tanto. Hugo Chávez viene a la Vieja Europa dispuesto a que su retórica bolivariana no le dé la puntilla a la economía y a sus ensueños petroleros, listo para sembrar el mucho ruido contra la diplomacia española y contra la Directiva del Retorno Europea de unas cuantas “nueces” de acuerdos empresariales y la dosis justa de confianza para que los inversores ibéricos no salgan pitando del país, justo ahora. Con el brazo de la política arremete, con el de la economía torea de salón y tienta al capital español, el segundo inversor en el país, con más de 1.700 millones de euros. No sólo porque Venezuela se sigue jugando mucho en Washington, Bruselas y Madrid y porque el 30% de su tejido financiero está en manos de bancos españoles. Son tiempos de elecciones, pintan bastos para los bolivarianos y, ahora que quiere recuperar a la clase media, la suavidad diplomática vende. Y los euros mandan. Se enfria la cama que -con una dosis suficiente de apoyo oficial- el empresario Víctor Vargas estaba dispuesto a hacerle al Santander. Una supuesta venta que no ha llegado y que, según fuentes locales, probablemente no llegará. No con el respaldo de Miraflores. Al menos no hasta que en noviembre bajen las agitadas aguas electorales. Alí Rodríguez y compañía ya se han encargado de ponerle coto con el decreto de limitación a la concentración bancaria y las correciones a la venta obligatoria de bonos.

Caracas extiende su brazo hacia las empresas españolas. La visita de Chávez y su encuentro con Zapatero y el aúin no confirmado con el Rey Juan Carlos el próximo viernes, vienen precedidas de una maleta de contratos que Venezuela espera cerrar con constructoras nacionales para asegurar su inversión en tierras de Bolívar. Chávez no aspira a disparar tan lejos como en los predios de Putin, donde le aguardan la profundización de la alianza militar, un sistema de tanques de guerra para Caracas y los cimientos de un Banco estatal ruso-venezolano. Pero en el Palacio de Miraflores esperan que Chávez regrese de vuelta a Caracas con más que sonrisas y el restablecimiento de las buenas relaciones con Moncloa y la sintonía con la Casa Real, perdida después del inciente de la Cumbre de Santiago de Chile. El baño de realismo de Chávez con su vecino colombiano -su principal proveedor de alimentos, que ha incrementado las exportaciones en un 80% en plena guerra diplomática- es sólo la última de sus demostraciones de que sus arremetidas mueren víctimas del pragmatismo económico. Con EE UU, ni la más agria de sus retóricas ha permitido que deje de ser su segundo mejor cliente petrolero, al que le despacha un millón y medio de barriles diario con los que es capaz de financiarse las dádivas de su generosidad bolivariana y los 300.000 barriles que reparte a sus socios de Petrocaribe. España no iba a ser menos.

Puede más la  querencia del  ‘zapateado kamicace', una vieja costumbre para Chávez, que, tras los amagos contra Washington en la piel de Exxon y los ataques al comercio colombiano, no esconde de nuevo la munición de sus amenazas más europeas: jura que dejará sin el petróleo de Pdvsa y expulsará a las empresas de los países que apliquen la Directiva de Retorno de la UE. Viste la retórica para la ocasión. En el XXIX aniversario de la revolución sandinista, Chávez ha amenazado con sacar de Venezuela empresas de Europa y Estados Unidos con una ''directiva del retorno'' similar a la que aplicaría la UE con los indocumentados. Ortega le ha encargado que le recuerde al Rey "que no mande callar" y promete no callarse nada con la Casa Real. ‘Paroles, sólo ‘paroles'. En sus batallas contra el "Imperio" y sus "emisarios", sus disparos pueden terminar siendo un tiro en sus propias piernas con las balas del oro negro: el petróleo de Venezuela sólo representa el 0,9% de las importaciones de la UE, pero los 176.000 barriles que envía cada día a Europa -41.000 a España- hacen del Viejo Continente el tercer mercado de Pdvsa. Y puede contribuir a espantar aun más las inversiones directas, que han llevado 5.000 de euros en 10 años a tierras caraqueñas y de las que dependen las sociedades mixtas con Petróleos de Venezuela. Por eso, Chávez se conforma con los ataques verbales.

Chávez está atrapado en el laberinto; el bancario, financiero y monetario es sólo una de las cámaras de tortura en las que Chávez puede terminar como el cazador cazado. Después de años tratando de agitar las aguas de la economía, intenta ahora apaciguarlas de la mano de Ali Rodríguez. Y eso, para las empresas españolas, puede significar unos meses de más tranquilidad, aunque persista el bombardeo verbal.

En el petroreino de los sueños bolivarianos, cada ladrillo para tratar de contener al dólar paralelo castiga al tejido financiero, devalúa la deuda y anima a los mercados negros. No sólo es FT el que descuenta que cinco o seis instituciones financieras en Venezuela pueden entrar en crisis antes de un año. Los bancos se han convertido en hijos del riesgo-país, del miedo de los inversores y depositarios, con el látigo de las restricciones operativas, las cargas fiscales, la zozobra monetaria y las amenazas de nacionalización; los liga a los efectos negativos de su socialismo y ahora les obliga a la venta de bonos para tratar de secar el mercado de dólares. Y ni Ali Rodríguez, ni mucho menos la Superintendencia de Bancos (Sudaban) quieren arriesgarse a que la salida del Santander y su posible heredero desequiibren aún más un sistema ya tocado.

EL SANTANDER PUEDE ESPERAR

Paradojas de la prensa bolivariana. No contenta con la constricción al sistema financiero global, ha alimentado durante semanas el rumor de la venta del Banco de Venezuela (la filial del Banco Santander) a la mano derecha de las ambiciones financieras chavistas, Víctor Vargas, el único de los banqueros venezolanos que ha permanecido y crecido a la sombra de Hugo Chávez, tanto como para ver cómo en 2002 se engendraba el BOD -hoy el quinto banco del país- gracias a la suma de un grupo de entidades menores y a la alfombra roja de su desembarco en Corpbanca. Vargas, empeñado en pilotar el primer buque financiero del país en 2009, no ha dudado en dejarse presentar como un mero intermediario, testaferro de la voluntad ulterior del Palacio de Miraflores. No contentos con eso, los medios venezolanos han achacado a los problemas locales europeos una tocata y fuga inexistente. El ‘jet lag' bolivariano puede más. Tanto como para hacerles olvidar que al primer grupo financiero de la zona euro por capitalización bursátil, su elevada diversificación en términos de negocio y geográficos y su fuerte, presencia en Brasil (mercado con gran potencial de crecimiento), su buen control de costes y su eficiencia le hacen menos vulnerable a la crisis. Tanto como para que traten de no recordar que la entidad que preside Emilio Botín es una de las pocas que se ha hecho fuerte en la tormenta del Viejo Continente. 

El Banco de Venezuela, filial local del Santander -del que la entidad cántabra posee un 95% del capital- es el tercero del país, el segundo por beneficios del sistema banca comercial y universal con una cuota de 14,4%, que tiene el 10,2% del total de activos entre los bancos comerciales y universales del país, que ocupa el tercer lugar en depósitos (11,1%) y el cuarto en inversión crediticia (11,8%); que dispone de la red de sucursales más extensa, está muy saneado y aporta jugosos beneficios a la matriz. Su rentabilidad es altísima, pero si pintan bastos y un día Botín hace las maletas en Venezuela, habrá amortizado la inversión que hizo hace una década y conseguirá -con cualquier precio superior a 1.000 millones- varios cientos de dólares de plusvalías. Quizá por eso, los vientos del viaje a Europa y los desencuentros internos en el propio Palacio de Miraflores han terminado por recoger la alfombra roja al desembarco de Vargas en el Santander. Al menos por ahora. En las olas bolivarianas de las arremetidas chavistas pescan, al menos, la euforia bursátil -con subidas superiores al 20% en varias de las sesiones- el Banco Santander y su filial local, en un parqué asustado por las elecciones de noviembre, la incertidumbre monetaria, la escalada de la inflación y el rechazo de la patronal a los planes de reconducción económica de Chávez.