Monitor de Latinoamérica
Alan García extiende puentes a Bruselas y corteja a la inversión española
El ‘pato cojo' y Obama acaban con las esperanzas norteamericanas de Torrijos y Uribe
Ha pasado de ser el ‘enfant terrible’ de la crisis económica peruana de los ochenta al alumno aventajado de la tercera economía más saneada de la región, una “clase” en la que hay más de un “gamberro” bolivariano dispuesto a apedrear a los inversores. Alan García enseña la ‘matrícula de honor’ de S&P y el espaldarazo del FMI, ahora que busca una fórmula para cambiar El Potosí peruano por El Dorado europeo. El TLC con Washington se le ha subido a la cabeza y Morales, Correa y Chávez se lo han puesto fácil para ser el ancla de una negociación con Bruselas que deberá retomarse en septiembre, el rey de los acuerdos bilaterales del comercio con la UE y EEUU.
Y el cancerbero del nuevo Perú al que espera que acudan con más fervor las españolas, que planean para los próximos años inversiones en tierras incas de 2.000 millones de euros. Telefónica, Repsol YPF y Acciona- las principales inversoras en el país- ya lo hacen, dispuestas a cosechar en tierras peruanas las alegrías que les enturbian en otras latitudes. Sólo las tentaciones como las de Lidercon -en el dique seco después de que el Alcalde de Lima incumplara el fallo arbitral que obliga al municipio a desbloquear sus actividades- pueden emponzoñar la euforia comercial e inversora bilateral. Una oleada a la que Alan García se empeña en darle cuerda personalmente, carta a carta, llamada a llamada.
Protesta, pero en voz baja. Y envía a sus legiones a hacer patria en Europa, comenzando por España. El propio García, el que ha remitido en los últimos dos meses 600 cartas -entre ellas un centenar a empresarios españoles- para convencer a los inversores europeos de que el Potosí peruano bien vale unos euros. La diplomacia limeña se deshace con nuevos consulados en tierras españolas y la gira del canciller José Antonio García Belaunde por el Viejo Continente ha sido un intento, a la desesperada, de ponerle la alfombra roja a nuevas inversiones, aún a costa de nadar a contracorriente con sus socios latinoamericanos y hacer la vista gorda a la Directiva del Retorno de los Veintisiete. El gobierno de García no se resiste -a cambio del ‘Potosí ‘que pone sobre la mesa- a tratar de llevarse garantías de que la UE negociará con Perú un Tratado preferencial por separado y de que España será su introductor de embajadores en ese proceso.
El inquilino del sillón de Pizarro ha dado por inaugurada una segunda ola de inversiones españolas que tiene como destinos el transporte ferroviario, el sector energético, la industria agroalimentaria, el turismo, las infraestructuras o la biotecnología. A quienes deseen invertir en Perú, García les ofrece estabilidad económica, seguridad jurídica, responsabilidad fiscal y "la consolidación de un sistema democrático integral". Nada de chantajes como los que el presidente boliviano ha acostumbrado a infligir a las petroleras con la nacionalización en ristre, nada de exigencias constantes de mayores inversiones a cambio de tarifas congeladas y de prohibición a la exportación, como las que los Kirchner han acostumbrado a Repsol y compañía.
Nada de patear el tablero del comercio internacional y rechazar las mediaciones de Ciadi, como Morales o Correa. Los inversores extranjeros lo han reconocido y, a diferencia de lo que ha ocurrido en Venezuela o Bolivia, han creído en su canto de sirenas, tanto que la IED se ha disparado de 810 millones de dólares en el 2000 a 3.500 millones el año pasado. Con el TLC con Washington en una mano y el TLC con China a punto, ha ido acumulando discretos encantos económicos que las españolas han sabido ver hasta convertirse en las principales inversores extranjeros en ese país que vive uno de los mejores momentos económicos de su historia.
REPSOL, TELEFÓNICA y ACCIONA
Las empresas españolas, con Repsol en cabeza, buscan reforzar sus ‘planes B' para minimizar, en otras tierras, el efecto de los arrebatos del Palacio de Carondelet y de Evo Morales: la más importante petrolera privada de Latinoamérica en activos, reforzada tras la argentinización de YPF y el fortalecimiento de sus reservas en Brasil, plantea la ampliación del contrato en Ecuador hasta el 2018, siempre que la operación sea viable, y ha ofrecido una inversión de 300 millones de dólares en los tres próximos años. Pero no descarta trasladar su sede central andina desde Quito a Lima -donde el Banco Santander estudia también abrir oficina- y se centra ahora en un proyecto en Perú, que licuará 4.45 millones de toneladas anuales de gas proveniente de Camisea y venderá todo el gas resultante de GNL a Repsol para su exportación. Repsol YPF ha encontrado más de 2 trillones de pies cúbicos de gas natural (56.000 millones de metros cúbicos, equivalente a casi el doble del consumo anual de gas español), en el lote 57, cercano al yacimiento de Camisea, un descubrimiento que refuerza a la hispano-argentina en una de las cuencas más fructíferas de todo el continente y sintoniza con los planes del gobierno aprista de "gasificar" el país para independizarse del petróleo, aumentar el consumo interno y fomentar la comercialización de gas en el mercado internacional. Un proceso en el que la hispano-argentina aspira a tener voz propia. Por Lima pasan también parte de los planes de Brufau como beneficiarios de los contratos de servicios múltiples de PEMEX. Repsol se ha convertido en proveedora de gas natural para la Comisión Federal de Electricidad (CFE) azteca durante 15 años y será precisamente una planta de Perú de la que Repsol es comercializador exclusivo del origen de ese suministro.
Prueba del compromiso de Telefónica en Perú es que, tras destinar 156 millones de euros a las infraestructuras de telecomunicaciones de este país, especialmente en telecomunicaciones móviles, un 24,1% más que hace un año, el programa de inversiones para 2007-2010 de la principal empresa extranjera en el país se ejecutará prácticamente en dos años. Perú es uno de los escenarios de la confrontación de Slim y Alierta. Y también una de los de sus últimas derrotas. La filial peruana de la española Telefónica arremetió una doble derrota a la mexicana Telmex. El gobierno peruano le adjudicó en diciembre los servicios de telefonía fija inalámbrica (frecuencia 450MHz) en Lima (la capital) y Callo, así como un permiso para ofrecer los servicios fijos inalámbricos (frecuencia 900MHz), lo que permitirá a la operadora que preside César Alierta incrementar su supremacía de casi 90% de mercado de telefónica fija.
José Manuel Entrecanales, con Endesa en una mano y Acciona en la otra, promete que tanto la eléctrica como el grupo constructor y de servicios buscarán nuevas inversiones en infraestructuras y en energía. Acciona analiza varios proyectos de infraestructuras de transporte, como el del metro de Lima, y nuevas carreteras, a las que prevé acudir en consorcio con empresas locales. Endesa contempla una inversión en Perú de 500 millones de dólares (unos 350 millones de euros al cambio actual) en el periodo 2005-2009, pero su nuevo plan estratégico promete un mayor compromiso inversor en tierras peruanas. Edelnor se encarga de la distribución de electricidad en la zona norte de Lima Metropolitana y en la provincia constitucional del Callao, así como en las provincias de Huaura, Huaral, Barranca y Oyón. Controla, además, a Edegel, la mayor generadora privada del país.
Eufórico, aunque opacado por las broncas ajenas, García se pasea de Cumbre en Cumbre proclamando que lo de China no va a ser nada al lado del despegue peruano. Embriagado, de satisfacción y de ambición, ya se ve jugando en las "grandes ligas" de la economía mundial. Y lo quiere todo. La macroeconomía peruana luce ya bien. Ha estado creciendo a un promedio del 6% anual en los últimos seis años. En abril, último mes del que hay estadísticas disponibles, arrojó un aumento del producto interior bruto (PIB) del 13,25%, una cota que no se alcanzaba desde 1995. Con ése, ya suman 82 meses consecutivos de crecimiento y el Banco Central ha ajustado su proyección para el año al 8%, muy cerca del 8,3% de 2007, que fue la tercera mejor tasa de Suramérica, y por encima del 6% que el gabinete de Alan García había previsto, gracias sobre todo a unos niveles de inversión que crecen con rapidez y que se espera que alcancen el 25% del PIB en 2008 y que crezcan aun más a medio plazo.
El gran motor de la economía sigue siendo la minería -con un crecimiento del 9,66%-, pero ahora son otros sectores los que más crecen, como la construcción -un 14,31% en mayo- , la manufactura y la agroexportación. Sólo el fantasma de la inflación que apuntan a Perú confiando en que, dentro de dos décadas, no serán ni el tranquilo milagro chileno ni el atronador gigante brasileño los más fuertes en la región, sino economías que puedan compaginar el crecimiento, la diversificación de los sectores económicos, la competitividad, los recursos naturales y la integración social. Pero, mal que le pese al ‘cuento de la lechera" de Alan García, ese momento está aún muy lejos de llegar para una economía que mantiene al 45% de su población en la pobreza, el 65% sin acceso a agua y que tiene un sector exterior potente (crece a un promedio del 24% desde 2001) y diversificado (las exportaciones no tradicionales crecen un promedio del 18%), pero su competitividad es de las más bajas del mundo.
LA 'CHINA' DE LATINOAMÉRICA
Ebrio de recomendaciones satisfactorias, borracho de sus propias previsiones macroeconómicas, henchido de los planes inversores que saborea antes de haberlos cocinado, García no se achicopala en sus aspiraciones. El TLC con Washington se le ha subido a la cabeza. Convencido de que permitirá a Perú convertirse nada menos que en la "nueva estrella del firmamento latinoamericano", las previsiones del ejecutivo limeño pasan porque, gracias a la vía abierta con EEUU, incrementará en 1.000 millones de dólares anuales sus exportaciones y crecerá en los próximos años al mismo ritmo que se ha marcado el gigante chino. Una ventaja descomunal entre sus ‘vecinos' ahora que Obama, el ‘pato cojo' y otras maldiciones ahogan los TLC y aceleran el paso de Centroamérica hacia la UE. Consciente de esa realidad, García ha empezado a vender la piel del oso, quiere amortizar cuanto antes ese prometido milagro peruano y su TLC con EE UU, está dispuesto a hacerlo con o sin sus socios de la CAN (Comunidad Andina de Naciones). Y busca forzar un acuerdo bilateral lo más rápido e intenso posible con la UE, el mayor inversor en Perú, el principal donante de ayuda al desarrollo y el segundo socio comercial.
Con la puerta abierta por Merkel y Zapatero a una negociación a varias velocidades -aunque sin renunciar al objetivo global de los acuerdos en bloques-, a García no le duelen prendas en repudiar a la CAN si ésta (osea, Rafael Correa y Evo Morales) se lo siguen poniendo difícil al Acuerdo de Asociación con la UE que se negocia desde septiembre de 2006 y que, por ahora, ya ha tenido que quedar en stand by a la espera de vientos más tranquilos en septiembre. Al fin y al cabo, ya Chávez, sin demostrar el más mínimo apego, abandonó la Comunidad Andina el año pasado. En el congelador, las opciones de llegar a un buen puerto conjunto en menos de un año, como los Veintisiete buscaban. Torpedos al compromiso de acelerar los acuerdos comerciales de la UE con el MERCOSUR, la Comunidad Andina de Naciones (CAN), y el Caribe en 2010, o antes de ese año, fecha en que España albergará esa famosa cumbre y además presidirá la Comisión Europea.
Mientras tanto, en las aguas revueltas de Correa, Morales y Chávez - turbias por su deporte favorito: el acoso y derribo a las multinacionales- y en las del orgullo lulista pescan también Alan García, Michelle Bachelet y Felipe Calderón sus mejores trofeos europeos. Entre enero y mayo de 2008 las exportaciones peruanas a la UE crecieron un 21%, hasta los 2.062 millones de dólares. Pero los caminos hacia Bruselas y Washington lo llevan una y otra vez a sus orígenes en la CAN. Pretende negociar "a la chilena", pero las diferencias son insalvables. Para Perú la Comunidad no sólo es importante por sus posibilidades de cohesión social y política, es que se trata del segundo mercado para sus exportaciones de productos de subsectores no tradicionales como el siderometalúrgico, las confecciones, o la maquinaria. Excluyendo a Venezuela, Perú exportó a la CAN en los nueve primeros meses del año más de 870 millones de dólares, un 21% más que el año pasado. El órdago de García dejaría al resto de sus socios a la deriva ante la UE, en particular a Colombia, -ya que Bolivia y Ecuador respiran aparte-, excluida también, por ahora, del Tratado de Libre Comercio con EEUU, el principal destino de las exportaciones colombianas. Álvaro Uribe, claro, también está que no se lo cree. La aprobación del TLC peruano deja el suyo, definitivamente en el congelador y convierte al gobierno colombiano en el ‘patito feo' de los gobiernos de la región ante el Congreso de mayoría demócrata.
El ‘pato cojo' y Obama acaban con los esperanzas norteamericanas de Torrijos y Uribe
Carreras en la Casa Blanca. Y fuera de ella. En el despacho oval, de Bush, Rice y Gutiérrez para pisar el acelerador de las relaciones con América Latina, dejar el Aptdea en marcha y trillar lo más rápidamente posible el camino de los Tratados de Libre Comercio pendientes. Por ahora, Bush sólo ha logrado una de tres: la prolongación de las preferencias arancelarias para Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia hasta el 31 de noviembre, justo después de las elecciones. Un colchón envenenado: al menos no deja sus ventajas comerciales en suspenso, pero habla por sí mismo de la imposibilidad de cuajar los TLC pendientes. Aliada de la fiebre electoral norteamericana, la "maldición del pato cojo" se sigue enseñoreando de la política exterior estadounidense, ha encontrado un filón en los TLC y ya no hace distingos entre sus vecinos del sur: es contagiosa. Y criminal.
Que se lo digan si no al presidente Uribe. Ha conseguido el más difícil todavía: reconducir las relaciones comerciales con Chávez, liberar a Ingrid Betancourt y con ella a los tres rehenes estadounidenses en manos de las FARC, un gesto que incluso en las filas demócratas del Congreso es interpretado como un aval a favor del Tratado y ha hecho virar el voto renuente de algunos congresistas en las filas de Pelosi. Pero el TLC de Colombia, el más jugoso de los asuntos que tiene sobre su mesa el nuevo canciller Jaime Bermúdez es un ‘no nasciturus' y con pocas posibilidades de ver la luz, al menos antes de 2009, por mucho que Mc Cain se haya deshecho, en su viaje a Bogotá, en parabienes y promesas. Por mucho que el secretario de Estado de agricultura, Edward T. Schafer, le quite hierro al impasse asegurando que los obstáculos del acuerdo con Colombia se superarán una vez pasen las elecciones presidenciales.
El TLC de Panamá sigue atrapado por la permanencia como presidente del Parlamento de Pedro Miguel González, acusado de asesinato de un marine en 1992, a pesar de que el diputado abandona la presidencia del Congreso centroamericano el 31 de agosto. A los de Ecuador, Bolivia ni están ni se los espera. Y el Tratado de México y Canadá, condenados ambos a muerte si los demócratas llegan a la Casa Blanca y cumplen su promesa: o renegociación -en particular de los estándares medioambientales, laborales y de inversión- o abolición de un acuerdo que representa el 30% del comercio exterior estadounidense.
Obama cabalga cómodo a lomos del proteccionismo. Ni las súplicas de Uribe ni las amenazas de Bush consiguen despejar el futuro del tratado colombiano que no tiene a la vista buenos augurios. Todo lo contrario: el empeño del candidato de color por deshacerse en guiños a los estados de la América profunda y pescar votos en las aguas del proteccionismo al campesinado norteamericano ha dejado también en el patíbulo el TLCAN: si ganan los demócratas, Uribe no será el único en desgastar sus naves en el Congreso estadounidense; México (y Canadá) tendrá que plegar velas o, al menos, reconquistar sus posiciones.
Poco les importan a los contendientes demócratas los vaticinios de Otto Reich, que advierte que si cierran las empresas o las extensiones agrarias mexicanas, Estados Unidos acabará por pagar, en mayor flujo de mano inmigrante, nuevas facturas. Poco, también, las cifras que enarbolan Bush y el presidente mexicano de estos 14 años de TLCAN: Estados Unidos vende cada año 380.000 millones de dólares a México y Canadá, para mayor gloria, entre otros, de sus campesinos, que han consolidado un mercado a las puertas del vecindario. Desde que en 1994 cristalizó el TLCAN, el comercio entre los tres países ha crecido hasta los 900.000 millones de dólares en 2007. Tan lejos de Dios (y de Obama) y tan cerca de los EE UU. a México, que dirige el 80% de sus exportaciones a EE UU, sólo el mayor gasto en infraestructura, el consumo interno y las exportaciones hacia Europa le servirán de colchón si las amenazas sobre el TLCAN se materializan. De hecho, ya están sirviendo como pararrayos del contagio estadounidense. Y es que la amenaza ya no sólo es el terremoto de la crisis financiera estadounidense, un seísmo al que, con su escasa exposición a las ‘subprime', la fortaleza reciente de sus sistemas financieros locales y el aliento de los flujos en desbandada, las principales economías de la región se habían sobrepuesto.