Monitor Político
El Nuevo Marianismo tropieza con el inmovilismo de 'Tristón'
PP y PSOE creen que crecerá el voto de castigo respectivo en los comicios al Parlamento Europeo
Si hay alguien previsible e inamovible en el PP ese es Jaime Mayor Oreja. Su negativa a aceptar un pacto con el nacionalismo, su tendencia a echar jarros de agua fría -luego siempre confirmados- respecto a toda negociación con la banda terrorista ETA le valió incluso el apodo cariñoso de Tristón, en alusión al conocido comic televisivo. De ahí que Mariano Rajoy deshoje estos días la margarita: ¿Repetir o no con Mayor Oreja como cabeza de lista popular a las elecciones europeas de 2009? Si repite, su mensaje de nueva era política, de entierro del aznarismo, se va al garete a la primera de cambio, porque Mayor Oreja tiene maneras de walkiria: suelta el grito de guerra a la mínima sospecha de acercamiento a algo que suene a PNV o CiU. Si no repite, ¿a quién poner ahora que se había traído a todos los pesos pesados de Estrasburgo, como Cristóbal Montoro, Ana Mato o Luisa Fernanda Rudi?
Y ahí andaba la dirección del PP, arrancando las hojas, cuando el aludido ha tomado la iniciativa. Fuentes de su entorno aseguran que Mayor Oreja no quiere ser candidato a las elecciones europeas, que no quiere repetir al lado de Rajoy. Asi lo ha dicho a los íntimos, y así ha comenzado a circular entre el sector crítico popular. Unos lo ven como una postura en contra de Rajoy, otros como un ponerse la venda antes de que el líder del PP le diga que no repite. La idea de su retirada del Parlamento Europeo ya habría llegado a oídos de Rajoy. Tampoco Mayor Oreja ha ayudado mucho a apuntalar su candidatura con sus maniobras para reservarse para sí el PP vasco como si se tratara de su territorio, su coto particular de votos. Tanto calentarle la cabeza a María San Gil et al ha provocado que pierda el pulso en el congreso del 11 y 12 de julio ante los apparatik del PP vasco, que eso sí que saben de maniobras oscuras, con mesa y mantel de por medio.
Los primeros indicios apuntan a que no habrá duelo entre dos ex ministros, entre Juan Fernando López Aguilar, el candidato in péctore a encabezar la lista del PSOE, y Mayor Oreja. En las quinielas del PP comienza a ascender un nombre: Gerardo Galeote, el veterano parlamentario europeo que se ha portado con lealtad a Rajoy en estos años y que tragó con disciplina de aparato el que en 2004 le pusieran por delante a Oreja y Rudi. Pero, ¿será capaz Galeote de arrastrar el entusiasmo de los electores del PP, tanto de centro como de derecha? Por si fuera poco, habría que modificar un pacto no escrito alcanzado con los hermanos alemanes. El PP apoyó en 2004 a la CDU, cuando no éste tenía poder en Alemania, para darle representatividad y votócomo portavoz de los Populares Europeos a Hans Gert Poetering. A cambio, el centro-derecha alemán se comprometió a facilitar la presidencia del Parlamento Europeo al PP, en teoría en la persona de Mayor Oreja, tras las próximas elecciones de 2009. Esta última variable juega en favor de la elección in extremis de Mayor Oreja, pero Galeote es también muy conocido por los demócrata-cristianos alemanes.
Mariano Rajoy se juega su futuro en los comicios europeos: si el PP no sale bien parado, es muy posible que todo se concite para que no sea candidato a las elecciones generales de 2012, por mucho que haya apuntalado su futuro en el pasado congreso del partido. A Rajoy le espera una cadena de golpes a la vuelta del verano que culminará con las elecciones europeas. Primero llegarán en octubre las elecciones vascas, con el batacazo del PP que está ya descontado. Luego se celebrarán las elecciones autonómicas gallegas, y ahí es donde el Marianismo será sometido a severo examen porque ya no hay Manuel Fraga que valga como justificante de la derrota: se presenta Alberto Núñez Feijoo, la crema de la marianidad, en el terreno natural del líder. El rosario culmina con las europeas: toda una oportunidad para que los electores descontentos del PP castiguen a su líder sin sufrir las consecuencias de la reelección del PSOE como ocurriría si se quedaran en casa o emitieran un voto nulo en unas elecciones generales.
Los posibles sucesores de Rajoy juegan a la baza de ese batacazo europeo. En especial, Alberto Ruiz Gallardón, que por una vez ha entrado en el aparato del partido sin destrozar la cacharrería. El tiempo corre a favor: está al lado del líder en el caso de que éste gane las elecciones generales pero, al mismo tiempo, está lo suficientemente cerca de la dirección como para ser alternativa si cae Rajoy y, además, se evitaría tres años del desgaste que acarrearía dirigir un partido sin estar en el Parlamento.
"Nuevo Marianismo". Así llaman algunos críticos al giro dado por Rajoy en el reciente congreso del partido. Se trata de un variación política del PP cuya concreción teórica está aún por poner negro sobre blanco. ¿"Con qué Rajoy quedarse? ¿Con el que decía que José Luis Rodríguez Zapatero habia traicionado a los muertos o con el que ahora tiende puentes con el PSOE? El giro dado por el presidente del PP en el pasado congreso aún no está explicitado. Ha cambiado a toda la dirección del PP, menos a sí mismo, pero Rajoy no ha analizado las causas de la derrota electoral. En realidad conoce muy bien el aparato y ha jugado esta baza para sobrevivir", reconoce un dirigente critico, laminado por el congreso.
¿UNA PATADA A ZAPATERO EN EL TRASERO DE AGUILAR?
Pero tampoco las aguas del PSOE circulan tranquilas, aunque su congreso de este fin de semana parezca una balsa de aceite entre tantos anuncios-bandera de esos que apelan al corazón de la izquierda sociológica. Este recurso de Zapatero es ya un viejo conocido: cuando crece la crítica, desvía el debate hacia los temas sociales, sea el matrimonio de homosexuales en el pasado o ahora la muerte digna o el aborto. Las dos orillas que queden bien fijadas. Y no importa que el Gobierno haya aprobado un aumento de consumo de etanol en los carburantes, aunque su producción -basada en el maíz- sea señalada por los expertos como una de las causas de la crisis alimentaria, para la que aparentemente también habrá solución en el congreso socialista de este fin de semana.
Más allá de banderas, en el PSOE temen que los españoles recurran también al voto de castigo contra el presidente del Gobierno con motivo de las elecciones europeas. En suma, que España de una patada a Zapatero en el trasero de López Aguilar. Algunas voces socialistas van más allá y sospechan que están ante su última etapa en el poder y que perderán los comicios generales de 2012: ya se sabe que las elecciones no las gana la oposición, sino que las pierde el Gobierno. Por mucho que Zapatero se envuelva en la bandera de la socialdemocracia y repique que el Gobierno protegerá a todos los desfavorecidos, la 'no crisis' ya pasa factura: la confianza del consumidor está en mínimos históricos. Y por si fuera poco, la falta de iniciativa y la grisura de sus ministros dejan a Zapatero sólo ante el ojo público. Una vez más.