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Publicado el viernes 4 de julio de 2008
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Irak, última llamada para las empresas españolas

A.Z.– El gobierno de Nouri Al Maliki agita sus encantos petroleros y sus infraestructuras pendientes. Pero el canto de sirenas no convence a todas las multinacionales, reacias a caer hipnotizadas por el tercer país con mayores reservas mundiales de petróleo y una apertura del sector energético al capital exterior que es excepcional en el  Golfo Pérsico.  Repsol YPF tiene, si quiere, las puertas abiertas, pero Bagdad busca sus gestos. Y los del resto de las empresas españolas. La falta de euforia hispana no ha sentado bien en Bagdad y, junto a la invitación reiterada a las compañías ibéricas, la Cámara iraquí-estadounidense de Comercio e Industria recuerda que, a la vista del interés de otros “aliados”, el que no se coloque pronto ya no saldrá en la foto. 

A la vista de la Cumbre del Petróleo de Madrid, la Conferencia Internacional de la Energía que acogerá Bagdad en octubre puede ser la clave. Muchos son los llamados, pocos los elegidos. Y menos aún los que se lanzarán a la aventura iraquí a cualquier precio. Pero el que no esté en un mes dentro de las 150 compañías de 20 países escogidas para el baile corre el riesgo de quedarse fuera para siempre.

Repsol YPF no volverá hasta que estén claras las condiciones de los contratos. Y eso -ya lo ha advertido Antonio Brufau- no será cosa de semanas, sino, en el mejor de los casos de meses. Tanto que el presidente de la petrolera hispano-argentina, que está entre los llamados a comer del pastel iraquí por el propio gobierno bagdadí y que no ha dudado en demostrar su ‘cintura' en Irán (donde sigue negociando en el proyecto Persian LNG),  Bolivia, o Ecuador y en acariciar las reservas descubiertas en Brasil y Líbano, se lo pensará dos veces antes de desembarcar en las tierras del otrora sátrapa Hussein. Repsol completó en febrero la documentación que le exigía el Gobierno iraquí para optar a la adjudicación de contratos y en abril ya pasó una primera selección. Pero, en pleno auge de sus planes para Oriente Medio y el Golfo Pérsico, no desembarcará aún en tierras iraquíes tras las prisas de la senda de BP, Exxon Mobil, Shell, Total y Chevron, elegidas ya a dedo por el gobierno iraquí. No, a menos hasta que Bagdad defina mejor el horizonte de sus condiciones.

Las españolas no olvidan que el camino de la historia de las relaciones bilaterales ha estado plagado de piedras. Fenosa y ACS -que consiguieron el primer contrato en firme en la reconstrucción de Irak en 2004 en un consorcio integrado por la estadounidense CH2MHill, Dragados y Soluziona para construir una planta de generación eléctrica- lo saben bien. Repsol y Cepsa, también. Después de años de relaciones con Irak, pasaron la travesía del desierto: vieron cómo las sanciones de la ONU, el Programa Petróleo por Alimentos desde 1991  y la guerra después limitaban sus relaciones y su presencia, más bien fluida, en el país. Desde junio de 2003, bajo el mando estadounidense primero y luego con la administración iraquí no pudieron tocar poco más que la compra de un número casi simbólico de barriles de crudo iraquí.

Para empezar, si Bagdad cumple sus promesas, la licitación de seis campos petroleros y dos explotaciones gasistas será el pasaporte para la mayor participación extranjera en Irak desde que la industria fue nacionalizada hace más de 30 años. Pero la urgencia iraquí no consigue nublar la evidencia de que la jugosa "manzana" de los contratos iraquíes tiene más de un gusano. El desembarco de urgencia al que están llamadas 35 empresas petroleras preseleccionadas de EE UU, Europa, Rusia y China será por la entrada de servicio, con un peaje costoso y a un terreno de juego minado, en el que Al Maliki -con el padrinazgo extraoficial de Washington- se hace valer como el sheriff de un territorio que no controla y en el que necesita las inversiones foráneas con urgencia, como aval de normalidad para las elecciones presidenciales de noviembre. 

Las condiciones del concurso, que exigen abrir una oficina en Bagdad y tener un socio local, restringen las apetencias de las multinacionales, que no se atreven todavía a operar en el país debido al clima de violencia reinante. Pero, a pesar de que por el momento se trata de contratos de asistencia, los analistas lo interpretan como un primer paso para futuros contratos de desarrollo, que podrían empezar a firmarse en junio de 2009. Irak se convertiría así en el único país del Golfo Pérsico en abrir la producción petrolífera a las empresas extranjeras, en un momento en que el precio del barril supera los 140 dólares. Por ahora, es ver pero no tocar el epicentro de la riqueza petrolera. Las multinacionales sólo están llamadas a la "asistencia técnica", no participarán en la extracción, simplemente podrán proporcionar servicios de consultoría a cambio de dinero en efectivo, pero incluso los contratos a largo plazo incluirían compensación en efectivo, en vez de una cuota de la producción de petróleo. Además entre los motivos para la cautela, a la falta de seguridad física los expertos suman la falta de seguridad jurídica. El Parlamento iraquí se resiste a dar curso al proyecto de ley de hidrocarburos aprobada por el Ejecutivo el año pasado, por las tensiones étnicas que genera. El ‘oro negro' sigue en el epicentro de todos los desencuentros políticos y confesionales. Por un lado, el 80% del crudo se concentra en el sur del país, de mayoría chií, un hecho que los suníes constatan con angustia. Por otro lado, el Gobierno autónomo del Kurdistán reivindica la gestión propia de los yacimientos en torno a la ciudad norteña Kirkuk, un zona multiétnica en la que suníes, chiíes y kurdos pugnan por el control del crudo.