España, de vuelta al Magreb tarde y mal
A la carrera y de un solo golpe. El Palacio de Santa Cruz y Moncloa tratan de purgar sus pecados magrebíes con una ofensiva política de cinco países en cuatro días. Prometen resarcir una legislatura de desencuentros y hacer ahora de la otra orilla del Mare Nostrum una de sus prioridades en política exterior. Y dispuestos a demostrárselo a sus partners magrebíes in situ, acuden a Mauritania, Túnez, Argelia, Libia y Marruecos, a pescar con la red de la diplomacia y el comercio bilateral en unas aguas que se han vuelto algo más hostiles de lo previsto para la 'diplomacia nuclear' de Sarkozy, ahora que la Unión para el Mediterráneo (UPM), a punto de su puesta de largo, le pone algunas fronteras a las intenciones iniciales del Elíseo. Aunque lejano, el desbloqueo de la sintonía energética de Bouteflika -via Sonatrach- con las españolas y la apertura de Mohamed VI a nuevas inversiones pueden ser el mejor presente para el bautismo de oro de una Unión heredera del espíritu de Barcelona. Pero Moratinos y compañía -empeñados en ejercer de 'madrastra' de quienes no reniegan del padrinazgo francés- se arriesgan a convertirse sólo en los catalizadores de los desencuentros sobre inmigración, agricultura y terrorismo entre el Magreb y la UE y a recoger las migajas energéticas, tras un año en el que la 'sarkodiplamacia' gala les ha adelantado por la derecha.
El terrorismo y la delincuencia organizada, la emigración irregular, el Sahara Occidental, los intercambios comerciales -especial atención para los hidrocarburos argelinos-, la Unión del Magreb Árabe (UMA) no lo serán todo en el periplo español. El paraguas de la política agrícola gala puede acoger todo lo que Moncloa repudia. En vísperas de la fiesta mayor de la 'grandeur' francesa, el 14 de julio, el paseo triunfal francés por el arco del triunfo de los Veintisiete y bajo el palio del nuevo Magreb 'a la francesa', el presidente Sarkozy está dispuesto a hacer de introductor de embajadores para las pretensiones de Marruecos, que, en plena negociación con Bruselas -postpuesta hasta septiembre- busca acelerar la liberalización de los intercambios comerciales agrícolas con la Unión Europea e impulsar más acceso para sus frutas y hortalizas. En la cita hispano-marroquí, en la frontera con Marruecos, nada de alusiones al Sahara, la madre de todos los desencuentros entre Rabat y Madrid. Para Mohamed VI el destrabe de las relaciones comerciales y la apertura más generosa a las inversiones españolas para por la mediación española -algo no muy fácil, teniendo en cuenta sus propios intereses nacionales- a las dos cuestiones que la Comisión Europea rechaza en el marco del proceso de negociación del Estatuto Avanzado entre la UE y Marruecos: en el capítulo agrario, incluir a su sector dentro de la Organización Común de Mercado (OCM) de Frutas y Hortalizas, con todo lo que ello hubiese supuesto de perjuicio para los intereses españoles. La segunda petición consistía en que la UE financie el Plan Verde que va a poner en marcha para reestructurar el conjunto de su sector agrario.
Sólo la desconfianza empresarial hermana a ambos lados del Mare Nostrum, con los anfitriones galos en cabeza, los que menos expectativas albergan ya en el proceso de la UPM. Tal como van evolucionando las cosas, son los españoles -los empresarios más confiados en la Unión para el Mediterráneo según los estudios- los que se esfuerzan por retomar la enseña de la esperanza en un renovado Proceso de Barcelona.
Durante los últimos albores de su primer gobierno, desde la llegada al Elíseo de Sarkozy, Rodríguez Zapatero no ha podido evitar que su homólogo galo le haya ido cogiendo la media al traje de 'amigo' europeo del Magreb, un traje reversible, que le permite al mismo tiempo hacer negocios con Rabat y con Argel, con Túnez y con Libia, sin dejar de visitar a Olmert en Tel Aviv. Una aureola que ya hubieran querido para sí Miguel Ángel Moratinos, Joan Clos y ahora Miguel Sebastián. La cita con el Rey Mohamed VI y con el primer ministro Abbas El Farsi, en la localidad de Oujda, al norte del país y en la frontera con Argelia, llega nada menos que tres meses tarde, ajena a la tradición española de inaugurar los viajes al extranjero del presidente del gobierno con la visita a Rabat. La pasión del presidente francés por convertirse en un 'Lawrence de Arabia magrebí' ha sido la peor aliada para las empresas españolas en la región, huérfanas del respaldo diplomático, castigadas por el empeño de Moncloa en entrar mil y una veces al trapo rojo del conflicto saharaui. Si en el verano de 2007 la avanzadilla de 'Sarko', su empatía con Bouteflika y las contradicciones del Palacio de Santa Cruz contribuyeron a que la estatal Sonatrach rescindiera unilateralmente el contrato argelino a Gas Natural y Repsol y el Elíseo trató de expandir el matrimonio Sonatrach-GDF mucho más allá del Medgaz, después no tuvo pelos en la lengua para recordar a la prensa marroquí que 'España es la principal rival de Francia en Marruecos', en llevarse contratos de su visita al reino alauita por un valor de 3.000 millones de euros y, finalmente, en hacer todo lo posible porque el tren de alta velocidad Tánger-Casablanca, posteriormente se ampliará a Marrakech- no mirara a Madrid.
La presidencia de turno de la UE y el bautismo, el 13 de julio, de la Unión para el Mediterráneo están llamadas a ser la puesta de largo de la telaraña que la 'diplomacia nuclear' parisina teje desde hace un año, el desembarco bajo palio de inversiones para las empresas de enseña gala a cambio de gas, de la puerta entreabierta a las garras de la estatal Sonatrach y de una llave 'sarkoziana' para que Bouteflika pueda comenzar a desplegar sus ansias energéticas bajo el paraguas de la OMC, aunque sea a medio plazo. El presidente francés les 'vende' a sus aliados magrebíes la que dice será la energía del futuro(nuclear) a cambio de la del presente (gas y petróleo), se gana su aval para convertirse en el socio europeo del Magreb y del resto de África, lo mete todo en la caja de la Unión Mediterránea, le pone un lacito y se lo ofrece a los franceses. Los vecinos magrebíes le han dicho que se niegan a ser los invitados de segunda de un banquete descafeinado, en el que el menú ya no coincide con la carta de la Unión Mediterránea que el Elíseo soñó, condenados a aceptar que se sienten a la mesa 44 comensales, entre ellos Israel. Y donde antes veían el jugoso bocado del mercado energético europeo, ahora no vislumbran más que 'contratos envenenados' -Bouteflika dixit- con los que el Elíseo juega a embaucar sus voluntades. Pero previsiblemente todos -salvo Gaddafi- estarán el 13 de julio en la puesta de largo parisina de la UPM, dispuestos a alinearse con la presidencia de Sarzkozy.
Con la bandera tricolor en ristre y el mismo ímpetu con el que impulsa los intentos de zafarrancho europeo de EDF, Sarkozy ha tratado de consolidar su rol de nuevo virrey del norte del continente africano e intentó consumarse como el interlocutor oficial y preferente de Gaddafi, de Mohamed VI, o Bouteflika. Autoinvestido en misionero de las compañías energéticas galas por todo el planeta, se ha atrevido a soñar que todos los caminos en el Magreb pasan por París, impulsado por la necesidad de avivar los alientos pro-galos para dimensionar la energía en la región y hablar de tú a tú a Merkel y para medirse con Gerhard Schroeder, actual 'Rasputin' del gas ruso de Vladimir Putin y Médvedev. Francia ha hecho valer sus galones de primera potencia nuclear europea en la otra orilla del Mare Nostrum: nuclearizará Marruecos, Libia y Túnez y lo intentará con Argelia.
En las redes del tunecino Zine el Abidín Ben Alí, Sarkozy ha firmado contratos para la venta de trece aviones 'Airbus' por 1.000 millones de euros, la construcción de una central térmica en el sur por 360 millones de euros abastecida por la francesa Alstom y un acuerdo marco sobre la energía nuclear civil, que abre la vía a la construcción en el país árabe de una central eléctrica antes de quince años, semejante a los alcanzados con Libia, Marruecos, Argelia, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos. El gas y el petróleo de Gaddafi bien le valieron a 'Sarko' no sólo los 10.000 millones de contratos, sino la carta verde suma y sigue en su reconquista, con la firma de un memorando sobre cooperación nuclear que desembocará en la construcción por parte de Francia de una central nuclear en Tajoura para la desalinización de las aguas mediterráneas y dota a Areva, una empresa francesa dedicada al uranio, de permisos de prospección. Argelia se ha convertido en el primer país árabe que establece un plan de cooperación con París en materia nuclear civil conjunta y abre camino a la posibilidad de construir, en el futuro, centrales nucleares en ese país del norte de Africa. Francia le ayudará a dotarse de centrales atómicas en los próximos veinte años, lo que permitirá al país magrebí preparar la era del post-petróleo y al grupo nuclear francés Areva firmar contratos y participar en la prospección de uranio. El relanzamiento de las relaciones entre París y su ex colonia incluye también un protocolo de cooperación militar inédito, que atañe a la formación e intercambios de personal y que debería abrir la puerta a la venta de armamento a Argelia.
LA GRIETA DE SONATRACH
La empatía nuclear no hace falta ni discutirla entre París y Argel. Pero Sarkozy, con la 'ley del embudo' de las empresas estatales galas -Total, Areva y EDF- le hace 'la pascua' a los sueños que alimentó en Sonatrach y las empresas de Mohamed VI y Gaddafi. Con su urgencia por renovar la pinza franco-germana y aprovechar de ella su rol de potencia nuclear europea ha terminado por apadrinar una cláusula Gazprom que pone trabas al desembarco del gigante gasista argelino. El idilio con la principal gasista de todo el Magreb y África ya no es un amor en exclusiva. Ni lo será, ahora que Sonatrach hace ojitos por igual tanto a Moscú como a París, deseosa de cuajar una OPEP del gas con Gazprom, que ha abierto su primera oficina en África de la mano de la argelina. A Lisboa, dispuesta a convertirse, con EDP como aliada, en hub del gas hacia Latinoamérica, en competencia con las españolas. Y ahora que construye el gasoducto Mezgaz y Galsi, la puerta a su desembarco ibérico en toda regla. La primera energética del Magreb busca ventanas que sustituyan -por si acaso- a las puertas del triunfo parisinas. A la sombra del Foro Euromediterráneo, prosperan sus ambiciones, vestidas de gasoducto: el trans-saharaiano TSGP, cuyos estudios de realización se encuentran actualmente en curso, deberá partir de Nigeria hacia Europa pasando por Argelia, mientras que los gasoductos Medgaz y Galsi conectarán el país magrebí con España e Italia. La estatal argelina aprovecha la presidencia de turno de la OPEP del ministro Chakib Khelil y despliega sus garras, las del comercio, las de la distribución y las del accionariado. Suez está ahora demasiado ocupada con Distrigaz, pero Total y GDF siguen en el baile de pretendientes y socios de la argelina que el propio Elíseo abrió en 2007. Si en el mercado luso Sonatrach ha conseguido la llave de EDP, en España está dispuesta a enseñar la cara más voraz del 'Gazprom del Mediterráneo'. Tras la arremetida contra Repsol y Gas Natural en Gas Touill, ha venido a campo propio para romper la baraja de la competencia, Argelia, con el paraguas del Foro Euro-mediterráneo de la Energía -puesto en marcha para desarrollar esa cooperación entre 2008 y 2013- aspira a hacer del Mare Nostrum el patio de sus ambiciones energéticas y de España el atajo de ese desembarco. Ya lo es, de alguna manera: un 87% de los 62.000 millones de metros cúbicos exportados por la compañía estatal en 2007 han sido destinados a ese mercado.
La argelina busca su desembarco ibérico, por las buenas o por las malas. Cepsa ha renovado el contrato para operar en el yacimiento RKF en Argelia por cinco años más, un acuerdo que se inscribe en el marco de las buenas relaciones entre ambas empresas, que suponen proyectos conjuntos no sólo en el campo de la exploración y producción de hidrocarburos, sino también en la comercialización de gas y en la cogeneración en España, así como el liderazgo del proyecto Medgaz. Y a pesar de que el rescurso ante el arbitraje internacional, sigue su curso el conflicto de Gassi Touil y de que el ministro de Energía argelino, Chakib Khelil no rebaja ni un decibelio sus discursos amenazantes, Repsol y Sonatrach buscan un acercamiento y ahora que Repsol se encuentra en la llamada séptima ronda de adjudicaciones de proyectos en Argelia. Ésa podría ser una buena carta credencial para sellar la paz, al menos la operativa.
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