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Publicado el viernes 1 de agosto de 2008
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Chávez se impacienta y adelanta el cerco a la filial del Banco Santander en Venezuela

A.Z..– Tanto va el cántaro a la fuente bolivariana que termina rompiéndose. El venezolano Chávez ha querido consagrar la reconciliación con España sin olvidarse ninguna de las piezas de su ‘ajuar’: primero, se garantiza tecnología, inversiones y un siglo de venta de petróleo a España, que por obra y gracia de las ‘rebajas venezolanas’ ahora podrá pagar de por vida 100 dólares por barril, mucho menos que el Brent, pero un 8% más que la media del barril venezolano, de baja calidad. Ahora, se cobra en las espaldas de Emilio Botín la camiseta que el Rey le regaló. El banquero Víctor Vargas le ha salido rana como ‘caballero blanco’, pero en la batalla interna del Palacio de Miraflores le han ganado el pulso al ministro Alí Rodríguez,  los partidarios de estrechar el cerco al Banco de Venezuela y de ponerle puente de plata al desembarco estatal. Nadie mejor que el mismo Chávez -Chávez dixit-  para hacer ondear la bandera de la nacionalización. Si prospera, a pesar de pagar el precio electoral en los comicios regionales de noviembre, cuenta con torcerle el brazo a Botín, negociar a la fuerza bajo el son del chantaje y ‘abaratar’ un precio de compra que, a la vista de otras nacionalizaciones, nunca ha sido el fuerte del Ejecutivo de Caracas. Si no, confía en dejarle el camino despejado a otro ‘caballero blanco’ menos altivo y rebelde con el presidente bolivariano.

Hugo Chávez da por descontado que los "dueños españoles" del banco lo querían vender y asegura que el Gobierno venezolano lo quiere "recuperar" para ponerlo "al servicio" de los venezolanos. Vino a la Vieja Europa dispuesto a que su retórica bolivariana no le diera la puntilla a la economía y a sus ensueños petroleros, listo para sembrar el mucho ruido contra la diplomacia española y contra la Directiva del Retorno Europea de unas cuantas "nueces" de acuerdos empresariales y la dosis justa de confianza para que los inversores ibéricos no salgan pitando del país, justo ahora. Con el brazo de la política arremete, con el de la economía torea de salón y tienta al capital español, el segundo inversor en el país, con más de 1.700 millones de euros. Pero no se resiste a la tentación nacionalizadora.

Durante julio, desde el Palacio de Miraflores dejaron que se enfriara la cama que -con una dosis suficiente de apoyo oficial- el empresario Víctor Vargas estaba dispuesto a hacerle al Santander. Una supuesta venta que no ha llegado y que, según fuentes locales, no se esperaba de inmediato. Desde luego no con el respaldo de Miraflores. Al menos no hasta que en noviembre bajaran las agitadas aguas electorales. Y a la que ya el ministro Alí Rodríguez y compañía se encargaron de ponerle coto con el decreto de limitación a la concentración bancaria  y las correcciones a la venta obligatoria de bonos. Pero la ansiedad ha podido con la contención chavista. Eso y la tentación de rebajarle, a golpe de amenaza, el supuesto precio al tercer banco del país, ya sea para estatalizarlo, o para dejarlo en manos de un ‘caballero blanco', esta vez de su confianza.

Laberinto bancario 

Hugo Chávez está atrapado en el laberinto: el bancario, financiero y monetario es sólo una de las cámaras de tortura en las que Chávez puede terminar como el cazador cazado. Después de años tratando de agitar las aguas de la economía, intenta ahora apaciguarlas de la mano de Ali Rodríguez, pero ni sus planes de reestructuración- un nuevo atajo al ‘socialismo bolivariano'- ni los esfuerzos por entonar nuevos cantos de sirenas que atraigan al sector empresarial y animen al tejido productivo tienen efecto. Azota a los bancos -hijos del riesgo-país, del miedo de los inversores y depositarios -con el látigo de las restricciones operativas, las cargas fiscales, la zozobra monetaria y las amenazas de nacionalización; los liga a los efectos negativos de su socialismo y ahora les obliga a la venta de bonos para tratar de secar el mercado de dólares, aún a riesgo de agitar más las aguas inflacionarias y dar el golpe de gracia bancario, que cobrará la zozobra de los papeles públicos a mitad de precio de adquisición y en bolívares.

En el petroreino de los sueños bolivarianos, cada ladrillo para tratar de contener al dólar paralelo castiga al tejido financiero, devalúa la deuda y anima a los mercados negros. No sólo es Financial Times el que que descuenta que cinco o seis instituciones financieras en Venezuela pueden entrar en crisis antes de un año. Los bancos se han convertido en hijos del riesgo-país, del miedo de los inversores y depositarios -con el látigo de las restricciones operativas, las cargas fiscales, la zozobra monetaria y las amenazas de nacionalización; los liga a los efectos negativos de su socialismo y ahora les obliga a la venta de bonos para tratar de secar el mercado de dólares. Y ni Ali Rodríguez, ni mucho menos la Superintendencia de Bancos (Sudaban) quieren arriesgarse a que la salida del Santander y su posible heredero desequilibren aún más un sistema ya tocado.

A la caza del Santander

Paradojas de la prensa bolivariana, no contentos con la constricción al sistema financiero global, han alimentado el rumor de la venta del Banco Santander a la mano derecha de las ambiciones financieras chavistas, Víctor Vargas, el único de los banqueros venezolanos que ha permanecido y crecido a la sombra de Chávez, tanto como para ver cómo en 2002 se engendraba el BOD -hoy el quinto banco del país- gracias a la suma de un grupo de entidades menores. Y, gracias a su cercanía a Miraflores, ha podido pisar la alfombra roja del reciente desembarco en Corpbanca. Eso fue antes. Ahora que Vargas ha pasado a la historia, adelantado por el carro de las nacionalizaciones, ahogado en los recelos de Miraflores y el jugo de sus propias ambiciones, Chávez trata de contener la euforia bursátil que el Banco de Venezuela pescó en las olas bolivarianas de las arremetidas chavistas pesca- con subidas superiores al 20% en varias de las sesiones- en un parqué asustado por las elecciones de noviembre, la incertidumbre monetaria, la escalada de la inflación y el rechazo de la patronal a los planes de reconducción económica de Chávez.

El ‘jet lag' bolivariano puede más. Tanto como para hacerles olvidar que al primer grupo financiero de la zona euro por capitalización bursátil su elevada diversificación en términos de negocio y geográficos y su fuerte presencia en Brasil (mercado con gran potencial de crecimiento), su buen control de costes y su eficiencia le hacen menos vulnerable a la crisis. Tanto como para que traten de no recordar que la entidad que preside Emilio Botín es una de las pocas que se ha hecho fuerte en la tormenta del Viejo Continente.

El Banco de Venezuela, filial local del Santander- del que la entidad cántabra posee un 95% del capital- es el tercero del país, el segundo en ganancias del sistema banca comercial y universal con una cuota de 14,4%, que tiene el 10,2%, del Total Activo entre los bancos comerciales y universales del país, que ocupa el tercer lugar en captaciones del público (11,1%) y el cuarto en cartera de créditos (11,8%); que dispone de la red de agencias más extensa,  285 oficinas y 3,0 millones de clientes (+351.000 en doce meses).está muy saneado y aporta jugosos beneficios a la matriz. Su rentabilidad es altísima, pero si pintan bastos y si un día Botín hace las maletas en Venezuela, habrá amortizado la inversión que hizo hace una década y conseguirá - con cualquier precio superior a 1.000 millones- varios cientos de dólares de prima. Quizá por eso, los vientos del viaje a Europa y los desencuentros internos en el propio Palacio de Miraflores han terminado por recoger la alfombra roja al desembarco de Vargas en el Santander. Y prefieren hacer el ‘trabajo sucio' de primera mano.