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Publicado el lunes 25 de agosto de 2008
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JUEGOS OLÍMPICOS (1)

Relaciones España-China: y un jamón

El Gobierno intenta corregir el preocupante déficit comercial con Pekín, pero no sabe cómo aprovechar las oportunidades

Clausura Juegos Olimpico BeijingManuel Vera.- El pasado día 7, víspera de la inauguración de los Juegos Olímpicos, Miguel Sebastián anunció en una rueda de prensa en la embajada de España en Pekín que China acababa de homologar el jamón serrano. Ocho empresas españolas, entre ellas El Pozo y Campofrío, han sido por fin autorizadas a exportar productos porcinos al país de los 1.300 millones de habitantes. De ellos, algunos estudios estiman un mercado potencial de 30 millones de consumidores, tirando por lo bajo, que puede elevarse ya o casi ya hasta 200 millones. Muchos jamones habría que exportar para satisfacer esa proyección de demanda. El ministro de Industria, Turismo y Comercio enarboló el estandarte del ibérico al mostrarse convencido de que "la presencia del jamón en China será masiva más pronto que tarde". Nada menos. Fue como un conjuro, porque en efecto, el jamón se ha convertido durante los quince días de los Juegos en algo así como todo un talismán, una obsesión, una meta en el entorno de los deportistas españoles y sus acompañantes. Justo al día siguiente, el asturiano Samuel Sánchez  inauguró la cosecha de cinco medallas de oro españolas al entrar primero en la competición ciclista de fondo en carretera. ¿Cómo lo celebró? Entrando a saco con el cuchillo en el jamón que se había llevado desde casa y que guardaba celosamente en su habitación de la Villa Olímpica. Y no sólo él. La histórica Gemma Mengual y su compañera Andrea Fuentes aseguraron nada más lograr la primera de sus dos medallas de plata en natación sincronizada que se darían un homenaje con "unos taquitos de jamón". Otro histórico, el portero de balonmano David Barrufet, comentó cómo pudo dar un vuelco la actitud del equipo en una cena tras perder varios partidos: "Las penas con jamón se digieren mejor". Consiguieron la medalla de bronce.

Jamón. En la victoria y en la derrota, jamón. Todo el mundo hablaba del jamón que se comía en la Casa de España, que pudo pasar la frontera antes de la homologación gracias a una licencia especialísima y que rompió la monotonía, según algunos testimonios, de la alimentación olímpica oficial. Pero si mucho jamón habría que exportar para atender una demanda virtual, muchísimo más habrá que hacer para que el peso del jamón equilibre los platillos de la balanza. La balanza comercial, por supuesto, no la del charcutero de la esquina. Sebastián lo reconoció implícitamente. "Las dos partes queremos trabajar para que el déficit se corrija, y el jamón es un símbolo de que queremos que los productos españoles lleguen a China", declaró. Eso es, sólo un símbolo diminuto en unas relaciones comerciales que por ahora son insultantemente deficitarias para España: 2.000 millones de euros de exportaciones totales a China en 2007 por 19.000 millones de importaciones. Sólo un 10,52 por ciento de tasa de cobertura, y en caída.

La delegación española a los Juegos Olímpicos de Pekín ha regresado triunfal hace sólo unas horas. Sin los jamones, claro, pero con un nada despreciable total de 18 medallas, más varias protestas para ganar otro par de ellas en los despachos; con un fracaso de cero patatero, sin paliativos, en atletismo; con el triste abandono de una ciclista por dopaje; y con un inesperado sonrojo tras una acusación de racismo, posiblemente rigurosa y excesiva, por un spot publicitario con los ojos rasgados. Este más que discreto balance deportivo ha servido para que salga a relucir, gracias al jamón, la espantosa balanza. La evolución histórica comercial con China presenta una curva siempre negativa, nunca positiva, como se ve en el cuadro (en millones de euros).


        Exportaciones        Importaciones   % Cobertura
1996            468               1.841             25,42
2000            553               4.713             11,73
2002            796               5.771             13,79
2003         1.100               6.729             16,35
2004         1.155               8.490             13,61
2005         1.500             11.600             12,93
2006         1.670             14.301             11,67
2007         2.000             19.000             10,52

Preocupante. Es el déficit comercial con China más alto de la Unión Europea, como asume el propio Sebastián. Y eso que según él, los dirigentes de Pekín consideran a España "su mejor amigo" dentro de la UE". Menos mal, que si no... Con un nuevo ejercicio de voluntarismo en otro de los compartimentos de su cartera, el ministro aspira a aumentar a 300.000 el número de turistas chinos que viajan a España. Significaría multiplicar por 8-10 los actuales 30.000-50.000 turistas chinos que llegan. Objetivo ambicioso, que se pretende lograr con un plan de promoción que se lanzará este octubre. Una ambición quizás algo tímida para un mercado emergente que como país emisor ya envía más de 30 millones de turistas al extranjero y llegará a 200 millones en 2020, según la Organización Mundial de Turismo, y que con 40 millones de llegadas ahora pronto desplazará a Francia y España en el liderato de los receptores.

Con todo, las cifras del intercambio comercial son todavía incipientes al enmarcarlas en las mastodónticas dimensiones chinas. Por ejemplo, gracias al Año de España en China en 2007, las inversiones españolas se han multiplicado por seis, pasando de cien a 600 millones de euros. Hay unas 450 empresas instaladas, muchas sólo con representación, a husmear, y la mayoría pequeñas y medianas. Pues bien, este salto que enorgullece a algunos funcionarios aquí es una gota de agua en el mar de la China: la inversión exterior el año pasado subió a 82.000 millones de dólares, y en los siete primeros meses de 2008 ha superado los 60.000 millones. Las exportaciones en 2007 alcanzaron 1,2 billones (con be) de dólares, y las importaciones fueron de 955.800 millones. Son niveles no ya de monstruos comerciales, sino casi de PIB de España.

Es otra liga, pero por eso mismo ofrece oportunidades que hay que saber aprovechar. No basta jugar con ocurrencias atinadas como en el baloncesto con la ÑBA, en un guiño a la NBA. En la cuna de los Inditex, Induyco, Mango, Cortefiel y tantos otros, tuvo que ser la corporación china Li-Ning la que se llevara el contrato para vestir (con unos colores chillones y una hechura de llorar, por cierto) a la delegación española. Por encima del gusto, esta multinacional china se ha lanzado a competir por la medalla de oro del equipamiento deportivo. Es lógico, porque lleva el nombre de su presidente, gimnasta que asombró al mundo en Los Ángeles en 1984 y el hombre que encendió el otro día el pebetero olímpico de Pekín. Fue el anuncio gratuito más rentable de la historia. La firma ha sido acusada injustamente de plagiar el slogan de Adidas (Impossible is Nothing,  2004) cuando el suyo (Anything is Possible) es de dos años antes. Más razón parecen tener quienes piensan que su logo (una especie de pluma ligera) recuerda lastimosamente al de Nike. Pero business is business. Hay que espabilar.

También para España. Para dentro de nada se presenta una nueva meta, otra oportunidad, la Expo Mundial de Shanghai en 2010. A ver si sirven de algo los tacos de jamón y se da otro empujón. ¿Vino y cava en lugar de kao-liang y mao-tai? Lo que sea, pero con la cabeza en su sitio.