JUEGOS OLÍMPICOS (3)
Truenos y relámpagos en Pekín
Lecciones para Londres 2012 y para la candidatura Madrid 2016: la fiesta del deporte es un infierno de ambiciones y vanidades, ocio y negocio, espectáculo y esperpento
Lo bueno de unos Juegos Olímpicos, donde se concentra tanta gente, es que surgen noticias de unos y otros. Por ejemplo, que Neil, peculiar y polémico hermano del presidente norteamericano George W. Bush, tiene un contrato de asesoría con una empresa de semiconductores de Shanghai. Sus emolumentos anuales: 400.000 dólares. Su jefe, para contarlo todo, es hijo del ex-presidente chino Jiang Zemin. O que otro ex, el que fuera premier británico John Major, ahora Sir, se ha despachado a gusto con lo que considera tacañería del Gobierno de Gordon Brown por negarse a aumentar el presupuesto final (eso creen ellos) de la próxima cita de Londres 2012. Sumados todos los conceptos, ese presupuesto se ha fijado oficialmente en 9.325 millones de libras, algo más de 11.600 millones de euros. Aviso a navegantes: las cifras se han cuadruplicado en sólo dos años. Y a propósito del éxito de la delegación británica en Pekín, que ha acabado cuarta en el medallero con 19 oros y 47 metales en total para batir su mejor marca desde 1920, Major ha puesto el grito en el cielo. Con vistas al doble reto para dentro de cuatro años que tienen el país en general y Londres como sede olímpica en particular, el ex-primer ministro no ha perdido ni un minuto en acusar al Gobierno laborista de "latrocinio" por racanear unas cuantas libras para "el deporte base".
Todo era poco. Si se simulaba hasta el temblor de una cámara dentro de un helicóptero en aras de un apabullante recorrido de 29 pasos etéreos en los 55 segundos de televisión más grandiosos que se recuerdan, era porque había que evitar el peligro de la neblina. Pero como se habían programado digitalmente nubes blanquecinas en previsión de que esa noche de la inauguración el cielo estuviera claro, que lo estaba, entonces la explicación era que sobrevolar sobre la ciudad era un riesgo innecesario. Si llovía, era para arrastrar al suelo las partículas de contaminación suspendidas en el aire. Si no llovía, era porque se había bombardeado a tiempo la humedad ambiental en las alturas para que descargara el agua antes de una competición. Si no se autorizaban manifestaciones, ni siquiera el acceso a zonas perfectamente delimitadas dentro de las 1.156 hectáreas de la Zona Verde Olímpica, equivalentes a diez veces el Retiro madrileño, era por cuestiones de seguridad, para evitar aglomeraciones. Si los estadios y canchas estaban muchas veces vacíos pese a haberse agotado los 6,8 millones de entradas puestas en circulación, era por el calor que retraía a los aficionados. Y entonces aparecían por arte de birlibirloque cientos, miles, de voluntarios con sus camisetas azules y blancas, o amarillas, para rellanar las filas viudas y jalear las jugadas de lo que fuera y de quien fuera. Más a los chinos, naturalmente, eso siempre. Desde la suplantación de 56 etnias hasta un edificio completo, cuyo esqueleto desnudo de acero y cemento se cubrió con una lámina de vinilo, en un descomunal trampantojo que daba el pego, la organización echaba mano de la explicación más adecuada del repertorio.
La organización, no sólo los responsables chinos. En éstas como en tantas otras muestras que han dado la vuelta al mundo estos días, el Comité Olímpico Internacional se ha mostrado timorato con el régimen y matón con los participantes. Los directivos y portavoces que van a rebañar más de 4.000 millones de dólares entre patrocinios, venta de entradas y derechos televisivos, también han sacado de la chistera excusas a cada cual más peregrina, y eso que el año del conejo no hasta 2011. Pretextos de vergüenza ajena a veces, como cuando defendieron el doblaje de la niña cantante en la inauguración porque "es decisión del producto en el cásting". O cuando se pusieron a contar las piedras de la Gran Muralla antes de tener que tomar posición sobre la guerra Rusia-Georgia, con el mismísimo Putin en las gradas del Nido de Pájaro. O al condonar el encarcelamiento de dos ancianos que agitaban banderas porque "hay que respetar las leyes chinas". O al negarse a que los deportistas españoles lucieran crespones negros y la bandera ondeara a media asta en señal de duelo por el accidente de Barajas: no está contemplado en los estatutos, dijeron. A fuerza de vacunarse contra toda interferencia extradeportiva, el COI se está quedando anquilosado, está degenerando rápidamente en un esperpento de codicia, una burbuja de indiferencia y ombliguismo inhumano. Algunos periódicos internacionales, como el Jerusalem Post, han preguntado públicamente si no va siendo hora de echar el cierre a un "Movimiento Olímpico" que parece insensible al dolor y que desde luego se aleja cada vez más de los ideales de fraternidad y generosidad.
Además, sin sentido del humor, para bochorno del presidente del COI, en una de las anécdotas más estrambóticas y ridículas de la cita olímpica. Como en todos los Juegos, algunos participantes tenían que pasar a ser recordados durante muchos años por sus proezas o sus insensateces. Por países, China ha aventajado por 51 a 36 a Estados Unidos en medallas de oro, según el baremo oficial del COI, aunque la prensa estadounidense no podía permitirlo y por primera vez se ampararon en el cómputo total, donde ganaban por 110 a 100. También han brillado Australia y Corea del Sur, sexta y séptima en el medallero, y algo menos Italia y Francia, novena y décima. Han flojeado Rusia, con menos de la mitad de oros que China pese a ser tercera, y Alemania, quinta. En un medallero en el que España ha quedado decimocuarta, en su nivel o algo más, han asomado con fuerza Ucrania, Holanda y en particular Jamaica, con el indescriptible atleta Usain Bolt como figura estelar. Al batir con desparpajo increíble los récords mundiales de 100 y 200 metros lisos en 9.69 y 19.32 segundos, respectivamente, robó el show. A su hazaña, completada con un triplete en 4X100, se sumó una personalidad arrolladora, risueña, desenvuelta. Para los americanos, el fenómeno Michael Phelps, que batió en la piscina todos los registros históricos con ocho medallas de oro y otros tantos récords mundiales, ha sido el personaje de Pekín 2008. Para muchos otros, esa aventura planificada, metódica, mecánica, les pareció algo fría en comparación con la pasmosa facilidad para volar en la pista y calor humano que desprende Bolt, cuyos registros en el cronómetro probablemente se mantendrán muchos años.
Pues bien, sus gestos espontáneos durante y después de cada carrera, que nunca mejor dicho ganó de calle, fueron interpretados por Jacques Rogge, presidente del COI, como un desplante, y le envió un recado: Usain Bolt "debe mostrar más respeto" a sus compañeros y rivales, dijo como si fuera su papá. Todavía resuenan las carcajadas de medio mundo por la salida de tono. El propio atleta respondió irónicamente con otra chispa de las suyas al aludir indirectamente a James Bond en un ingenioso juego de palabras: "I'm Bolt, lightning Bolt" (relámpago). Tan ruborizado debió quedar Rogge que alegó que se había limitado a darle un "consejo paternal", más bien paternalista a juicio de muchos. Y tan avergonzado por todo su papel y el del COI en su incomprensible sumisión al régimen chino, que en la clausura no elogió el admirable espectáculo que se había vivido. Por encima de las sombras, y ha habido más de las convenientes, las luces de Pekín han resplandecido como nunca en la historia olímpica. En esas dos semanas se han concentrado el notable esfuerzo acumulado desde hace cuatro años y la infinita ansiedad de cuantos aspiran a su porción de tarta para dentro de otros cuatro, ocho o doce. Una cita de diversión, placer, ocio, negocio. Un recreo para los sentidos. Pero no para Rogge, a quien le delató posiblemente su complejo de culpa y se quiso vengar de todas las humillaciones autoinfligidas. Para él, los Juegos han sido sólo "verdaderamente excepcionales", así, con aparente doble sentido.
Menos mal que Samaranch estuvo al quite, según el diario Los Angeles Times. Fiel a su costumbre, dijo su frase favorita en estos casos y lo único que los chinos querían oír: "Creo que han sido los mejores Juegos que ha habido nunca". Y añadió, echando tal vez el anzuelo en busca de aliados de cara a Madrid 2016: "China es el número 1".