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Publicado el jueves 28 de agosto de 2008
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JUEGOS OLÍMPICOS (4)

 

El papel de Li Ning y la conexión española

 

El gimnasta-empresario que encendió el pebetero en Pekín es un pragmático hombre de negocios que quiere aprovechar el tirón y que Madrid sea sede olímpica en 2016

Tienda Li-NingManuel Vera.- Después de Mahoma, Newton, Jesús y algún otro como el propio Confucio, el séptimo hombre más influyente de la historia, según un ránking discutido pero ya clásico, era un eunuco chino al servicio del emperador He, de la dinastía Han Oriental o Posterior. Su cargo era el de "shan fang si", una especie de manitas o inventor de armas y otros artilugios. Y efectivamente, en el año 105 se le ocurrió un arma letal que desde hace 1903 años combate con éxito la incultura y el atraso. Aplastó fibras de corteza, cáñamo y tejidos gastados, suspendió las láminas en agua, las secó, las volvió a aplastar y voilá, salió papel. Más o menos. En homenaje a ese hito fue el clímax de la inauguración de los Juegos de Pekín, cuando un antiguo gimnasta convertido en empresario encendió el pebetero olímpico tras una carrera inefable. Recorrió los 500 metros de circunferencia del Nido de Pájaro suspendido a 25 metros sobre el suelo por unos cables que movían unas poleas accionadas por ordenador. A lo largo de la vuelta al estadio, sus pasos iban como desplegando un rollo de papel de 14 metros de ancho aparentemente manuscrito pero en el que se sobreimpresionaban imágenes digitales. Nada que ver con los rollos de la época de Cai Lun, de 30 cm. de ancho por 70 de largo, aunque los libros especiales de lujo llegaban a los siete metros.

Puede que el nombre del inventor del papel siga en el anonimato para las masas, pero el de Li Ning ya va por 54.600.000 referencias en Google. Y mucho más se conocerá a partir de Pekín 2008. Si la alemana Adidas aprovechó Munich 72 como plataforma de promoción universal, y si la norteamericana Nike hizo lo propio en Los Ángeles 84, ahora ha sido la hora de Li Ning Sport Goods Co., Ltd. El presidente de esta compañía de equipamiento deportivo, que fabrica y distribuye desde gorras y camisetas a zapatillas y demás accesorios, es el mismo Li Ning, de 45 años. Uno de los gimnastas más condecorados de la historia, con 106 podios, Li Ning saltó al estrellato olímpico precisamente en Los Ángeles, donde logró seis medallas: tres oros, dos platas y un bronce. Quizás fue ahí donde empezó a rumiar la idea de su empresa, creada seis años más tarde con la intención de competir en un apetitoso mercado mundial de vestuario deportivo que supera los 120.000 millones de dólares anuales. A la China callando, va rascando cuota de mercado a razón de aumentar la cifra de negocios cada ejercicio un 40 por ciento de media. De todas formas, todavía está muy por detrás de las grandes como Nike, Adidas, Puma y Asics, entre otras. Pero Li Ning tiene dos bazas en su manga, que coinciden con los próximos horizontes favorables a esta industria: el mercado chino y los Juegos Olímpicos de 2016, a cuya organización aspiran cuatro ciudades: Chicago, Río de Janeiro, Tokio y Madrid. Y el pasado 16 de agosto, Li Ning declaró: "Espero que Madrid gane".

Su presencia en la Casa de España de la capital china fue oportuna y sin duda improvisada con urgencia. Después de encender la llama, Li Ning acudió a sofocar un fuego que estaba propagándose a toda velocidad en torno al supuesto racismo de la selección española de baloncesto y su dichosa foto de los ojos rasgados. Un corresponsal británico en Madrid sin otra cosa que hacer prendió la mecha y la acusación de racismo dio la vuelta al mundo. El gesto de achinar los ojos con los dedos inflamó fuera de las fronteras en cuestión de horas. Hasta el COI emitió un comunicado condenatorio de una actuación "claramente inapropiada". Y pese a la indignación popular en España porque el mundo no comprendía lo que pretendía ser simplemente un signo de cariño y complicidad con China, Pau Gasol reconoció lo estrafalario de la situación: "Algunos de nosotros no estábamos a gusto, porque me parecía una payasada, pero el patrocinador insistió". En resumen, la foto no era nada "divertida", pero tampoco "ofensiva". Sólo era "una mala idea". Lo peor es que en la típica reacción en España, con vuelta a las "campañas orquestadas" porque "no nos comprenden", se suele medir mal la empatía, el hecho de ponerse en el lugar del otro. Para los energúmenos, la empatía es exigir a los otros que entiendan que no quiero burlarme de ellos, en lugar de tratar de respetar a los demás según su criterio, no el mío. Este abecé de cultura y sensibilidad es el que ha faltado en esta ocasión.

Para Li Ning, en unas declaraciones políticamente correctas y bien coordinadas, el gesto no era ni burla ni mofa ni racismo. "No sé de qué me está hablando, ni creo que mucha gente en China lo sepa", declaró el deportista-empresario como con desgana antes de asegurar a los españoles que le rodeaban que "yo les apoyo y espero que gane Madrid" en la puja por la candidatura olímpica de 2016, que se decidirá el 2 de octubre de 2009 en Copenhague.

La conexión española de Li Ning, cuya compañía tenía a finales de 2007 un total de  5.676 puntos de venta con una cifra de negocios de 603 millones de dólares, y unas previsiones de 7.700 tiendas y más de 1.100 millones en 2010, proviene de  Barcelona 92. Fue su presentación como empresario y como patrocinador y proveedor del equipo olímpico chino. Desde entonces ha llovido mucho y hoy la marca Li Ning, no exenta ella misma de polémicas relativas a la propiedad industrial e intelectual de su logo y su slogan, patrocina y viste a los equipos olímpicos de España, Suecia y Sudán, a las selecciones argentina y española de baloncesto, a 23 federaciones chinas, a superestrellas de la NBA como Shaquille O´Neal y otros. Aunque todavía el 99 por ciento de su mercado está en China, la primera tienda abierta en Europa fue en Madrid. En asociación con la cántabra Austral Sport, de Maliaño-Camargo, ya ha tendido una red franquiciada.

Sus cifras son todavía modestas en un mercado con gigantes como Nike y Adidas, con 16.000 y 13.000 millones de dólares de facturación, respectivamente. Pero la próxima gran batalla de la ropa deportiva, con un capítulo muy especial en el calzado, se empieza a librar en China. Al fin y al cabo, como dicen con humor algunos especialistas del sector, son 2.400 millones de pies. Hay que pensar en positivo, hay que planificar en superlativo, y por eso últimamente hay mucho movimiento empresarial en el sector. Nike ha comprado Umbro, y  Adidas ha adquirido Reebok. Y se dice que en asociación con la japonesa Asics quiere absorber a la americana, si los reguladores de la competencia lo autorizaran. A su vez, las 25.000 empresas chinas de equipamiento deportivo, empezando por Li Ning, Anta y Double Start, también se hacen fuertes. La empresa del famoso gimnasta ha pactado con la francesa Aigle y la italiana Lotto, entre otras. La próxima batalla, la gran batalla, es en casa, donde sólo en baloncesto hay 400 millones de aficionados que no saben ni quieren prescindir de las mismas zapatillas que usan sus ídolos. Al fin y al cabo, y los directivos de Li Ning lo tienen muy claro, para triunfar como marca local antes "tenemos que labrarnos una imagen internacional".