Monitor Político
Zapatero no es González, ni El País es lo que era
Cebrián presiona para que Telefónica se quede con Sogecable. Pero Alierta sólo le ofrece algo menos de mil millones.
Todo organismo -en el planeta Tierra, al menos- tiene un ciclo de nacimiento, reproducción, madurez y muerte. Y el caso de El País no parece ser una excepción. El otrora poderoso grupo mediático, aquel poder fáctico fácilmente reconocible, está que trina estos días mientras palpa su pérdida de influencia. Antes, un editorial del periódico de Prisa hacía temblar ministerios. Ahora se precisan a docenas. Y en ello están, como ayer en su edición dominical. Presionan y presionan a través de sus editoriales y titulares de portada para asombro de los socialistas más ortodoxos. ¿Cómo es posible que el periódico ataque de forma tan directa al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero? ¿Es que quieren hacerle el juego al PP?, se preguntan los desconcertados militantes y votantes.
Los más avezados se malician el trasfondo de tamaños embates: el bolsillo. El grupo Prisa atraviesa por una difícil situación financiera que pone en peligro su propia supervivencia. El grupo mediático quiere que el Gobierno presione a Telefónica para que le compre Digital + y cargue con este cadáver financiero.. Pero José Luis Rodríguez Zapatero no es Felipe González, al que le bastaba un párrafo de un editorial para acudir al llamado del tándem formado entonces por Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián. Desaparecido el primero hace un año, el segundo sigue con los hábitos de la presión editorial pero no consigue sacar el mismo rendimiento de Zapatero. Es más, el presidente odia que le presionen y monta en cólera cuando le vienen con estos recados.
Pero Cebrián no está para sutilezas. El grupo debe 6.000 millones de euros y en la última renegociación de la deuda acordó con los cuatro bancos sindicatos del crédito que reduciría su deuda en 1.900 millones antes de marzo de 2009. ¿De donde saldrán esos 1.900 millones? Los gestores del grupo intentan obtenerlos con la venta de ese pozo sin fondo de pérdidas que es Sogecable, gestora de Cuatro y Digital +, aunque salvando de la venta precisamente a la única televisión cuyas pérdidas no son descomunales, tal es el caso de Cuatro. El resto, al mejor postor. El problema es que ese mejor postor no existe.
El magnate mexicano Carlos Slim, el hombre cuya amistad con los también amigos Felipe González y Juan Luis Cebrián garantizaría la permanencia de este último como alto directivo del grupo tras la venta, está aplicando en esta operación la máxima empresarial que le ha convertido en el hombre más rico del planeta: comprar a precio de saldo, especialmente si el vendedor se presenta con el agua al cuello y más muerto que vivo, como es el actual caso de Prisa-Sogecable.
Carlos Slim aparte, y descontado el nulo interés de los multimedia europeos por la televisión de pago de Prisa, sólo cabe pensar en un comprador del mercado nacional que cargue con semejante lastre, y ése sólo puede ser Telefónica. La compañía de César Alierta, que con la compra de Digital + afianzaría su liderazgo en la televisión de pago, ya que quedaría prácticamente en situación de monopolio, considera irreal el primer precio exigido por Cebrián por Digital +: 3.500 millones de euros, ya rebajado a 2.500 a la vista de que Alierta no picaba y ofrece algo menos de mil millones, según las fuentes conocedoras de la negociación.
Tampoco es que a Alierta le entusiasme la idea, de ahí las presiones de Cebrián a Zapatero. Al fin y al cabo, se siente cómodo con el modelo de Imagenio, suficiente para su negocio de televisión digital, y si adquiriera Sogecable volvería a las primeras páginas de los periódicos, con un Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, convirtiéndole en el pimpanpum mediático.
Así de complicado se presenta el verano para Cebrián y compañía, con el tope bancario de marzo como espada de Damocles sobre su más que dudosa capacidad como empresario. Las empresas de Prisa en Portugal, cuya delegación encabeza ese otro lince ciego que es Miguel Gil, el que fuera portavoz de los gobiernos de Felipe González, son otra de las ventas seguras, aunque sean también en condiciones desfavorables para Prisa.
Los atónitos lectores -mayoritariamente la grey socialista, cuyo periódico de cabecera siempre ha sido El País- tratan cada día de entender cómo se conjugan estos editoriales y portadas cargados de misiles con el pase de lomo de muchas noticias producto de la inercia de tantos años y de una redacción acostumbrada desde siempre a ser comprensiva con los errores del partido amigo y entusiasta con sus aciertos.
ZAPATERO, ENFADADO
Ahí van unos ejemplos de los últimos sustos recibidos por los lectores. Primer pasmo. Poco antes del aniversario de los Cien Días de Gobierno, el domingo día de mayor tirada, El País se descuelga con dos titulares obtenidos tras una entrevista con Zapatero al cual más inquietante: "Es un tema opinable si hay crisis o no hay crisis" y "La directiva europea del retorno de inmigrantes es un avance progresista". Esto enfadó a muchos votantes, por las restricciones que suponen esa directiva.
El segundo pasmo enfadó profundamente al presidente del Gobierno. Es más, el golpe le dolió tanto que en La Moncloa se sucedieron llamadas y llamadas reclamando al entorno de Prisa que rebajara su tono de crítica, por mucho que quiera vender Sogecable. El País publicó en primera página una encuesta de Demoscopia en la que destacaba la caída de liderazgo de ZP: "Zapatero suspende en valoración ciudadana por la gestión de la crisis". Y, para rematar, en un editorial reclama del presidente que trate a los ciudadanos "con más madurez". Sucedió a mediados de julio. Luego tildó de "patético" el informe gubernamental sobre los Cien Días y atacó al PSC por su decisión de separar temporalmente a los niños inmigrantes del sistema escolar oficial, mientras se integran en la nueva sociedad.. Aquí la manipulación llegó a acusar a los socialistas catalanes de "segregar" a niños negros.
Pero las cifras cantan. A la situación extrema que atraviesa Prisa con Sogecable, hay que sumar la madurez del negocio de El País. En un año, de junio de 2007, a junio de 2008, tan sólo ha crecido en 500 lectores. Y eso que gastó más de 12 millones de euros en un nuevo diseño del periódico y atravesó el Rubicón sin retorno de la venta de vajillas, televisores y cuchillería diversa.