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Publicado el viernes 8 de agosto de 2008
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Los mercados se acomodan a la trinchera anti-inflacionaria de Trichet

Celebra el primer aniversario de la crisis de las ‘subprime’ con prudencia. Se deja flotar en la inercia, en la balsa de la contención a la inflación que revalidó con la subida de tipos de junio, satisface las previsiones que descuenta el consenso de los analistas y mantiene los tipos de interés en el 4,25%, (su nivel más elevado de los últimos siete años. Trichet no prevé modificación de su rumbo a corto plazo, aunque asegura que la BCE ‘sólo tiene una aguja en su brújula, la de la estabilidad de precios’. La desaceleración del crecimiento puede estropearle  la bitácora de su viaje más allá del invierno y obligarle, de nuevo, a corregir la dirección. Pero los mercado, en el estivo playero, se muestran tranquilos. Septiembre será otra cosa.

Pero para los miembros del BCA, no hay relax en agosto. Lo que antes fueron reuniones virtuales, en las que ‘laissez faire' era el credo de consenso, se ha convertido en una estación más el vía crucis de la autoridad monetaria europea, ahora que redefine el rumbo de la nave. La mayor parte de los analistas considera que la entidad monetaria europea no modificará los tipos de interés a lo largo de lo que queda de este año. Más aún ahora que el propio Trichet reconoce su convicción de que la actual política monetaria de la institución contribuirá a alcanzar el objetivo de estabilidad de precios en el medio plazo, a la vista de que la tasa de inflación anual probablemente se mantendrá bastante por encima de los niveles consecuentes con la estabilidad de precios por un periodo de tiempo prolongado, y los riesgos se mantienen-a juicio del BCE-  al alza en el medio y largo plazo.

La  inflación se lo ha puesto más fácil, tanto como para abrirle la puerta a la subida de tipos y amueblar su trinchera antiinflacionaria, pero Jean Claude Trichet camina en la cuerda floja, un estrecho desfiladero jalonado a un lado por la embestida  la inflación de la zona euro en una tasa interanual del 4,1% en julio -más del doble del objetivo de la entidad de mantener los precios por debajo, pero cerca del 2%- y, del otro, por la crisis financiera, con las tensiones crediticias consiguientes y las amenazas al crecimiento en el corazón de la Vieja Europa, que late ya con arritmias en Francia, Gran Bretaña y Alemania. Los datos de actividad del sector industrial y servicios de la zona euro se situaron en julio en los 47,4 y los 48,3 puntos, respectivamente, unos datos que indican contracción al encontrarse por debajo de 50. Además, la confianza de los europeos en la evolución de la economía cayó el pasado mes de los 94,9 a los 89,5 puntos, el nivel más bajo en cinco años y medio.

Las ventas del comercio minorista retrocedieron en junio un 0,6% en la zona del euro, respecto al mes anterior, según los datos difundidos por Eurostat, la oficina estadística comunitaria. En comparación con junio de 2007, las ventas cayeron el 3,1% en los países que comparten la moneda única.  El crecimiento económico del área euro se frena actualmente por los elevados precios de la energía y de los costes de financiación, así como la debilidad del mercado inmobiliario en algunos países, considera Commerzbank. Es decir, un escenario ante el que el BCE podría frenar sus ansias alcistas. En segundo lugar, el frenazo de la cotización del petróleo, que en las últimas cuatro semanas ha descendido 30 dólares -un 20,5%-, también puede propiciar que la entidad relaje sus temores inflacionistas. Aunque tampoco cabe esperar que Trichet se muestre demasiado condescendiente con los precios, ya que, según el dato provisional, la inflación de la zona euro repuntó a una tasa interanual del 4,1% en julio, más del doble del objetivo de la entidad de mantener los precios por debajo, pero cerca del 2%.

Autoinvestido caballero de la estabilidad monetaria, mirada al frente, el galo hace valer sus predios y pasea su escudo más clásico, el de señor de la contención de precios. La última radiografía del "monstruo inflacionario", la que procede del diagnóstico del propio BCE, se lo pone más fácil a Trichet. Ni las presiones de Berlín y Paris, las sugerencias del FMI erosionan su voluntad. Menos aún ahora que Ben Bernanke promete enfriar su manguera de bombero de los mercados, aparcar por primera vez desde agosto pasado su campaña de bajadas de tipos y mirar con lupa a la inflación y la debilidad del billete verde. Del brazo de Trichet, decidido a aminorar el desencuentro con la trinchera del BCE, Bernanke se recoloca el sombrero de guardián la estabilidad de los precios y el crecimiento sostenible.

Por el momento, el euribor a doce meses, la referencia a la que están vinculadas tres de cada cuatro hipotecas a tipo variable en España, ha pisado el freno. Ayer se moderó hasta el 5,35%, un nivel que, por ejemplo, es inferior al 5,43% en el que se encontraba justo antes de que incrementara los tipos en julio.