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Publicado el jueves 18 de septiembre de 2008
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Patronal, Gobierno, Banco de España, Oposición, nadie da la talla

Pero, ¿en manos de quiénes estamos?

Ante una de los peores momentos económicos de la historia, este  país se enfrenta a una crisis de liderazgo sin precedentes

Gerardo Díaz FerránJosé Hervás.– La patronal a palos, el presidente del Gobierno anunciando ahora el gran descubrimiento de que la crisis viene de EEUU, el Gobernador del Banco de España ausente una vez más del escenario de las grandes decisiones (en esta ocasión por una inoportuna intervención quirúrgica), Rajoy siguiendo la Vuelta, los sindicatos pendientes en todo caso de los Presupuestos... Y cada día con 3.000 ó 3.500 parados más, sin que exista una política económica clara y coherente. Pese a la complejidad del panorama, la sociedad está huérfana de liderazgo. Al presidente del Gobierno, insuflado de impotencia, todo lo que se le ocurre es lanzar a la opinión pública una crítica al líder de la oposición porque éste le pide, por favor, que haga algo. Mientras, la Bolsa se hunde y las empresas, cada vez más desvalorizadas, tropiezan con dificultades sin paliativos para financiarse.

El caso del presidente de los empresarios españoles es proverbial, sobre todo a la luz de la dimisión, segundos antes de ser despedido, del secretario general, Jiménez Aguilar. Ocurrió ayer, aunque la historia viene de lejos. No es novedad que el presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, se las tenga tiesas con sus empleados. Los pilotos de sus propias compañías aéreas le han denunciado por ser el dueño de unas empresas del sector donde menos se cumple con las normas de seguridad. Los pilotos han tenido que aprovechar una encuesta realizada de forma anónima por la Universidad y una entidad privada para poderlo airear. No corren buenos tiempos para los sindicatos. Pero que despida con los malos modos con que lo ha hecho con el secretario general y vicepresidente de la CEOE, se sale de todo cálculo imaginable.

Aseguran quienes de vez en cuando tienen una charla distendida con él que está muy nervioso y atenazado en su actuación pública en defensa de los intereses empresariales, como máximo ejecutivo de la patronal, de cara al Gobierno por el informe de los inspectores de Hacienda que le reclama más de 100 millones de euros. Informe que por cierto está en los tribunales y que muchos medios están empeñados en omitir. La publicidad de Marsans, sus promesas y capacidad de presionar a los medios de comunicación, pesan mucho. Si el Gobierno no se sintiera tan cómodo, teniéndolo como lo tiene pillado, y no contara con la defensa del bueno de Ramón Hermosilla, que consiguió evitarle la cárcel a los Albertos, nadie sabe muy bien cómo, no estaría presidiendo la otrora llamada gran patronal. Por mucho menos llevó Borrell a Lola Flores a la cárcel.

Sabemos que Díaz Ferrán está muy satisfecho, pero se lo debe hacer mirar. Pese a que ha promovido una votación secreta, aseguran que la primera en la historia de organización, sólo 22 han votado a favor de su propuesta, 12 lo han hecho en contra y uno ha estado ausente. No se recuerda que un presidente de la patronal se haya mantenido con el 40% en contra de los votos y que sólo le apoye el 60%  de los suyos.

La patronal, como los bancos centrales, trata de actuar por consenso. Esta votación deja a Díaz Ferrán en la obligación de convocar nuevas elecciones. Si las gana, bendito sea Dios, tendrá las manos libres para organizar la estructura según su idea y necesidades. Tal como está hoy, no tiene autoridad moral ni frente a los empresarios ni frente a la sociedad. Con lo necesitada que está de líderes capaces de encauzar el desaguisado que tenemos organizado.

En aras de la transparencia estaría bien que, como muchas entidades supervisoras, publicara un resumen de sus debates internos. Ya sé que es pedir lo imposible. No son públicos ni los presupuestos, ni el salario de sus máximos representantes. Carlos Espinosa de los Monteros decidió en su día escribir una carta al entonces presidente, José María Cuevas, pidiéndole mayor transparencia. Ante la falta de respuesta optó por abandonar la patronal. Pero no es la solución.

El error procede de la forma en que ha salido elegido. No tiene carisma entre los grandes empresarios. La patronal de la banca no cuenta con la CEOE prácticamente para nada. Ni Botín ni González necesitan a Días Ferrán para nada. Si no hubiera salido cooptado entre los vicepresidentes difícilmente estaría donde está. Contra los hechos no valen argumentos. No fue el mejor sistema y muchos lo dicen. Quienes no quieren perder la sinecura del cargo de la patronal se lo piensan mejor, pero lamentan que no se hiciera la elección por un proceso electoral normal, aunque al nuevo presidente no lo pudieran controlar.

Juan Jiménez Aguilar no se merecía el espectáculo de despedida que le ha preparado Díaz Ferrán, pese al mal momento que atraviesa. Con su debilidad perdemos todos. La crisis se está produciendo en la patronal cuando el empresariado más necesita de una voz que los defienda y represente. Dentro del complejísimo momento económico y financiero que vivimos la sociedad necesita de voces autorizadas. Y la CEOE las ha tenido. Ahora que el presidente de los populares parecía convencido de la necesidad de aproximarse a la realidad, contactando de manera más frecuente con sus representantes, la patronal la arma. No podemos por menos que volvernos a preguntar, como hacía recientemente ante unos colegas un exitoso financiero español: ¿pero en manos de quien estamos?