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Publicado el viernes 16 de octubre de 2009
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La Hipatia de Amenábar y la Egeria de Hispania

Cartel de ÁgoraJosé M. Sánchez Galera.– Con motivo del estreno de "Ágora", han aparecido algunos reproches hacia su director, Alejandro Amenábar. Se le achaca escasa fidelidad a la historia y maliciosa torsión de los hechos, al servicio de la apología que Amenábar realiza de su propia ideología. El afamado director de "Tesis" y "Abre los ojos" no oculta la manía que le tiene al cristianismo, así como su propio ateísmo y homosexualidad. Está en todo su derecho el hombre, lo mismo que sus críticos tienen derecho a señalar sus errores de bulto y su intención doctrinaria.

De este asunto hay un par de aspectos que no está de más destacar. Para empezar, Hipatia de Alejandría (355-415 d.C.) pertenecía a una escuela neoplatónica durante los últimos tiempos del Egipto grecolatino. La ciudad fundada por Alejandro Magno se encontraba en un rango de relativa importancia dentro del Imperio, aunque bastante por detrás de Roma y Constantinopla, y también de Antioquia y Cartago (donde vivió San Agustín, coetáneo de Hipatia). A lo largo de los siglos, la legendaria biblioteca de Alejandría fue saqueada o expoliada en varias ocasiones, sobre todo durante la crisis que siguió al asesinato de Cómodo (192 d.C.) hasta la implantación del Dominado (a partir del 284). En aquella época de anarquía y dictaduras militares, Alejandría sufre los estragos de las disputas por el Imperio en cinco ocasiones, incluso a cargo de emperadores como Diocleciano o Caracalla.

En resumen, Hipatia vivió en un tiempo bastante propia a las soluciones tajantes y poco definitivas. Hipatia se dedicó a la filosofía y la enseñanza, y fue conocida como mujer de una moral intachable, basada en la abstinencia sexual y la moderación. Durante su juventud, el obispo de Alejandría fue San Atanasio, uno de los principales teólogos católicos. Como era amiga de algunos políticos, se encontró en medio de una seria disputa entre dos cristianos; el obispo y el prefecto de la ciudad. Incitado por un alto funcionario, un grupo de seguidores del obispo la asesinó en medio de la calle, lapidándola con las tejas que sobraban de una obra. En esa misma época mueren asesinados en Alejandría los obispos Jorge de Capadocia y Proterio, así como un prefecto imperial.

En segundo lugar, resulta curioso que Amenábar se fije en un personaje de sexta fila de la Antigüedad. Para remarcar el atractivo de Hipatia (que tenía 60 añazos cuando muere), se ha necesitado contratar a la guapa y joven Rachel Weisz. Amenábar usa como fuentes a autores que, con mayor o menor conocimiento de la Roma clásica, han realizado interpretaciones deformes de Hipatia, al servicio de tópicos del siglo XVIII o de doctrinas filosóficas delicuescentes. En los mismos años de Hipatia, la hispana Egeria (Etheria para algunos) recorrió medio mundo para conocer de primera mano los lugares sagrados (Monte Sinaí, Éfeso, Jerusalén, Jericó, Tarso, etc.). Egeria nos ha dejado un libro esencial de gran importancia sobre la liturgia, las costumbres, caminos, postas y lenguaje del Bajo Imperio. Su legado supera con creces al de Hipatia, aunque tiene en su "debe" el hecho de ser cristiana muy devota. No encaja en el tópico hoy "políticamente correcto" que Amenábar asume. Por cierto, el "peplum" era una vestimenta femenina.