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Publicado el miércoles 11 de marzo de 2009
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Sólo falta el sí del interesado tras el apoyo de Aguirre, Gallardón y del PSOE

Rodrigo Rato se perfila como el candidato del consenso para sustituir a Blesa en Caja Madrid

Rajoy apoya la operación para zanjar la cuestión sucesoria hasta las próximas elecciones generales

 

Miguel Ángel Valero.– Sólo falta el sí del candidato, el ex vicepresidente económico del Gobierno con José María Aznar, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), miembro del consejo asesor de Criteria CaixaCorp y del consejo asesor internacional del Santander, director general senior del banco de inversión norteamericano Lazard, su hólding cotizado. Rato no dice esta boca es mía, aseguran en el Partido Popular, a pesar de que ha conseguido un extraño consenso en torno a su figura. El PSOE madrileño, con Tomás Gómez al frente; el líder del PP nacional, Mariano Rajoy, claramente reforzado tras recuperar Galicia; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y su sempiterno rival en la pugna sucesoria en el PP, el alcalde del Ayuntamiento de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, se han puesto extraoficialmente de acuerdo y todos aceptarían a Rato como presidente de Caja Madrid. Obviamente, la idea de todos es retirarlo como alternativa al propio Rajoy al frente del Partido Popular. Pero Galicia ha cambiado las cosas.

Rajoy aplaude la operación, muy atractiva para él. Se quita definitivamente a la única persona que dentro del PP suscita apoyo suficiente como para complicarle la permanencia al frente del partido que encabeza la oposición en caso de unos malos resultados en las elecciones europeas. Y zanja de paso uno de los mayores quebraderos de cabeza que la he dado la rivalidad entre Aguirre y Gallardón, que ha afectado de lleno a la cuarta entidad financiera del país.

Esperanza Aguirre, que ve fracasado su intento de imponer a su vicepresidente, Ignacio González, al frente de la que considera "su" caja, logra que quien se ha atrevido a hacer frente al mayor intervencionismo político en la entidad de ahorro, madrileña, Miguel Blesa, se marche.

Por el mismo motivo, Alberto Ruiz Gallardón, rival de Aguirre en la pugna sucesoria de Rajoy, ve cómo se aleja de Caja Madrid una de sus bestias negras, Ignacio González, y cómo puede recuperar peso en la entidad financiera tras el drástico recorte impuesto por la Comunidad de Madrid en la polémica Ley autonómica de Cajas. Que, por cierto, no se aplicaría hasta que no finalice el proceso judicial que ya ha anunciado el todavía presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, con el apoyo mayoritario del consejo.

Y Tomás Gómez, secretario general del PSOE madrileño, da el visto bueno (para nombrar al presidente de Caja Madrid se necesitan sus votos) porque, a cambio de renunciar a su propio candidato, el ex ministro de Comercio y actual presidente del Consejo Superior de las Cámaras de Comercio, Javier Gómez Navarro, lograría una vicepresidencia y una posición significativa en la Comisión Ejecutiva de Caja Madrid. Es decir, la misma posición clave que mantenía el PSOE antes del tamayazo de 2003, que impidió la llegada de Rafael Simancas a la presidencia de Caja Madrid. De paso, impide el acceso a la presidencia de Caja Madrid de otros candidatos del PP, como el denostado Ignacio González; el actual vicepresidente de la entidad financiera y ex secretario de Estado de Hacienda, Estanislao Rodríguez Ponga, inicialmente entusiasta en su papel de látigo de Blesa; o el ex presidente de Ibercaja y de Endesa, Manuel Pizarro.

La candidatura de Rato ha cobrado un  fuerte impulso con la negativa de Luis de Guindos, ex secretario de Estado de Economía y actualmente en Price Waterhouse Coopers. De Guindos, propuesto por el PP de Madrid como candidato de consenso y no mal visto por los socialistas, ha declinado la oferta para sustituir a Blesa. Según unos en el PP, por el efecto negativo de haber presidido en España y Portugal Lehman Brothers, el banco de inversión norteamericano cuya quiebra agravó la crisis financiera internacional, aunque los resultados de la filial hispánica eran brillantes. Según otros, también del PP; para abrir la puerta de par en par a su antiguo jefe.

Rato calla. Y medita. Porque hay muchos cabos sueltos. Una ley autonómica de cajas francamente intervencionista, pese a lo que presume Aguirre de liberal, y que reduce sustancialmente el peso del Ayuntamiento de Madrid en sus órganos de gobierno. La necesidad de consensuar las grandes decisiones con el PSOE, Izquierda Unida y el sindicato CCOO, con un gran peso en la entidad. Y los problemas que plantean sus actuales cargos, como el de Criteria Caixa Corp o el del Santander (recompensado con 200.000 euros anuales), entidades competidoras de Caja Madrid. O la pensión del FMI, que asciende a 80.000 dólares (52.171,6 euros). Y el futuro de Rajoy, aunque Rato parece sincero cuando asegura a diestro y siniestro que no quiere volver a la política.

Y hay otro argumento de peso. Rato no aceptará desbancar a Blesa de la presidencia de Caja Madrid hasta no recibir el nihil obstat de su presidente del Gobierno, José María Aznar. Que fue precisamente quien colocó a su compañero de pupitre al frente de la caja, arrebatando el puesto a Jaime Terceiro gracias a los votos decisivos de CCOO y de Izquierda Unida.