Monitor de EE.UU.
Obama tendrá que pedir 3,9 billones (con B) de dólares en los próximos tres años
2010: comienza la pesadilla del pago de la deuda pública
El endeudamiento de los países de la OCDE, el más elevado en 50 años
La crisis subprime será recordada en los manuales de historia económica como la mayor desde los tiempos de la Gran Depresión por sus devastadores efectos en el crecimiento económico, y también por la carga de deuda pública que pesará sobre los presupuestos nacionales para financiar las políticas keynesianas llevadas a cabo contra la crisis financiera. España, Estados Unidos, Japón, Alemania, Irlanda o Gran Bretaña, entre otros países industrializados, se enfrentarán desde este año a unos costes financieros crecientes por pago de deuda como consecuencia de la apelación a los mercados financieros para costear las medidas de estímulo. El escenario resulta poco alentador porque además de producirse el temido crowding out, es decir la expulsión del sector privado hacia sectores o economías más atractivos, los Tesoros públicos tendrán que gestionar sus voluminosas carteras de deuda en un contexto de tipos de interés cambiantes en una sola dirección: hacia arriba.
Por ejemplo, un pequeño aumento en los tipos de interés de la Fed de un punto porcentual supondrá a los contribuyentes un coste de financiación extra de unos 80.000 millones de dólares sólo este año, una cantidad que equivale a los presupuestos conjuntos de los departamentos de Energía y Educación estadounidenses. Según los expertos, esta suma casi es una fruslería, pues el Tesoro podría haber tenido que pagar el año pasado unos 221.000 millones más de haber tenido los altos tipos de interés vigentes en 2008.
La Administración de Barak Obama estima que tendrá que pedir prestados unos 3,5 billones de dólares más en los próximos tres años, pero además el Tesoro tendrá que refinanciar un enorme volumen de deuda a corto emitida durante lo peor de la crisis y que expira ahora. Exactamente el 36% de los instrumentos a corto en circulación, 1,6 billones de dólares, se espera que venza en los próximos meses.
Un país que hasta 2007 era calificado como un exitoso modelo de crecimiento, el llamado tigre celta - Irlanda -, es ahora un nuevo paradigma, pero en sentido contrario. Con un sobreendeudamiento alarmante, su Gobierno ahora va a tener que ajustarse el cinturón para evitar el colapso. Las autoridades ha decidido recortar los salarios de 400.000 funcionarios y los gastos sociales de colectivos como viudas, madres solteras o de niños discapacitados. De momento, se ha aprobado un nuevo impuesto, bautizado por la prensa como el "Impuesto Bono" (por el cantante del grupo U2), que grava a los irlandeses ricos que viven fuera del país para intentar ingresar algún dinero para las exhaustas arcas del país. Para dar ejemplo, el primer ministro, Brian Cowe se ha recortado su sueldo, que es igual al de Obama, en un 20 por ciento.
Según la OCDE, los países más ricos del mundo arrojan los niveles de endeudamiento más altos en por lo menos 50 años, y aunque la senda de la recuperación podría ya estar trazada, hay dudas sobre sus sostenibilidad en el tiempo, según el economista jefe de la Organización, Carlo Padoan."La recuperación podría ser más sólida de lo esperado pero ello no significa que también sea más sostenible. Este crecimiento es el resultado de políticas públicas de diferente naturaleza, pero no está basado en el sector privado".
Los déficit públicos de los países industrializados se han triplicado durante la crisis financiera por la inyección de liquidez para que el sistema no colapsara, como planes de rescate y paquetes de estímulo económico, y en un entorno de caída de los ingresos fiscales. Con un endeudamiento en aumento, la OCDE prevé que para 2011, los países ricos podrían adeudar a sus acreedores una suma superior a sus respectivos PIB.
"Frenar este cáncer es necesario y la consolidación fiscal será sustancial en algunos casos y drástica en otros", según un reciente informe de la OCDE.
Así las cosas, con la actividad creciendo a ritmos moderados, claramente insuficientes para que vayan equilibrándose las cuentas públicas, la opción que queda es la reducción de gastos o el aumento de impuestos. Estados Unidos ya ha dado el primer paso al crear un nuevo impuesto que gravará a una cincuentena de entidades del sector financiero-asegurador por su responsabilidad en la crisis subprime. El Tesoro espera recaudar unos 62.000 millones de dólares. Como no podía ser de otra manera, al presidente de JPMorgan, James Dimon, no le gusta la idea. Vivir para ver.