Monitor de la Construcción

Después del Estado, el primer cliente de las cons­truc­toras son las ener­gé­ticas

La construcción se refugia en la energía

La caída del ne­gocio del la­drillo re­fuerza la es­tra­tegia de di­ver­si­fi­ca­ción

Energía eólica
Energía eólica

La dura co­yun­tura que atra­viesa la cons­truc­ción ha hecho volver la aten­ción de las em­presas del sec­tor, al menos de las que tienen ca­pa­cidad tec­no­ló­gica, me­dios hu­manos y ma­te­riales y ex­pe­riencia para ello, a la di­ver­si­fi­ca­ción, que junto con la in­ter­na­cio­na­li­za­ción ha sido desde hace ya años una de las vías más uti­li­zadas para re­ducir la ex­ce­siva ex­po­si­ción del ne­gocio a la ac­ti­vidad prin­cipal por parte de mu­chos grupos y em­pre­sas, sobre todo de las de­di­cadas a la obra ci­vil. La di­ver­si­fi­ca­ción ha ido per­mi­tiendo a estas em­presas apro­ve­char su ex­pe­riencia con los clientes pú­blicos y la ges­tión de grandes con­tratos com­plejos para in­cluir en su cuentas de re­sul­tados in­gresos re­cu­rren­tes, mayor ren­ta­bi­lidad que la que pro­duce la ac­ti­vidad cons­truc­tora y re­partir el riesgo en caso de que la cons­truc­ción, como ahora ocu­rre, sufra caídas no pre­vistas que ame­nacen la via­bi­lidad em­pre­sa­rial.

Uno de los dos nichos de negocio tradicional de la diversificación de las constructoras -junto a los servicios de todo tipo, desde los urbanos a los aeroportuarios, portuarios o tratamiento de residuos- ha sido la energía, por ser su demanda constante para toda actividad productiva. Al ser un bien estratégico, su disponibilidad es primordial para la actividad económica y por supuesto para los ciudadanos, y tiene una relación directa con el sector de la construcción. No solo es esta actividad un importante consumidor de energía y también determinante para dotar y regular el consumo energético de edificios de todo tipo, desde viviendas a edificaciones industriales y oficinas, sino que contribuye a la propia actividad mediante la construcción de infraestructuras de transporte de energía y de las instalaciones de producción de la misma como centrales eléctricas, hidroeléctricas, nucleares o plataformas eólicas y de otros tipos.

El sector energético es el mayor cliente privado de la construcción. Y lo será cada vez con mayor intensidad porque a medio y largo plazo la demanda de energía va a seguir creciendo y será necesario aumentar nuestra potencia eléctrica instalada. Además habrá que tomar decisiones porque el actual modelo energético presenta serias dudas sobre su eficiencia técnica y su sostenibilidad económica; nunca se ha hablado tanto de principios y objetivos -"nuevo modelo energético"- y tan poco, desde los organismos oficiales que lo determinan, de coste.

Y es que nuestras inversiones en infraestructuras para la producción de energía están gobernadas por los estímulos del BOE. Solo ese dirigismo estatal puede explicar, por ejemplo, el reciente desarrollo de las instalaciones de energías fotovoltaicas en nuestro país, a causa de que recibe estímulos que multiplican hasta por seis los precios de mercado, lo  cual hace que las decisiones de inversión empresariales en instalación de nuevas infraestructuras en este ámbito estén a menudo más ligadas a la rentabilidad vía prima que a la racionalidad económica del mix; a ello se añade que la ruptura en la práctica de la unidad del mercado interior a causa de la actuación de las comunidades  autónomas complica enormemente la toma de decisiones empresariales e impide la utilización de sinergias y el intercambio de experiencias.

Sin embargo ahora, a pesar de la dura crisis, hay posibilidades de aumentar las inversiones en instalaciones productoras de energía. Por ejemplo, la UE tiene establecido un programa de ayuda a la recuperación económica desde 2009 que establece la concesión de ayuda financiera comunitaria a proyectos energéticos, o el propio Plan nacional de Infraestructuras de los Sectores de Electricidad y Gas 2008-2016, que prevé una inversión, a través de Enagás, de más de 10.000 millones de euros en nuevas infraestructuras de gas. Son muy necesarias ahora nuevas inversiones en este aspecto no solo para asegurar el suministro general, sino debido a la elevada demanda energética de ciertas actividades de nuevo cuño, como son las líneas ferroviarias de alta velocidad o las desaladoras. Esta disponibilidad de fondos es, ahora una singular oportunidad para el sector constructor que debe aprovecharse.  

Muchas empresas constructoras han diversificado su actividad hacia las energías renovables, ya que la apuesta estatal y comunitaria es muy fuerte a su favor. Sin embargo no se está teniendo en cuenta que, al ser energías poco "predecibles" demandan inversiones complementarias de almacenaje y reequilibrio. En cuanto a la procedente de la biomasa, la termosolar y la fotovoltaica, las nuevas instalaciones necesarias para cumplir los objetivos marcados y la adecuación de las existentes han de ser estimuladas con subvenciones a la investigación que permitan mejoras sustanciales en eficiencia y competitividad, ya que son energías que, aunque nunca serán determinantes y muy significativas en el mix, tienen por delante un futuro importante, tanto en términos ambientales como de ahorro alternativo de combustibles fósiles.

En España se ha descartado por parte del Gobierno el debate nuclear. Pero se trata de una energía limpia casi autóctona, fácilmente integrable en el sistema y, a causa de los rigurosos controles y la alta tecnología aplicados, muy segura. Es inagotable en comparación con las energías fósiles, y muy atractiva económicamente. La energía nuclear es una respuesta fiable a las preocupaciones crecientes de inseguridad del suministro eléctrico, reduce significativamente las emisiones de CO2, es una energía de más baja emisión de carbono y sus costes y suministro son muy estables.

El negocio de las nuevas centrales

Es sabido que habitualmente España cubre sus déficits puntuales de suministro con la importación de energía de este tipo producida en nuestro país vecino, Francia y que el propio ministerio de Industria, aunque lo disfrace o no lo diga explícitamente, cuenta con la producción de las actuales centrales nucleares más allá de su vida programada oficialmente. La puesta en marcha de nuevas centrales y la adecuación tecnológica de muchas de las existentes sería, además, un importante impulso a la actividad de la construcción.

Otros campos ligados a la energía en los que la construcción puede generar negocio son el transporte -según el IDAE el trasporte representó en 2007 el 39% del consumo total de energía, frente al 17% del sector residencial o el 30% del industrial-, en especial el transporte por carretera que es, dentro del consumo energético de los medios del transporte, el que más consume, con casi el 80% del total.

La solución no es solo un mayor desarrollo de la red ferroviaria en especial la de mercancías, asignatura pendiente en nuestra competitividad con los países de la eurozona, sino acometer actuaciones específicas sobre la red de carreteras existente para reducir el consumo de energía, mediante la adecuación de zonas de retenciones al volumen real de usuarios por ejemplo, la ampliación del número de carriles en tramos determinados, la creación rutas alternativas o la incorporación de zonas de recarga para vehículos eléctricos.

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