SEGURIDAD

Cuidado con el directivo incansable

Puede es­conder fraude in­terno en la em­presa

La crisis ha dis­pa­rado el nú­mero de bi­lletes falsos en cir­cu­la­ción, los in­tentos de fraude a las com­pañías de se­gu­ros, y otras pi­ca­res­cas. También, el fraude in­terno en las em­pre­sas. "El fraude es di­fícil de medir porque su propia na­tu­ra­leza trata de es­conder o dis­frazar la reali­dad; sin em­bargo, re­fleja una serie de de­no­mi­na­dores co­munes en el en­torno en el que se pro­duce: la­xitud de con­troles in­ter­nos, pro­funda con­fianza en di­rec­tivos o em­pleados an­ti­guos, com­pro­miso ex­ce­sivo con el tra­bajo, es­tilo de mi­cro‐­ge­ren­cia, entre otras prác­ti­cas", señala un in­forme de FTI Consulting, es­pe­cia­li­zada en ase­so­ra­miento es­tra­té­gico para em­presas que se en­frentan a si­tua­ciones crí­ticas para la con­ti­nuidad de su ne­go­cio.

Según el estudio de esta consultora, el perfil del defraudador interno de una empresa también se repite con frecuencia. La amenaza de fraude suele esconderse detrás de "directivos con muchos años de trabajo en la empresa, aquellos sobre los que no es necesario instaurar sistemas de control porque son ‘de toda la vida, como de la familia". También, entre los "directivos trabajadores incansables, son muy eficientes pero aún así la jornada normal no les alcanza para completar su trabajo, y prefieren renunciar a sus vacaciones y seguir trabajando (porque además de los intereses de la empresa tienen intereses personales, que no quieren que nadie descubra)".

Un tercer perfil propenso al fraude interno en una empresa es el del directivo "samaritano". "No buscan un beneficio propio, pero están tan comprometidos con los objetivos de su empresa, que apuestan por dar una imagen pública de salubridad económico‐empresarial (ficticia en algunos casos), por lo que inflan los resultados económicos, o camuflan los descalabros".

También existen los directivos que aplican tácticas de "microgerencia, porque no confían en el talento de nadie, más que en el de ellos mismos... (y porque no quieren arriesgarse a que alguien les descubra...)". Y por supuesto hay trabajadores dentro de las empresas "supuestamente leales y emprendedores, con ansias de dinero fácil, que no dudan en utilizar procedimientos más que dudosos e incluso ilegales para conseguirlo".

A estos perfiles se suma el ansia por continuar ganando dinero aún cuando las circunstancias son adversas, como sucede en la situación actual. Este afán de lucro desmedido es el que está detrás de los escándalos espectaculares de fraude en las empresas, como Enron, WorldCom, Parmalat o el más reciente de Madoff. "Si la situación del mercado no hubiera restringido el acceso al crédito y los inversores no hubiesen requerido el retorno de sus fondos, quizás el modelo de Madoff hubiera continuado indefinidamente", advierte Mariela Geier, directora general de FTI Consulting España.

La diversificación de los negocios de una empresa, con lo que supone de incremento del número de interlocutores y de aumento de la complejidad de las operaciones, y la globalización de la economía, hacen que sea muy difícil prevenir eficazmente los distintos tipos de fraude. Según Geier, "los Gobiernos y sus sistemas de regulación todavía no están a la altura del mercado financiero. La tecnología y las herramientas financieras avanzan más rápido que los entes reguladores, y eso genera oportunidades de fraude muy importantes, difíciles de contrarrestar".

Por ello, es tan importante que las empresas asuman su parte de responsabilidad y tomen medidas para tratar de evitar el fraude interno que afectan directamente no sólo a su cuenta de resultados o a su cotización en Bolsa, sino también a su reputación corporativa. "Si el rol regulador del Estado no es suficiente, la empresa debe invertir más en su propia prevención de fraude", apunta la directora de FTI Consulting en España. Y tratar de detectar las posibles brechas de seguridad dentro de la empresa, como la debilidad de los controles internos, que facilitan el robo de información, el efecto en la cuenta de resultados o en la cotización bursátil se puede arreglar. Pero el daño a la reputación de una empresa provocado por un fraude interno, sobre todo si es de un alto directivo, es bastante más difícil de reparar.

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