El con­sejo de Portugal Telecom man­tendrá el sus­pense sobre la oferta es­pañola hasta el 30 de junio

Telefónica aumenta la presión para quedarse con el control exclusivo de la brasileña Vivo

El ma­quia­ve­lismo de la es­tra­tegia lusa de­tec­tado en Madrid y entre los ana­listas

Cesar Alierta
Cesar Alierta

(Lisboa).- El cu­le­brón his­pa­no-­luso en torno al con­trol de la bra­si­leña Vivo sólo puede tener una sa­lida po­si­ble: por las buenas o por las ma­las, la es­pañola Telefónica rom­perá su alianza con Portugal Telecom (PT) y se que­dará al final con el con­trol ex­clu­sivo de la mayor ope­ra­dora bra­si­leña de te­le­fónía mó­vil, ahora re­par­tido entre Telefónica y PT. Al menos la ma­yoría de las apuestas van esa di­rec­ción. Sólo hay que es­cu­char a los ana­listas y con­sultar la prensa del país ve­cino: sean a favor o en contra de la pro­puesta de Telefónica, en los ar­gu­mentos de unos y otros ya no queda es­pacio para pro­clamas na­cio­na­lis­tas, como por ejemplo el "interés es­tra­té­gico" que ten­dría Vivo para PT y para Portugal. El pro­blema luso es que el con­sejo de PT nunca ha que­rido poner un pre­cio, aunque desde el primer mo­mento ad­virtió que el que tenía en­cima de la mesa era "insuficiente". En cual­quier caso, de lo único que se habla ahora en Lisboa es de di­nero a se­cas: unos creen que Cesar Alierta se pre­sen­tará a la junta de PT el 30 de junio con su úl­tima oferta, de 6.500 mi­llones de euros (800 mi­llones por en­cima de la oferta ini­cial), y otros apuestan a que an­tes, du­rante o des­pués de la junta, Telefónica hará un nuevo es­fuerzo o lo que sea para sa­lirse con la suya.

Lo cierto es que el presidente ejecutivo de PT, Zeinal Bava, mantiene ocultas sus cartas, pero sólo a medias. Al contrario de algunas accionistas del 'núcleo duro' luso, como el BES (7,99%) y Ongoing (7,3%), cuyos máximos responsables respectivos Ricardo Salgado y Nuno Vasconcelos llegaron a pedir al Gobierno de Lisboa que utilziara la "golden share" del Estado para proteger los "intereses estratégicos" de PT, Bava tuvo siempre la precaución de poner la cuestión en términos de mercado. Desde el primer día -lo mismo que el miércolesr en la conferencia organizada por el Santander-  lo único que hizo para justificar el rechazo de la oferta de Telefónica, fue invocar el "interés estratégico" de Vivo y la capacidad que tiene para crear valor, sin caer en la tentación del discurso patriótico, nacionalista y  anti-español para que el Gobierno saliera en defensa de los intereses de PT.

En todo este asunto lo que destaca es la habilidad maquiavélica con que el CEO de PT viene lidiando desde el 6 de mayo el "toro bravo" de Telefónica. Buena prueba de ello fue la copiosa nota enviada la pasada semana a la Comisión del Mercado de Valores lusa, donde Bava pasó revista las presuntas "insinuaciones intimidatorias" de Telefónica (la eventual congelación de los dividendos de Vivo y la posibilidad de una liquidación unilateral de la joint venture Brasilcel con sede en Holanda y que es la que ostenta la participación del 59,4% de Vivo compartida a partes iguales por ambas operadores ibéricas), para advertir que el caso de que Telefónica ejecutara sus "amenazas", PT pasaría al ataque y pondría el conflicto en manos de la justicia holandesa.

Sin embargo, fueran pocos los analistas lusos que se fijaron en dos aspectos importantes: lo primero, es que para no verse acusado de haber olvidado sus obligaciones fiduciarias, el consejo de PT no tuvo más remedio que prevenir a los accionistas de que en caso de que la oferta de Telefónica fuera rechazada por la junta del 30 de junio, no cabía ninguna seguridad de que pudieran recibir en el futuro un valor por Vivo "parecido" al de la propuesta española. Lo que si promete Bava fue lo que dijo en la conferencia del Santander: que en el caso de que los accionistas decidan aceptar la oferta de Telefónica, PT buscará alternativas en Brasil y confía en su capacidad de gestión para crear tanto o más valor que el atribuido hoy a Vivo. La conclusión que los accionistas deberían sacar, es pues que hay vida para PT para allá de Vivo.

El segundo aspecto es que aquellos accionistas conscientes de lo que está en juego, tendrían que ponerse a temblar ante la lectura del montón de páginas en las que el consejo de PT pasa revista a todas y cada una de las salidas judiciales posibles ante los tribunales holandeses en el caso de que Telefónica decidiera al ejecutar sus presuntas "insinuaciones intimidatorias", lo que podría inclusive llevar la operadora lusa a poner una querella contra la española, por "abuso de poder" y "mala fe" en la gestión conjunta de Vivo. Sólo cabria pues sacar una conclusión: de algún modo, Bava quiso prevenir a los accionistas de que aceptar la oferta española sería más conveniente que iniciar una larga y dura pelea jurídica.

Ocurre, además, que lo único que hizo el consejo de PT hasta ahora, fue rechazar la oferta de Telefónica por "insuficiente", pero sin poner precio a Vivo y sobre todo sin hacer lo que le están reclamando a gritos por lo menos algunos accionistas de referencia del núcleo duro luso: que antes de la junta del 30 de junio, sumando todos los pros y los contras (los 6.500 millones de euros de la oferta española, la ruptura de la alianza con Telefónica, la perspectiva de un largo conflicto jurídico, las alternativas eventuales a Vivo, etc.), haga una recomendación muy clara a los accionistas, sobre si tienen que votar a "favor" o en "contra" la venta de los 30% de Vivo.

Eso es lo que reclama públicamente el presidente de Ongoing, Nuno Vasconcelos, que pese a haberse ya pronunciado en contra de la oferta española entiende no obstante que es a los gestores de PT a los que le c orresponde n asumir la responsabilidad de la decisión. Aunque no sea tan explícita, esa es también la posición del presidente del BES, Ricardo Salgado, que fue el primero señalar que la propuesta de Telefónica tenia al núcleo duro luso dividido, cuando afirmó aquello de que "en la vida todo tiene precio, excepto el honor". La conclusión parece  pues obvia: aunque sea a regañadientes, unos y otros sólo piensan en hacer caja, pero para salvar las apariencias, confían en que Bava será lo suficientemente hábil para forzar a Alierta a mejorar su oferta, aunque sea "in extremis", para que sea considerada como "irrechazable".

Mientras tanto, Bava rechaza que la última propuesta de Telefónica, que consiste en regalar a los accionistas de PT un dividendo extra de 4 euros por acción (unos 3.900 millones de euros al total) sea tomada en consideración. Sin embargo, reconoce que no incumbe al consejo de PT  tomar una decisión al respecto, sino al presidente de la junta de accionistas, Antonio Meneses Cordeiro, que va a tener un rol decisivo: con la legislación lusa y los estatutos de PT en mano, tendrá toda libertad para decidir si Telefónica podrá presentar su propuesta de dividendo (quedaría condicionada a la operación de Vivo) y sobre todo si podrá votar y si su 10% de PT  sea tenido en cuenta para calcular la asistencia en la Junta.

También aquí las espadas están en alto. Unos juristas sostienen que Alierta tendría que estar calladito en la Junta, y otros que en el caso de que Meneses Cordeiro decida ponerse al lado del consejo, Telefónica tendría argumentos jurídicos suficientes para impugnar su exclusión. En 2007, cuando estaba en juego la OPA de Sonae, el presidente de la Junta permitió al grupo de Belmiro de Azevedo, con 1% de PT, votar en la Junta.  Meneses Cordeiro explicaría después que no tom´p alegremente esa decisión y que sólo cedió ante la fuerte presión de la prensa y de los mercados. Ahora tendrá que tener en cuenta, principalmente, el impacto que tendría la exclusión de Telefónica de la junta, de cara al prestigio internacional de PT.

A dos semanas del previsto desenlace del culebrón, ya sólo con argumentos financieros y estratégicos sobre la mesa, sin la histeria nacionalista anti española que fue utilizada como munición para llevar Telefónica a incrementar su oferta inicial, unos y otros hacen cuentas. Admitiendo que el núcleo duro luso se mantenga unido, tendría un 26% de votos, cuyo peso relativo se pondría cerca de la mayoría simple necesaria para aprobar la venta del 30% de Vivo. Con un 70% de participación (lo habitual en las juntas de PT, que tiene 70% de accionistas internacionales, con un 40% muy dispersos), un 35% del capital seria pues suficiente para derrotar a Telefónica, y si la operadora española fuera excluida de la junta, el núcleo duro luso sólo precisaría un apoyo suplementario del 4% del accionariado. Con lo cual el suspense está garantizado hasta el final.

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