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Una extraña sentencia del Supremo contra Alfredo Sáenz

Alfredo Sáenz Abad
Alfredo Sáenz Abad

La ac­tua­lidad manda y hoy El Mundo pu­blica que el Tribunal Supremo va a con­denar a Alfredo Sáenz Abad, con­se­jero de­le­gado del Banco Santander, a la in­ha­bi­li­ta­ción como ban­quero por haber in­cu­rrido en los pre­suntos de­litos de acu­sa­ción falsa y es­tafa pro­ce­sal. Esta de­ci­sión la ha­bría to­mado la Sala de lo Penal del Supremo por el sor­pren­dente re­sul­tado de tres votos a favor y dos en con­tra, si­tua­ción ab­so­lu­ta­mente ex­tra­or­di­naria en este alto tri­bu­nal. Dando por buena la in­for­ma­ción, y hay mu­chas ra­zones para pensar que es así, dado que la firma María Peral, que es la per­sona con mejor in­for­ma­ción de este Tribunal, la pri­mera re­fle­xión es: ¿Cómo es po­sible que se haya lle­gado hasta aquí tra­tán­dose de unos he­chos de 1994?

En el verano de ese año -es decir, seis meses después de que hubiera sido intervenido Banesto, separado del cargo Mario Conde, nombrado presidente Alfredo Sáenz y adjudicado el banco en subasta al Santander-, dentro del proceso de recuperación de unos créditos, los servicios jurídicos de Banesto en Barcelona interpusieron una querella contra cuatro empresarios propietarios de una empresa (Harry Walker) que no pagaba unos créditos de 750 millones de pesetas. Era agosto de 1994, el juez al que le tocó el caso se fue de vacaciones y el caso le cayó a Lluis Pascual Estevill, que metió a la cárcel de manera preventiva a tres de estos empresarios.  

¿Cuál es el problema, que lleva a esta situación? Que los empresarios consideraron que la deuda era de la empresa, no de ellos, aunque fueran los dueños, y que la acusación de Banesto de que se habían llevado el dinero de la empresa Harry Walker hacia otras empresas suyas era totalmente falsa y, además, el banco lo sabía. Adicionalmente, consideran que  la querella de Banesto tenía por objeto amedrentarles y cobrar la deuda, para lo que Estevill habría jugado un papel clave. Pero no sólo eso; además, que fue Alfredo Sáenz quien decidió todo.

Según el relato de la acusación, que se han creído tres de los cinco jueces del Supremo, en julio de 1994 Alfredo Sáenz Abad estaba totalmente al corriente de que los servicios jurídicos de Barcelona habían puesto una querella falsa, con una argumentación falsa, contra unos empresarios que tenían una compañía que adeudaba 750 millones de pesetas. Además, que Banesto estaría compinchado con el juez Estevill para que les metiera en la cárcel y les obligara a afianzar las deudas.

Como decía, Banesto había sido intervenido seis meses antes y los servicios de inspección del Banco de España habían determinado que tenía 503.000 millones de pesetas en créditos morosos. Con este panorama, ¿alguien cree de verdad que Alfredo Sáenz iba a estar en el detalle de lo que pasaba en la asesoría jurídica de Barcelona con un préstamo que no significaba más allá del 0,15% de los morosos? ¿Qué iba a hacer entonces con aquellos que debían 3.000 millones de pesetas?

El Juzgado de Instrucción 18 de Barcelona no se creyó estos hechos en el mismo caso, pero planteado separadamente por uno de los cuatro empresarios, en 2004. Sin embargo, la misma Audiencia Provincial de Barcelona había seguido otro procedimiento en el que los querellantes tuvieron más éxito y consiguieron el 28 de diciembre (gran día) de 2010 que condenaran a Alfredo Sáenz Abad.  

El Código Penal español, hasta la reforma aprobada hace poco más de un mes, no reconoce la posibilidad de que un delito penal sea cometido por una persona jurídica, siempre tiene que ser una persona física. La Audiencia Nacional exoneró en diciembre pasado a Arnaldo Otegui del delito de enaltecimiento del terrorismo por los hechos acaecidos en noviembre de 2004 en el estadio de Anoeta de San Sebastián en un acto de los abertzales donde claramente se enalteció al terrorismo. Como no se ha podido probar que efectivamente fuera Otegui quien organizó todo, resulta que queda exonerado.

Sin embargo, en este caso, ¿sí se puede probar que Alfredo Sáenz fue quien decidió a sabiendas poner una querella falsa contra unos empresarios con el fin de cobrar la deuda "como fuera", un "como fuera" que incluye meterlos preventivamente en la cárcel, cuyo importe no alcanzaba el 0,15% del total de los morosos del banco? Eso parece que dice el Supremo.

Evidentemente no tiene ni pies ni cabeza, pero el Supremo se lo ha creído y toma la sorprendente decisión, además, de inhabilitar a Alfredo Sáenz para el ejercicio de banquero. ¿Tiene sentido, cuando los hechos fueron hace 17 años y, entre medias, Alfredo Sáenz ha escrito las mejores páginas de su historia profesional?

A Alfredo Sáenz y a Banesto les queda seguir adelante con la estrategia que en su día llevaron a cabo Alberto Cortina y Alberto Alcocer, recurrir en amparo ante el Tribunal Constitucional. Este recurso paralizaría la ejecución de la sentencia del Supremo y quién sabe cuál sería el resultado en el Constitucional. En el caso de "Los Albertos", el Constitucional les dio la razón en febrero de 2008 y revocó la sentencia del Supremo de marzo de 2003. Por tanto, lo más probable es que el final de la carrera de Alfredo Sáenz no tenga nada que ver con esta sentencia.

**Tendencias es una publicación on line de distribución restringida que edita Carlos Díaz Güell **

 

 

 

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