ANÁLISIS

China se cobra sus apoyos  

Sube el di­fe­ren­cial con el bono alemán y man­tiene a España bajo vi­gi­lancia

Acuerdos entre China y España
Acuerdos entre China y España

Los fun­cio­na­rios de Economía y Hacienda y los del Banco de España, en coor­di­na­ción con la Oficina Económica de pre­si­dencia del Gobierno, si­guen pre­pa­rando los do­cu­mentos para pedir una pró­rroga a Bruselas que nos per­mita se­guir sa­neando el sis­tema fi­nan­ciero. La can­tidad po­dría ser in­fe­rior a la pre­vista ini­cial­mente y quedar re­du­cida a 30.000 mi­llo­nes. Pero de no re­cibir au­to­ri­za­ción po­dríamos tener nuevos pro­ble­mas. La más clara evi­dencia es que CatalunyaCaixa haya te­nido que pedir una am­plia­ción de 1.000 mi­llones al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria para poder se­guir ade­lante con su reor­de­na­ción. Menos mal que según el se­cre­tario ge­neral de la AEB, Pedro Pablo Villasante, la banca es­pañola no tenía pro­ble­mas. Es com­pren­sible que Fernández Ordóñez pres­cin­diera de él. En esta si­tua­ción el apoyo chino será de gran uti­li­dad. Pero este apoyo tiene sus cos­tes. El pres­ti­gioso eco­no­mista fran­cés, con­sultor del Banco de Francia, Antoine Brunet, señala una serie de exi­gen­cias in­elu­di­bles para que China compre deuda cuando un es­tado está en di­fi­cul­ta­des. Y España las tiene.

Antoine Brunet, que conoce muy bien las condiciones como experto negociador de deuda con China, lo dice claramente. Cada vez que el país asiático da su apoyo se lo cobra. Sus contrapartidas no son siempre las mismas, pero con Europa, digamos con España, lo tienen claro. La primera condición que pone a los países a los que ayuda en el viejo continente es que no se pueden unir a las exigencias de Estados Unidos de pedir abiertamente la reevaluación del yuan.

La segunda exigencia no es menor. Los países que reciban su ayuda tienen que permitir la compra de activos estratégicos y de infraestructuras que a China  le resulten de interés, con independencia que se trate de puertos de mar o aeropuertos.

Al margen de estas exigencias, de las que el economista francés propone que sean informados todos los ciudadanos europeos, también se incluye que no se les denuncia en las instancias internacionales que regulan el comercio mundial.

Finalmente, aunque no sea la condición menos importante, impide que se le plantee públicamente reclamación alguna sobre la falta de respeto de los derechos humanos. Qué ausencia tan sonora la de Liu Xiaobo estos días en Madrid.

Volviendo a la realidad de cada día habrá que admitir que quizás no sean necesarios los 50.000 millones de euros inicialmente previstos. La cifra podría rebajarse a 30.000. Pero incluso con el apoyo chino, España sigue bajo vigilancia especial. Los mercados no descansan. Portugal parece avocado a pedir ayuda a los organismos internacionales. De ser así, las principales entidades financieras españolas que han comprado deuda portuguesa sufrirían otro contratiempo más en sus cuentas. 

Los responsables del departamento de deuda de las principales instituciones financieras del mundo lo tienen muy claro. China impone sus condiciones para  comprar deuda. Las reservas de las que dispone este país le dan una posición de dominio en todo el mundo.  

Podía leerse en los medios que se sienten más próximos al Ejecutivo la ausencia de rubor por la venta que algunos socialistas han querido hacer del apoyo chino a la emisión de deuda española.

Pero a pesar de ello el diferencial entre el bono español a diez años y el alemán del mismo plazo, la prima de riesgo soberana, ha subido el día de Reyes hasta los  258 puntos básicos.

El incremento ha estado condicionado por las próximas subastas de bonos a medio y largo plazo en varios países periféricos europeos. A ello se ha añadido una colocación inesperada para el miércoles 12 de enero de Portugal.

A pesar de que se ha conocido que China comprará 6.000 millones de deuda española, la rentabilidad del bono de referencia nacional ha tenido que subir mientras aumenta la confianza en la deuda alemana. La conclusión es decepcionante, pero la conclusión es que España, pese al precio impuesto por China, continúa bajo vigilancia.

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