GEOESTRATEGIA

Turquía, plataforma multidireccional de negocios

Ahmed Davutoglud
Ahmed Davutoglud

"Profundidad es­tra­té­gica" es el tí­tulo del libro que el hoy mi­nistro de Exteriores de Turquía, Ahmet Davutoglu, pu­blicó en 2001, reivin­di­cando la res­tau­ra­ción de al­gunas de las lí­neas de la po­lí­tica in­ter­na­cional del Imperio Otomano, sobre todo en re­la­ción con el mundo árabe; aunque eso sí, pur­gada de cual­quier pre­ten­sión he­ge­mó­nica o im­pe­rial. Lo que el Sr. Davutoglu reivin­dica está en la na­tu­ra­leza de las co­sas, pues pocos países se ha­llan asen­tados en un es­pacio tan rico en ac­tivos geo­po­lí­ticos de im­por­tancia mun­dial. Basta mirar un mapa para per­cibir el po­ten­cial de la ac­ción po­lí­tica y eco­nó­mica turca sobre Asia del Suroeste, el Cáucaso, Oriente Medio, el Mediterráneo orien­tal, Rusia, Europa Oriental y Norte de África. Turquía fun­ciona como una gi­gan­tesca pla­ta­forma of­f-s­hore ac­tuando eco­nó­mi­ca­mente sobre sus cuatro cua­drantes con gran for­tuna , y tra­tando de for­mular una po­lí­tica in­ter­na­cional acorde, con va­riable for­tuna .

Vistas así las cosas, es casi incomprensible que Turquía haya gastado más de treinta años de esfuerzos diplomáticos tratando de entrar en el Mercado Común primero, luego la CEE y hoy día la Unión Europea. La campaña para elecciones generales de junio próximo, que con pocas dudas reafirmará la hegemonía del partido del Desarrollo y Justicia del primer ministro Recep Tayib Erdogan, nos dará la oportunidad de apreciar la importancia que los electores turcos siguen concediendo a la cuestión de la integración en Europa. Un apoyo que ha descendido desde 73% del 2004 al 48% en 2009, y bajando, Trataré de justificar lo de la gran fortuna de la política económica y lo de la variable fortuna de su política internacional.

Con relación a Europa, Turquía ya tiene en sus manos, desde 1996, lo esencial: una unión aduanera, una ayuda económica creciente que este año la dejará 782 millones euros más rica, y 900 millones en 2012, y unas negociaciones que, aunque todo el mundo da por hecho que no conducirán a la integración en la Unión, le sirven como arma para arrinconar y neutralizar dentro de Turquía los poderes militar y judicial, contrarios a los principios democráticamente islamistas en que declara inspirarse el gobierno de Erdogan. Algo menos de la mitad de las exportaciones de Turquía se realizan a Europa, y sus hombres de negocios conocen el mundo empresarial europeo al dedillo. En contrapartida, Turquía es un imán para los negocios europeos. Su economía creció el 8,2% en 2010, cuando Europa yacía poco menos que postrada, y este año espera un crecimiento del 4,4%. La política de privatizaciones seguida por Ankara durante los años de Erdogan se acentuará a partir de ahora con la de la red eléctrica, un negocio de casi $11.000 millones. Actualmente está en juego el negocio inmediato de $4.000 millones para la construcción de 109 helicópteros, con un potencial final de 300 unidades, por un valor de $10.000 millones, que se disputan Agusta Westland de Italia y Sikorsky Aircraft de Estados Unidos. Empresas turcas construyen aeropuertos en Georgia y Macedonia...

Para Europa, sin embargo, el principal atractivo es la capacidad que Turquía tiene de introducirse en mercados duros de Oriente Medio. En enero de este año Erdogan acudió a una conferencia en Kuwait para recibir una medalla como Personalidad Destacada del Mundo Islámico, haciéndose acompañar por 360 hombres de negocios turcos, muchos de ellos en busca de una parte del pastel de $140.000 millones para un plan quinquenal de infraestructuras. Turquía ya goza de una posición muy fuerte en la exportación de alimentos y automoción en esta parte del mundo. Sus constructoras sólo ceden a China el primer puesto en el negocio de las infraestructuras de Oriente Medio. En diez años las exportaciones turcas a esa parte del mundo se han quintuplicado, hasta representar el 20 % de su total, mientras que las exportaciones a Europa están por debajo del 50% del total de hace unos años

Otra actividad multidireccional de Turquía se da en el terreno de la energía. El territorio turco es paso obligado del gas y el petróleo de Irán y Turkmenistán. Un acuerdo de 2007 prevé el paso de dos gasoductos para dar salida hacia Europa a 30.000 millones de metros cúbicos de gas. La Corporación Turca del Petróleo goza de licencia para extraer otros 14.000 millones de metros cúbicos del yacimiento iraní de Pars. En otra dimensión, Turquía sirve de tránsito a material y soldados que sostienen el esfuerzo de guerra de Afganistán.

Las relaciones con Rusia también tienen como "driver" esencial los negocios. En 2008 las constructoras turcas realizaron obras por $20.000 millones en aquel país. Aunque Turquía depende de Rusia para el 66% de su gas y el 25% de su petróleo, Ankara es competidor de Rusia en el control de los flujos de hidrocarburos desde Asia central y la región del Caspio. Rusia se opone a construcción de los oleo- y gasoductos Transcaspiano y Nabucco, por la obvia razón de que perdería los derechos de tránsito por sus otros proyectos de energía hacia Europa.

Este ascenso estelar turco en el espacio económico choca, sin embargo, con las estrechas paredes de su juego diplomático. Miembro de la OTAN, Turquía se ha poco menos que desolidarizado con la Alianza en la cuestión de Libia, y ahora se encuentra con que los rebeldes rechazan de plano sus intentos de mediación porque Erdogan no admite el principio de que Gadafi debe irse. Las excelentes relaciones que Ankara mantenía con Israel hasta hace dos o tres años se han hecho añicos al tiempo que aumentaba el acercamiento de Ánkara al movimiento palestino Hamas. Los capotes diplomáticos que Turquía ha echado a Irán por la cuestión del desarrollo de armamento nuclear de este país no han rendido fruto alguno y le han alejado de Estados Unidos. La notable mejora de las relaciones con Siria de los dos o tres últimos años (acuerdos de comercio, supresión de visados, etc.), y que se esperaba contribuyera a abrir el régimen de este país, queda comprometida por la brutal represión del movimiento liberalizador realizada por Bashar al Assad.

Hoy día potencia económica dominante de Oriente Medio, Turquía necesita crecer aún mucho más para que su peso político y hasta militar se haga sentir en términos de potencia geopolítica en esa parte del mundo. Ese es su espacio natural. Ese fue su destino un día.

Antonio Sánchez-Gijón es analista internacional

 

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