La prima de riesgo envía un toque de atención a Rajoy  

Los in­ver­sores agu­dizan su des­con­fianza en las pre­vi­siones de Montoro tras la pu­bli­ca­ción de las pre­vi­siones de Bruselas

Los in­ver­sores tienen claro que tras las pre­vi­siones del Ejecutivo co­mu­ni­tario sobre la evo­lu­ción de la Economía es­pañola y la úl­timas es­ti­ma­ciones he­chas pú­blicas por el propio Gobierno es­pañol sobre la des­via­ción del dé­fi­cit, España no puede cum­plir los com­pro­misos al­can­zados con Bruselas en ma­teria de ajuste pre­su­pues­ta­rio. De ahí la des­con­fianza cre­ciente en España de los mer­cados puesta de ma­ni­fiesto con la ten­sión en la prima de riesgo. Ninguno de los ele­mentos clave de la eco­nomía se va a cum­plir ni este ni el año pró­ximo.

Lo malo que es tampoco hay la menor garantía de que se pueda cumplir con ninguno de los grandes objetivos en el 2014. Las cifras de los déficits autonómicos tampoco casan. Al Gobierno se le han relevado hasta las comunidades de su propio partido. De ahí que los inversores estén de los nervios. La prima de riesgo ha estado evolucionando incluso durante la madrugada tras el cierre del mercado americano, momento en el que suele tranquilizarse la cotización.  

La prima, que se ha convertido en el termómetro de la confianza en un país,  está de nuevo en una situación crítica, pese a que el Gobierno quiera lanzar mensajes de que ya no nos hace falta dinero para este año. Al margen de la imposibilidad de las empresas de financiarse en las condiciones actuales, ¿qué hacemos el año que viene para el que solo nos quedan mes y medio? Porque Mario Draghi no ha podido ser más claro a la demanda de Rajoy de que se le garantice desde el Banco Central Europeo que si pide el rescate a España, se fijen unos 200 puntos máximos de diferencia con el bono alemán.

Es la primera vez que Draghi deja claro que no va a establecer este límite a partir del cual el BCE actuará automáticamente para rebajar las tensiones de financiación. El presidente de la entidad emisora europea no ha querido someterse a las presiones de Mariano Rajoy para que le fije este diferencial. Al menos hasta que España no se siga saltando una serie de límites en el gasto de la administración central y sobre todo desde la autonómica. Por supuesto introduciendo controles a la ligereza con la que se han realizado Expedientes de Regulación de Empleo. El caso del último ERE aplicado en Radio Televisión Española bajo la dirección de la exvicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega no logran entenderlo en Bruselas.

Una empresa de la que el Estado tenía que asumir pérdidas por valor de más de 6.000 millones de euros y despedía a los empleados a partir de los 52 años con casi la totalidad del conjunto de sus ingresos hasta la época de la jubilación no cabe en los esquemas de una sociedad en crisis. Lo que les lleva a concluir que España, la que depende de los presupuestos generales del Estado supone un desafío constante a las más elementales reglas de la prudencia en la gestión económica. La España oficial ha asumido unos compromisos de pago que ahora no se pueden sufragar, y que no se hubieran podido asumir ni en los momentos en los que la actividad del ladrillo estaba en su momento álgido.

Ahora la diferencia que va desde los casi 450 puntos alrededor de los que evolucionaba esta madrugada en el mercado secundario y los 200 puntos básicos que estima el consenso de economistas que se justifica por las diferencias reales con la economía alemana hay un abismo. En parte se debe a la penalización que recibe España por su falta de realismo en las previsiones y por la presión a la que someten los propios inversores para que España pida el rescate y puedan así ver garantizada su inversión.

Resultan más que comprensivos los argumentos que dan los inversores extranjeros a la hora de mostrar su desconfianza con la inversión que ponen en España. El Gobierno tiene que hace más deberes de control del gasto. Si el bien es progresivo, el mal también lo es. La confianza en España no puede mejorar de forma espontánea. Las cosas no se enderezan porque sí. Y nada hace aventurar que en el control del gasto, el año que viene estemos mejor que hoy.

 

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