Repsol Y (la) P...(érfida) F(ilial)

Si el jus­ti­precio es pa­sa­ble, la ex­pro­pia­ción sería lo mejor que le puede ocu­rrir a la pe­tro­lera es­pañola

YPF
YPF

En el año 1999, Alfonso Cortina, in­ves­tido pre­si­dente de Repsol por la gracia del en­tonces pre­si­dente del Gobierno José María Aznar, de­cidió ad­quirir al Gobierno ar­gen­tino la ma­yoría de las ac­ciones de Yacimientos Petroleros Fiscales (YPF) a un precio que el en­tonces pre­si­dente de Argentina, Carlos Menem, no tardó ni un se­gundo en acep­tar. En aque­llos mo­men­tos, el des­apa­re­cido Néstor Kirchner, ca­sado con Cristina Fernández de Kirchner, hoy pre­si­denta de Argentina tras su­ceder a su propio ma­rido en 2007, era el go­ber­nador de la pro­vincia de Santa Cruz, una de las más ricas en­tonces en ya­ci­mientos de crudo y gas y la que más se oponía a la venta. Repsol hubo de su­perar su re­sis­tencia me­diante el de­pó­sito en una cuenta de Suiza de 500 mi­llones de dó­la­res, pre­sun­ta­mente con des­tino a en­gran­decer las ra­quí­ticas arcas pro­vin­cia­les.

La existencia de ese acuerdo fue revelada en Madrid por el propio Kirchner en una de sus escasas visitas, curiosamente en una rueda de prensa en la que altos directivos de Repsol se quedaron de piedra al escuchar tan tremendo "lapsus". Pocas personas se dieron cuenta de aquella revelación pero una de ellas no pudo contenerse y comentar: "Mejor se habrían quedado con ella. No vale lo que se pagó y menos sus malditas reservas, inexistentes o de mala calidad". Tanto es así que Antonio Brufau, actual presidente de Repsol, tuvo que hacer una pública declaración, poco después de llegar a la presidencia en 2004, corrigiendo las reservas declaradas, en gran medida por imposición de los auditores internos y de enrevesadas obligaciones legales impuestas por la legislación norteamericana, teniendo en cuenta que Repsol-YPF cotiza en la Bolsa de Nueva York.

Y es que en Repsol, al menos un amplio elenco de sus directivos más brillantes, nunca se quiso comprar YPF. Fue, cuentan, una imposición que venía de la etapa de Felipe González en la Moncloa, una especie de promesa de asistencia económica a una Argentina que en aquel momento estaba tan depauperada económicamente como hoy lo puede estar España y en breve lo estará Argentina. Cosas de los ciclos económicos pero que en Repsol, una empresa muy bien gestionada en casi todas sus épocas, preocupaban muy poco. Lo cierto era que Cortina cedió entusiastamente a las presiones del sucesor de González, un tal José María Aznar, y se embarcó en una costosísima labor de racionalización de las cuentas, reservas y finanzas de la nueva filial argentina. Mejor dicho de la resultante, bautizada internamente desde el inicio de la adquisición como Repsol Y la P... Filial. (La P de enmedio se la pueden imaginar, aunque podríamos dejar el adjetivo, de forma muy benévola, en la Pérfida Filial.)

Ha costado muchos años y muchos millones (miles de millones) sanear YPF y ha habido que superar varios calvarios domésticos e internacionales para llevarla a donde ahora se encuentra. Y habría que disponer de información privilegiada para saber si YPF ha aportado grandes beneficios a los accionistas de Repsol y para determinar si todo ese esfuerzo inversor no habría dado mayores ganancias si se hubiese empleado en otros objetivos o adquisiciones, sobre todo de reservas, como se ha estado haciendo en los últimos años. Pero a lo hecho, pecho. Y ahí está YPF, que pese a no haber perdido sus señas de identidad argentins (Repsol nunca abanderó sus puntos de venta ni cambió el nombre dentro del pais austral), allí se le identifica, injustamente por supuesto, con los desalmados y esquilmadores conquistadores españoles.

No vamos a entrar en la disputa de los precios políticos que Repsol ha tenido que sufrir en los 22 años de presencia en Argentina. Ni en las tarifas autorizadas y subvencionadas ni en sus pésimas (de calidad) reservas de crudo escasamente explotadas (según los argentinos), ni siquiera en saber si la matriz Repsol ha amortizado la totalidad del fondo de comercio derivado de la compra, a la que, se me olvidaba, se oponía todo el equipo anterior a Cortina en Repsol, y muchos de los que quedaron. 

La cuestión, ahora, es otra. La expropiación de YPF podría ser, de hecho, una buena noticia para los accionistas de Repsol si el Gobierno argentino cumple la ley -la suya y la internacional-y paga un justiprecio apropiado. Un dividendo extraordinario, por la venta de YPF, es el tónico que mejor podría sentar a los sufridos accionistas de Repsol. Tan es así que hasta dan ganas de comenzar a comprar acciones en grandes cantidades de la petrolera española.

 

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