Al Gobierno el 'asunto Bankia' se le va de las manos

Intereses no tan ocultos buscan una en­tidad -o sus res­tos- a bajo precio

El fin de se­mana previo a la "intervención" de Bankia, los pa­sados 5 y 6 de mayo, Luis De Guindos, mi­nistro de Economía de un cada día más in­do­lente Gobierno de Mariano Rajoy, reunía a los pre­si­dentes de los bancos Santander, BBVA y Caixabank, junto al en­tonces pre­si­dente de Bankia, Rodrigo Rato, y les hacía par­tí­cipes de la ne­ce­sidad de bregar de in­me­diato con el toro Bankia, en aque­llos mo­mentos so­me­tido a una serie de ru­mores y pre­siones con­ve­nien­te­mente ade­re­zados por la com­pe­tencia y el propio ga­bi­nete de in­to­xi­ca­ción del mi­nistro a raiz de un in­forme re­ser­vado del FMI sobre la si­tiua­ción de la banca es­pañola en ge­neral y de al­gunas en­ti­dades en par­ti­cu­lar. En aquel en­cuen­tro, que no fue el único en ce­le­brarse en el plazo de 48 aho­ras, y sin aun haber ti­rado la toa­lla, el ex vi­ce­pre­si­dente del Gobierno de José María Aznar ad­virtió de los riesgos de lo que aún con­si­de­raba "evitable": la in­ter­ven­ción o na­cio­na­li­za­ción de Bankia. Para Rato, en este caso, el re­medio podía ser peor que la en­fer­me­dad.

Una columna de opinión firmada por un analista importante, muy próximo a estas conversaciones desesperadas y escrito bajo el seudónimo de Javier Molins en estas mismas páginas, destacaba ese día las tres opciones que se barajan en aquellas horas previas a la dimisión de Rato. Se las reproducimos:

"a) ¡Hay que nacionalizar Bankia!. ¿Para qué?. No lo pide el sistema, ni la economía. Lo piden otros bancos, especialmente BBVA, que serían, sólo a corto plazo, sus posibles beneficiarios. Sin olvidar que una medida de esas características impulsaría al alza al bono español. La nacionalización no solucionaría el problema de capital en el sistema sino que obligaría a Mariano Rajoy a asumir todo el esfuerzo de recapitalizacion y dotación con un coste mucho más elevado para las maltrechas arcas del Estado. Pero, además, los mercados y las agencias de calificación no se conformarían con haber adoptado una medida así con una entidad. En el momento en que la deuda de la entidad estuviera garantizada por el Estado empezaría a aumentar la presión sobre el diferencial de la prima española obligando a la Administración a que reaccionara igual con el resto de las entidades con activos inmobiliarios tóxicos. Porque, a similar cobertura, ¿qué mejor aval que el ofrecido por un Estado?. Es decir, más coste para España.

b) ¡Hay que trocear Bankia!. En ese caso, lo normal sería una subasta posterior de activos que exigiría algún tipo de esquema de protección. Si tenemos en cuenta que el Fondo de Garantía de Depósitos está exhausto y que antes tendría que pagar al menos las operaciones de Unim y Banco de Valencia, el esfuerzo enorme de fondos para asumir posibles pérdidas tendría que venir directamente del Gobierno. Más déficit, más presión y más viaje a Bruselas para pedir árnica. Una Bruselas, por cierto, que todavía no le ha aprobado al Sabadell ni a BBVA sus fusiones con CAM y Unim, respectivamente.

El descuartizamiento propuesto por FG, además, no frenará el desapalancamiento de las entidades, al contrario lo aumentará. Los españoles no veremos un crédito, siquiera solvente, en mucho tiempo al no haberse inyectado capital en el sistema.

c) ¡Hay que dejar caer Bankia!. No es mala idea si no fuera por que el resto de entidades suman el 70% del problema inmobiliario que quedaría sin arreglar. No es mala idea si no fuera porque una entidad con un 10´6% de core capital que está entre las más diez más solventes de Europa le crearía un problema de reputación al país. No es mala idea si no fuera una cotizada con el 58% de su capital en Bolsa, del cual un 10% pertenece a inversores extranjeros. No es mala idea si estuvieran en juego los depósitos de sus clientes o hubiera habido una estafa descomunal. No es mala idea si la credibilidad del Gobierno, Banco de España e, incluso, CNMV, no se fueran al garete al haber aprobado hace un mes un duro plan de capitalización a través del Real Decreto de Guindos, sin mayores salvedades." (fin de cita)

Con los presidentes de los tres grandes bancos españoles sin expresar una opción única de cómo abordar el problema -salvo el del BBVA, Francisco González, que optó por el troceo de Bankia en el no oculto deseo de que le cayera la "migaja" de la red madrileña de Bankia, con la que reforzar su maltrecha arma comercial en la Comunidad de Madrid-, el Gobierno de Mariano Rajoy, impulsado por un beligerante Luis de Guindos, optó abiertamente por la nacionalización, sin enconmienda alguna ni a la Virgen ni a los Santos Inocentes. Hoy se están pagando, de momento, los platos rotos de aquella opción, y a un coste excesivamente elevado.

Tenía razón Rodrigo Rato en los argumentos que expresó en aquella reunión. La nacionalización era una opción mala, al margen de la que fuera la situación real del resultado de la fusión entre una depauperada Caja Madrid (Dios mío, en qué país del Caribe estará Miguel Blesa) y una quebrada Bancaja, de cuya responsabilidad no puede eximirse ni a Rato ni al líder popular que la promovió por razones políticas (el evitar su quiebra antes de las elecciones, en una comunidad como la valenciana, sometida al escándalo Camps y de mayoría elctoral del PP). El ex gerente del FMI abogó por soluciones menos traumáticas y sin levantar sospechas púbicas sobre la situación patrimonial de Bankia, cuya responsabilidad no podía considerarse suya.

Pero con Bankia estaba ocurriendo algo parecido a lo que le ha sucedido a Repsol en Argentina, en los meses previos a la nacionalización en abril de YPF por el Gobierno populista de Cristina de Kirchner. Interesaba hundir la cotización en Bolsa, airear sus males internos, fueran reales o imaginarios, no solo para justificar la intervención estatal sino, sobre todo, para poder comprar luego con el precio a la baja. 

Las consecuencias son evidentes. Bankia contuvo en la jornada del jueves un desplome de casi un 30% en Bolsa, acumulando 10 días de caídas, en los que ha permido más de un 70% de su cotización. La acción coordinada del ministerio de Economía y de los nuevos responsables de Bankia, insistiendo en que el banco es solvente y que los clientes no deben temer por sus ahorros, detuvo el desplome y al cierre la caída se había moderado hasta el 14%. Pero en pocos días desde la intervención de han perdido ya prácticamente 1.000 millones de su capitalización. Pero era mello cuando era pello, como se dice en Italia. La caída seguro que continuará en los próximos días, porque así interesa a su presunto tapado comprador, el BBVA de Francisco González. sin duda, el ex broker bursátil que, curiosamente, le ha ganado el pulso ante Mariano Rajoy a su antiguo mentor, el vicepresidente económico del Gobierno que le colocó en la presidencia del entonces primer banco español.

Pero, cuidado. Es previsible que si continúa la campaña, el herido puede convertirse en un cadáver. El banco que preside ahora un atribulado José ignacio Goirigolzarri -no es la mejor faceta del bilbaino la comunicación en directo- tuvo que emitir este jueves un comunicado en el que aseguraba a los clientes que los depósitos no estaban en riesgo. También el Gobierno, en voz del secretario de Economía, Fernando Jiménez Latorre, defendió la solvencia de la entidad negando una fuga de depósitos. Acciones extremas que no van a conseguir ni ocultar la realidad (la fuga de depósitos es evidente e innegable) ni evitar lo que ya advirtió Rato. El remedio va a ser peor que la enfermedad. Como así está ocurriendo.

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