Lisboa se ne­gará a mo­di­ficar lo fir­mado con la troika FMI/BCE/UE pero el Gobierno se pre­para para lo peor

Portugal mira con lupa las condiciones del rescate español y teme una renegociación del suyo

La eco­nomía lusa entra en re­ce­sión y se hun­diría aún más si se ma­te­ria­liza la in­ter­ven­ción co­mu­ni­taria en España

Mariano Rajoy y Cavaco Silva
Mariano Rajoy y Cavaco Silva

Al margen de lo que pueda pasar en Grecia y de la in­cer­ti­dumbre que pesa sobre el fu­turo del Euro, de mo­mento lo que más preo­cupa a los por­tu­gueses es la si­tua­ción en España. Tras el anuncio de la ayuda eu­ropea de 100.000 mi­llones de euros a la banca es­pañola, todos los co­men­ta­rios van en la misma di­rec­ción: lo peor que po­dría pasar a Portugal, que lleva un año in­ter­ve­nido por la "troika" FMI/BCE/UE, con un plan de res­cate de 78.000 mi­llones de euros y drás­ticas me­didas de aus­te­ridad -y ahora tam­bién con la eco­nomía en re­ce­sión-, es que España tu­viera que su­frir la misma pe­sa­di­lla. Y no se trata solo de una even­tual ma­ni­fes­ta­ción de sim­patía hacia el pueblo es­pañol. Lo que teme es que tras haber vi­vido casi nueve si­glos en con­flicto o de es­paldas a España, donde solo lle­gaban "malos vientos y malos ma­tri­mo­nios", el alto grado de in­te­gra­ción eco­nó­mica lu­so-es­pañola pro­voca que tanto todo lo bueno como todo lo malo que le su­ceda a la eco­nomía es­pañola re­per­cuta del mismo modo en la eco­nomía por­tu­guesa.

Eso fue lo que el presidente de la Republica Aníbal Cavaco Silva ha subrayado al manifestar que la crisis de la banca española tendrá efectos en Portugal y provocará "problemas adicionales" a la economía lusa. Aunque la política oficial consiste en "hablar lo menos posible" de los problemas de España, el primer ministro Passos Coelho tampoco esconde su preocupación, que no tiene nada que ver con el peso de la banca española en Portugal: Santander Totta, BBVA y Banco Popular controlan en torno al 15% del sector financiero luso, un 13,5% del crédito y un 10,3% de los depósitos (45.500 y 23.900 millones de euros, respectivamente), pero nadie cuestiona su solvencia, lo mismo que sucede con 'la Caixa', que posee el 39,5% del tercer banco privado luso, BPI.

La participación de la banca portuguesa España tampoco es un factor de preocupación. El que tiene mayor peso es el banco público Caixa Geral de Depósitos (CGD), que opera en España a través Banco Caixa Geral (BCG), cuya red de 209 oficinas cubre prácticamente toda la geografía española. Así, pese a que el BCG no es precisamente una máquina de ganar dinero (de hecho, en 2011 registró pérdidas por 90 millones de euros, y en el primer trimestre 2012 ya presentaba otro resultado negativo de 50 millones), su solvencia estaría garantizada. En todo o caso, BCG  gestiona un volumen de activos que no supera los 6.000 millones de euros, lo que representa menos de 5% del grupo consolidado, y los responsables de la mayor institución financiera lusa descartan que la filial española necesite recurrir al plan de rescate financiero europeo.     

Hace poco, la CGD manifestó la intención de desprenderse de BCG. Pero ante la dificultad de encontrar un buen comprador, lo que plantea ahora para la filial española es una fusión, que en la coyuntura actual tampoco se anuncia fácil. La alternativa que queda es quedarse con la entidad, a la que atribuye una importancia estratégica de apoyo a los centenares de empresas portuguesas que operan en España. Con el Banco Espirito Santo (BES), pasa más de lo mismo, ya que su red española de 25 oficinas, esta también al servicio de las empresas lusas. El tercer actor financiero portugués en España es Banif: controla el 30% de Banco Pueyo (90 oficinas, 1.000 millones de activos), que no presenta problemas de solvencia.

Lo que si preocupa los dirigentes lusos, en relación con la "gripe financiera española", es la exposición de la banca nacional al "riesgo" creciente de la deuda pública española: según datos del Banco Internacional de Pagos (BIP), a finales de 2011 no pasaba de los 17.900 millones de euros, pero en términos relativos representaba mas del 10% del PIB nacional. Así, aunque su exposición a la deuda española no tenga comparación posible con la de la banca alemana, gala y británica (113.000, 92.000 y 69.000 millones, respectivamente), lo cierto es que la frágil banca portuguesa figura en términos globales entre las diez más expuestas al "riesgo español".

Pero, más que la mala salud de la banca española y los riesgos de contagio, en una coyuntura muy delicada para la banca lusa (pese a no haber tenido aun que sufrir el estallido de la "bolla inmobiliaria", el BCP y el BPI principalmente deberán ponerse bajo la "tutela" del Estado para solventar sus problemas de capitalización), lo que de verdad pone los pelos de punta a los dirigentes portugueses es la perspectiva de la intervención de la "troika" en España, con un plan de rescate de hasta 500.000 millones de euros (400.000 millones para financiar la deuda y el déficit, y otros 100.000 millones para la banca), que además de poner en riesgo el futuro de la zona euro, solo podría agravar los problemas que sufren ambas economías ibéricas.

Por lo tanto, en lo que coinciden los políticos, los empresarios y los economistas lusos es que una economía en recesión, como la portuguesa, no tiene nada que ganar, sino todo que perder con la aplicación a España de la misma cura drástica de austeridad aplicada en Grecia y en Portugal. "Mas austeridad significaría menos inversión y menos consumo en un país que absorbe la cuarta parte de nuestras exportaciones y que constituye también la principal fuente de ingresos del sector turístico nacional". Además, es en el mercado español donde las grandes empresas cotizadas lusas realizan como media más del 16% de sus ingresos, especialmente las eléctricas EdP (38,3%) y EdP renovables (34,5%), la petrolera Galp (28,6%) y Cimpor (11%).

Efectos positivos

Sin embargo, también hay quien vislumbra consecuencias positivas de la eventual intervención de la "troika" en España: la idea general de que el FMI, el BCE y la UE aplicaría probablemente a España unas condiciones menos gravosas que aquellas aplicadas a Grecia y a Portugal, cuyos responsables tendrían por lo tanto nuevos argumentos para reclamar una "renegociación" de los acuerdos firmados con la "troika". El tema ya salió a flote en relación con el plan de rescate de la banca española: aunque sea muy distinto de los planes de rescate griego y portugués, enfocados principalmente en la financiación de la deuda y del déficit y en las reformas estructurales, con las inevitables medidas drásticas de austeridad, los dirigentes portugueses advierten que "mirarán con lupa" las condiciones aplicadas a España, que solo serán conocidas el 21 de Junio (reunión del Eurogrupo) y el 28/29 de Junio (Cumbre europea).

Hasta ahora, todas las declaraciones oficiales del gobierno conservador dirigido por Passos Coelho, iban en la dirección opuesta: pese a las fuertes presiones de los socialistas, de los comunistas, de los sindicatos y de la opinión pública, insistía en que lo único que Portugal tenía que hacer era aplicar a raja tabla lo firmado con la "troika". Por lo tanto, descartaba reclamar una "renegociación" de las condiciones del plan de rescate (tipos de interés, plazos de pago, recortes del gasto público, aumentos de impuestos y las reformas estructurales del mercado de trabajo, de la administración pública, del sector energético, de la banca, etc.), y sobre todo una eventual ampliación del préstamo de 78.000 millones de euros que para muchos expertos será probablemente insuficiente para financiar la deuda, el déficit y el sector financiero.

"Defender la buena imagen de Portugal", es la gran preocupación de Passos Coelho, que al contrario que Mariano Rajoy no hizo todavía ningún movimiento de acercamiento a las tesis del nuevo presidente galo François Hollande y solo entiende las razones de la canciller alemana, Ángela Merkel sobre control del gasto público, reformas estructurales y rechazo a los "eurobonos" y de nuevas medidas de relanzamiento de la economía. Es decir, para el Primer Ministro luso, la clave está en situar a Portugal como el "bueno alumno" de la UE.  Aunque ello implique un cierto distanciamiento con Madrid y Paris. A la espera, quizás, de que al final sea la "troika" quien tome la iniciativa de mejorar las condiciones del plan de rescate de Portugal y de Grecia, lo que solo podría ocurrir cuando sea llamada a intervenir en España. 

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