EN LA AUDIENCIA NACIONAL

Miguel Blesa y Matías Amat, los grandes ausentes de la querella de UPyD

Ni son todos los que están ni están todos los que son

Rodrigo Rato
Rodrigo Rato

Sin quitar un ápice de valor a la opor­tuna ini­cia­tiva de Rosa Díez y Luis de Velasco -los miem­bros de UPyD que más han ba­ta­llado por pu­bli­citar y exigir res­pon­sa­bi­li­dades en la crisis de Bankia, tras el cla­mo­roso si­lencio de todos los par­ti­dos-, hay que con­si­derar de en­trada que la que­rella pre­sen­tada y ad­mi­tida por la Audencia Nacional contra los 33 miem­bros del con­sejo del BFA y Bankia, in­clu­yendo a Rodrigo Rato, José Luis Oliva y Ángel Acebes, tiene más sig­ni­fi­cado po­lí­tico que pe­nal, aunque ya se sabe que una vez abierto el me­lón... Pero así, de en­trada, hay que re­cor­darle a la pa­reja po­lí­tica -y al resto del país- que aunque sean 33 los po­lí­ticos y ban­ca­rios impu­tados que ni son todos lo que están ni están todos los que son.

Y, además, algunas ausencias son vergonzosas, como las de Miguel Blesa y Matías Amat, los auténticos gestores de la etapa en la que se generaron los "agujeros" descubiertos por el tandem formado por José Ignacio Goirigolzarri y Pepe Sevilla, que dicho sea de paso llevaba casi un mes en Bankia antes de que llegara el bilbaino de Plentzia.

De momento, habrá que dar un margen al sentido común y a la paciencia. El caso Bankia y su descalabro financiero es tan complejo y extenso que ni toda las salas, técnicos y expertos de la Audiencia Nacional podrán ni solos ni acompañados ponerlo en orden en varios años. Como en el caso Banesto, cuyas responsabilidaes por mala praxis han quedado archivadas recientemente tras el desestimiento de la acción social de responsabilidad por parte de los actuales gestores después de casi 22 años, lo más lógico sería abrir piezas separadas de los supuestos casos irregulares detectados y reducir a lo más fácil de probar los hechos a investigar. Con toda seguridad, los responsables de las supuestas irregularidades, si existen y sus actuaciones son constituyentes de delito, serán los mismos. Pero habrá que afinar mucho para que unos pocos no paguen por todos. Aquí se han beneficiado muchos -casi todos políticos- de las desverguenzas de Bankia, desde el PP hasta el PSOE pasando por Izquierda Unida, UGT y CC.OO. Incluso algunos que ya están jubilados, por cierto muy bien jubilados. Y hasta los miles de recepetores de tarjetas de créditos y préstamos "gratis total" de las asambleas de las cajas.

Pero hablar de Rato, Olivas y Acebes, amen de treinta más, como los responsbales únicos del desaguisado de Bankia es como para tomar un avión a otro planeta y no regresar jamás a este país. En Bankia -mejor dicho, en Caja Madrid y Bancaja, pero no sólo en ellas- ha habido más de diez años de gestión alegre y sin control y, de hacer caso a algunas fuentes internas- probablmente fraudulenta. Para muchos, precisamente el gran error de Rodrigo Rato -como el de Richard Nixon en el Watergate- ha sido no tirar de la manta a su llegada y complicarse en un silencio cómplice que le ha llevado precisamente a donde ahora se encuentra.

Bien es cierto que -que no lo dude nadie- ha sido objeto de una vendetta política desde dentro de su propio partido sin que, de momento, esté claro ni el por qué ni el para qué. Sobre tdo ante la evidencia de los efectos causados en la situación en que se encuentra el país y a los clientes y depositantes de Bankia que pueden llevarse por delante algo más que al ex vicepresidente del Gobierno de José María Aznar. Y, si no, que se lo pregunten a Viñals, que podría expliquar quién del Gobierno reclamó que se incluyera el párrafo anónimo sobre la supuesta existencia de un gran agujero en un banco. El ex funcionario del Banco de España, inmerso en el informe del FMI que destapó el frasco de las malas esencias, anda explicando por Madrid a quien le quiera oir que no fue iniciativa suya sino de alguien con muy alta responsabilidad en el Gobierno de Mariano Rajoy. Algo parecido podría decir el auditor que un año antes no ponía ninguna pega a nada y meses después todo el parecía mal.

 La querella, de entrada, está centrada en la salida a Bolsa y la emisión de preferentes por parte del equipo de Rodrigo Rato. Sí, es cierto, dos situaciones que, a toro pasado, podría decirse que nunca debieron plantearse. Como en muchas otras entidades del país, que han tenido que asumir, al menos parcialmente, las pérdidas generadas a sus clientes con activos muy parecidos. Pero cuando ambas emisiones de produjereon estaba por encima un Banco de España y una CNMV que guardaron silencio o se limitaron, como es el caso del regulador bursátil (lo del BdE es una desverguenza), a sembrar de letra pequeña las dos emisiones. Habrá que recordar que cuando aquello ocurrió, en Moncloa estaba sentado un tal Rodríguez Zapatero, en el Banco de España un tal Miguel Ángel Fernández Ordoñez (socialista de carnet para más señas) y en la CNMV otro socialista con pasado comunista. Había que superar el listón de las elecciones legislativas del 20-N y aquí, nadie, ni siquiera el PP, quería ruidos.

Al margen de cual vaya a ser la defensa de Rato (la acción de Bankia solo se hundió, más allá de la Bolsa en general, después de la intervención), no sería de recibo que los querellantes de UPyD ni los instructores de la Audiencia Nacional limiten el campo de investigaciones. Podrían comenzar por enviar una comisión rogatoria a Miami, por ejemplo, o que analicen uno a uno los créditos fallidos de la época Blesa-Amat -especialmente, a promotores amigos y de dudosa solvencia- y las adquisiciones de suelo por parte de Bancaja. Van a encontrar diamantes en bruto. Eso sí, pagados con escandalosos sobreprecios. Mucho más incluso que las indemnizaciones y/o prejubilaciones aún no devueltas ni reclamadas, como las del ex director general de Cajamadrid, Matías Amat. Nada más que 4,6 millones de euros. Y además devengadas y cobradas en la etapa de Rato. Fue, además de colaborador necesario en la era de Blesa, el hombre clave en la transición de poder a Rato. Fue el directivo, además, que más dinero se llevó en concepto de finiquito de todos ellos.

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